La lengua española y el encuentro de dos mundos.

Sábado 23 de abril de 2016, por Julio César Guasca




Hoy se conmemora el día del idioma español, lengua que nos fue traída con la llegada de los primeros exploradores europeos al mando del italiano Cristóbal Colón en 1492, desde ese preciso instante se forjó el encuentro de dos culturas, de dos maneras distintas de ver el mundo. Los europeos tenían una visión basada en la influencia de muchos pueblos, desde el mismo imperio romano hasta los árabes que habitaron el sur de la península ibérica durante más de ocho siglos.

Aquellos españoles establecieron desde ese momento su sistema cultural en estás ricas tierras, en las cuales muchos pueblos indígenas habían predominado y alcanzado un notable desarrollo. El lenguaje de ellos se asociaba al culto por la tierra y por la naturaleza, la cual concebían como a una madre dadora de vida. Así que la lengua española se convierte en la principal forma de contacto entre las culturas americana y europea, por medio de ésta se intentó interpretar el mundo de nuestros antepasados indígenas.

Pero más allá de las tramas históricas, lo que debemos saber es que el idioma español se establece aquí, en nuestra América, producto del afán de algunos hombres en descubrir las maravillas escondidas que estaban en el planeta, esas que efectivamente vinieron a encontrar en 1492. Aquellos temerarios hombres se lanzaron en una aventura que no tuvo el fin esperado, pero que sin embargo les diera una gran sorpresa; la de hallar un nuevo continente, uno que daba vida a miles de pueblos indígenas a lo largo y ancho de su geografía.

Es probable que Miguel de Cervantes escribiera su Quijote basado en la tradición aventurera de esos caballeros españoles, tal vez, aquel idílico amor del Quijote que era la bella Dulcinea, aquella por la cual emprendió su búsqueda, tal vez fuese comparable con el amor que tenían estos aventureros al descubrir nuevos retos, nuevas riquezas, tal vez, los conquistadores españoles eran los quijotes y sanchos que se encaminaron a recorrer el mundo en su afán de hallar nuevas rutas, nuevas gentes y nuevos saberes. América fue la Dulcinea de estos caballeros, América respondió a esa necesidad de aquellos quijotes que iban por la vida y por el mundo buscando a su idílica mujer. En ese sentido la lengua española se convirtió en el lenguaje del amor, de los desengaños, de los odios, y en la actualidad de la esperanza.

La lengua española se posicionó como una de las principales formas de entender aquel místico mundo hecho por los aztecas, mayas, incas y nuestros indígenas chibchas. Así como el castellano es el influjo de saberes y lenguajes de otros pueblos, también supo adaptar y adaptarse a los otros lenguajes nativos, incluso apropió muchos verbos y palabras autóctonas de estas diversas comunidades a su propia gramática y oralidad, tratando de conservar aquella memoria de la que también estamos hechos: la indígena.

América y España se unieron para trazar un camino juntos, y por lo tanto nuestro idioma se convierte en una de las maneras de entender esa unión histórica. Esta conmemoración nos debe invitar a rescatar nuestro pintoresco y loco quijote, ese que nos permita aventurarnos a descubrir, o mejor a encontrar a nuestra dulcinea, esa que tal vez no es más que el saber y el conocimiento que se esconde tras las letras, las fantasías y los mundos soñados que nos ofrecen la diversidad de emblemáticas obras literarias propias de nuestro complejo idioma español, esas que han sido compuestas por nuestros valerosos escritores, así como alguna vez lo hiciese Miguel de Cervantes con su Ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha. Ojalá salgan muchos escritores de ésta generación de jóvenes, el país necesita más Cervantes, Gabos, Borges y Cortazares, escritores que nos inviten a soñar, que nos cautiven con sus letras, pero que ante todo propicien la reflexión y el cambio que nuestra sociedad necesita.

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