¡Que vivan los estudiantes!

Viernes 11 de enero de 2019, por Mario Guerrero




Los acuerdos logrados por la movilización estudiantil frente al gobierno nacional crean un hito de la protesta social en Colombia y marcan derroteros posibles para el trámite de los conflictos sociales no violentos en nuestro país.

Foto tomada de: https://www.colciencias.gov.co/sala_de_prensa/como-resultado-del-dialogo-logramos-un-acuerdo-que-fortalece-y-define-una-ruta-para

Una foto del 14 de diciembre de 2018, al momento de la firma del acuerdo entre los representantes del gobierno nacional y los representantes de la movilización estudiantil´, lo dice todo: El presidente de turno se inclina para firmar el documento de acuerdo rodeado de personas vestidas formalmente que tienen las manos atrás de su espalda o tomadas de frente en gesto solemne de un acto oficial, pero resalta la actitud de dos estudiantes, su falta de beneplácito, uno de ellos con las manos en los bolsillos y el otro escéptico, con los brazos cruzados, los dos vigilantes de la firma, sin triunfalismos y sin posar para la ocasión.

La foto nos habla de lo que ha sido el proceso de negociación entre el movimiento estudiantil y el gobierno: los estudiantes organizados espontáneamente sin muchas jerarquías ni protagonismos, en contra de todo formalismo y toda convención social se mantuvieron firmes en cese académico y en movilización por varias semanas, desoyendo llamados institucionales y críticas de la parte más rancia de la sociedad y de los medios, hasta lograr la firma de un acuerdo serio, no paliativo como venía sucediendo cada tantos años, sino que implica un esfuerzo de transformación de largo plazo de las políticas de educación para solucionar de fondo la vergonzosa falta de garantías al derecho a la educación en Colombia; y esa transformación no se dejó sólo en manos del gobierno sino que el frente amplio por la educación es protagonista y garante de esa transformación como se establece en la Resolución No. 019195 del Ministerio de Educación, donde los estudiantes tienen 15 representantes en una mesa de 31 integrantes.

Mayúsculo logro teniendo en cuenta que muchos factores hacen que nuestra sociedad rechace y juzgue la protesta: primero que todo una comunidad que durante muchos años ha sido inerme desconfía de los que actúan; segundo, nuestras formas sociales son jerarquizadas y reverentes de la autoridad, del “don” y del “doctor”; tercero, ciertas costumbres leguleyas de anteponer la ley a la justicia y las instituciones a las personas; cuarto, el espejismo de esa falsa democracia en la que creemos estar; finalmente el miedo a la violencia nos paraliza y nos impide concebir como viables mecanismos no electorales para solucionar nuestros conflictos.

Sin embargo algo que no puede suceder en Colombia es que el miedo a la violencia oculte los múltiples conflictos sociales, pues la violencia no nace en ellos, sino precisamente en su negación. Si existe violencia armada en Colombia no es porque las personas busquen futuros más dignos para ellos y sus familias, sino porque siempre hemos preferido eludir la confrontación antes que solucionarla y la respuesta histórica del Estado a las protestas sociales ha sido marcada por la represión, la criminalización y hacer trizas cualquier acuerdo.

Recordemos la innegable pero negada masacre de trabajadores de la United Fruit Company en las plantaciones bananeras de Ciénaga, o la masacre de estudiantes en junio del 54; y los incumplimientos históricos a las comunidades indígenas o sin ir más lejos el paro agrario nacional de 2016, que buscaba lo que busca el acuerdo de paz, mejores condiciones en el campo colombiano que ha sido abandonado durante más de doscientos años pero al que se le sigue incumpliendo.

Pero la protesta social es un derecho fundamental reconocido en Colombia y en una democracia representativa que no representa, ha sido la única forma de tramitar el reconocimiento de derechos y la igualdad. Por ello es importante lo logrado por los estudiantes, porque ha roto el cerco de indiferencia y desaprobación social ante las protestas y ha logrado reconocimiento de un problema social por parte del Estado negacionista. Mas aún se eluden muchos derechos.

El derrotero que se abre entonces, a partir del movimiento estudiantil, es precisamente la imagen de la foto: movimientos sociales en protesta firme y seguimiento con recelo a los compromisos del gobierno; sin respeto por los formalismos y las convenciones, pero con profundo apego a la Constitución y a las leyes para resolver de manera pacífica pero efectiva los profundos conflictos de nuestra sociedad.

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