Aunque la caravana no tuvo una parada oficial en Soacha, la minga indígena permaneció por un poco más de dos horas en territorio municipal. Todo transcurrió sin contra tiempos.

 Desde las 8:00 a.m. de este domingo, grupos de jóvenes, estudiantes, organizaciones políticas y sociales se agruparon frente al humedal El Vínculo para esperar a la minga indígena y darle aliento en su paso por Soacha. Sin embargo, avanzaban las horas y la caravana no arribaba.

Pancartas, pendones y carteles se preparaban con mensajes de aliento y respaldo a la minga, mientras que liras y tambores sonaban al paso de vehículos que respondían con sus pitos y cornetas como respuesta y apoyo a quienes preparaban el recibimiento de los indígenas.

No importó el sol ni el ruido propio del alto tráfico de la autopista Sur. Quienes esperaban sabían que cualquier contratiempo podía presentarse entre Fusagasugá y Soacha, pero la consigna era esperar y alentar el paso de la caravana que traía a valientes indígenas que aguantaron todo para llegar a la capital.

Cinco horas después de lo previsto se aproximó la primera chiva y la euforia estalló entre quienes esperaron toda la mañana la presencia de la minga. El verde y rojo de la bandera indígena se visualizó a lo lejos, al igual que el techo de estos tradicionales vehículos llenos de personas  quienes  veían con esperanza que su destino estaba cerca.

Poco a poco fueron arribando más chivas y los vehículos que acompañaban la caravana. Gritos, euforia, voces de aliento y fuerza se combinaron entre quienes esperaban en Soacha; se vivieron  momentos únicos, tanto para los que llegaban como para los que esperaban.

“Por fin llegaron”, dijo uno de los organizadores, mientras una chiva se estacionó y de ella se bajó Andrés Maíz, un líder indígena que forma parte de la minga. “Somos parte de los millones de colombianos que se cansaron de la ignominia y hemos salido a las calles a esparcir el virus de la dignidad y la unidad entre el pueblo colombiano, esa es nuestra minga nacional y aquí estamos en Soacha y en Bogotá para decirle a Colombia que sí se puede”.

La minga recibió mensajes de apoyo y entre aplausos, gritos y voces de respaldo continuaron hacia Unisur y Terreros, no sin antes pasar por un tramo de la Autopista llena de banderas, carteles y tumultos de personas en los puentes peatonales que aplaudían el paso del grupo de “guerreros indígenas” que partió del Cauca el 10 de octubre pasado.

Entre Unisur y Terreros se volvió a vivir la euforia, y sobre las 3:00 p.m. la caravana continuó su paso hacia Bogotá, destino final de esta travesía que ahora entra a otra etapa:  intentar que el presidente Iván Duque los escuche y comience a tomar medidas frente a temas cruciales como el asesinato de líderes sociales, la protección del agua y los recursos naturales,  y el respeto por los territorios, entre otros.