Son muchos los problemas que cada día surgen en Soacha, y mucha también la inseguridad demostrada por sus gobernantes para solucionarlos. Y no los ponga nadie en duda porque desde años han existido y jamás, salvo contadísimas excepciones, apenas se ha pretendido buscarles solución.


¿Qué pasa, entonces, con la inseguridad? Desgraciadamente sigue casi lo mismo, pese a los esfuerzos que el actual Comandante de la Policía, muy diferente a otros que lo precedieron y que solo vergüenza se produce cuando los recordamos, y así recordamos también el aforismo de Stanislaw Jerzy Lec, cuando criticaba la incapacidad de los gobernantes para resolver los problemas cada día más latentes, y decía a la vista de todo ello: «Cuando el agua te llega al cuello, no te preocupes si no es potable». Además, porque nuestro Burgomaestre ante la incapacidad para buscar soluciones para el tráfico y consumo de drogas, por todas partes de nuestro Municipio, solamente encontró como fórmula mágica para quienes han caído en el flagelo de ellas, «hablar con las iglesias católica y cristiana» para que hagan una gran cruzada buscando la solución del problema para unos y otros, sin exclusividades, olvidando que en la «modernidad» debe existir es la libertad de conciencia, o sea que cada uno pueda tener la religión que quiera, o no tener ninguna, lo que es igual de respetable y digno. O será, acaso, que unos u otros son los que deben usar la desventurada droga que le hace mal a todos?

Entonces, dejémonos de religiones para eso y busquemos verdaderas soluciones, señor Nemocón, o, mejor, guardemos silencio, aunque en usted éste ha llegado a ser insoportable por las mil cosas que hay que hablar en Soacha. Pero, hablar por hablar, no vale nada. A menos que recuerde a Gandi cuando dijo: » Si no puedes mejorar el silencio, cállate.

Pero aquí recapacito y me digo a mí mismo: entonces ¿a quién se le piden cuentas? Quién nos justificará lo gastado del dinero público? Mejor, preguntémoslo, entonces, porque ya alguien decía que «en política, los vicios vienen como pasajeros, visitan como huéspedes y se quedan en su carrera como amos».

¿Y qué ocurre, señor Alcalde, con Transmilenio? No decía usted con ocasión de su inauguración que había llegado la solución para el transporte intermunicipal y, además, quiso hacerse pasar por autor de la idea y realización de este sistema de transporte? No es usted el responsable de la falta de buses alimentadores por pretender imponer un servicio de transporte que se desempeña o desempeñaba en Soacha y del que sus familiares eran o son los propietarios?

¿Qué de los sitios de llegada y salida de los buses, si ahora hay que mejorarlos y se han convertido en sitios de atracos permanentes por el centenar o más de ladrones que impiden la subida o bajada de los vehículos, para robarlos, y hasta un muerto ha habido allí?

¿A qué se han debido las improvisaciones y quién es el responsable? ¿A caso usted, señor Alcalde? ¿Cuándo se terminan los trabajos que se vienen efectuando y cuánto costarán? No sabe aún, señor Alcalde, como ha dicho don Miguel Angel Aguilar que «no han descubierto aún que ningún sistema político puede sobrevivir sin dar esperanza a los ciudadanos….» Tampoco sabe aquello de autor anónimo, para mí, que «El Alcalde no da señales de vida, y más bien parece que camina sonámbulo ante su impotencia para terminar con ese cáncer que es la inseguridad que vive Soacha? Es que acaso ignora que el arte de la política consiste en prometer siempre que se aspira a un cargo, lo posible y lo imposible para con seguirlo, y cuando se llega a él hasta la inmoralidad se justifica o se agacha el sombrero, como dice el viejo adagio popular por no hacer nada de lo prometido, no importa que esta actitud en el cargo obtenido signifique un irreparable salto al vacío, y un olor pestilente para el ciudadano que se arriesgue a pasar muy cerca de la Alcaldía».

Y qué pasa, señor Alcalde con los vendedores ambulantes? Han pasado muchos años, desde su nacimiento, y no ha sido posible ubicarlos en un sitio donde no perjudiquen a nadie y que corresponda a la naturaleza misma del negocio, de esta gente pobre, porque desde hace algunos años han deambulado por muchas calles con perjuicio permanente para otros comerciantes y para el ordenamiento municipal. Ojalá, señor Alcalde, usted que tiene buenas relaciones con esta gente que necesita de ingresos para sus diarias necesidades, les asigne por fin en un sitio que los beneficie y que no impidan el libre tránsito de los vecinos, o perjudiquen a quienes pagan impuestos por sus negocios. Esto sería lo absolutamente justo y estético.

Finalmente, señores lectores, a última hora tuvimos conocimiento que casi a finales del mes fue adjudicada la ampliación de la Estación de Transmilenio en Soacha por conducto de la Secretaría de Infraestructura Valorización y Servicios Públicos por un valor de $8.422´758.494, al Consorcio Estaciones Soacha y que estará en capacidad de recibir Buses biarticulados. Y que, en León XIII habrá ampliación de la Estación en uno de sus vagones, para la permanencia de servicio de Buses articulados.
Naturalmente, una buena noticia para los pasajeros de Soacha en Transmilenio, que ojalá no se termine en el año 3.000.

Finalmente, mil gracias a todos mis paisanos que con ocasión de la muerte de mi hermana Elia, ocurrida en Bogotá el 21 de octubre último, me hicieron llegar manifestaciones de condolencia a mi residencia ubicada a más de 10.000 kilómetros de mi tierra soachuna.

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