Mi hijo es un “verriondo”… no se deja de los compañeritos del colegio, a quien pretende “montársela” lo coge y le da su puñetazo. Con esta frase un padre de familia alardeaba de su pequeño hijo de cuatro años de edad quien se encontraba en la etapa pre- escolar. A otro papá le oía decir presumiendo de su infante de la misma edad, que lo hacia muy feliz su pequeño, pues le enseñó a saludar a sus allegados y amigos con frases groseras e incultas; pareciera ser, que este padre entre mas grosería escuchara, más “amaba” a su hijo.


Los resultados no se hicieron esperar en el segundo episodio de estas dos historias, ha sido el único caso que yo conozco en donde un niño de pre kínder, el colegio haya tenido que entregárselo a sus padres como sugerencia de un cambio de “ambiente escolar”, en otro idioma: lo expulsaron de la institución educativa. La grosería, la brusquedad y los malos hábitos traídos desde su casa, le negaron vivir en su primera sociedad con niños de su misma edad.

Traigo a colación estos dos casos para ilustrar un poco la realidad cruda y despiadada que por estos días y gracias a los medios de comunicación ha generado gran cobertura el tema del “matoneo escolar”, “Bulling” o “intimidación escolar”. Llámese como lo quieran llamar, la acción donde un escolar (y de cualquier edad) agrede de cualquier forma a su par, solo por una complacencia colectiva (para la risa y el disfrute de los compañeros), o porque simplemente le “cae” mal, o peor aun, porque es el “reto” de la semana, no es admisible para quienes pretendemos una educación equitativa y justa.

Pero este no es el punto del presente escrito, a lo que realmente me quiero referir (y por ello la ilustración de las dos historias) es al alcance de una mala crianza por parte de quienes tenemos la fortuna, pero igualmente la inmensa responsabilidad de ejercer la paternidad y por ende la crianza de nuestro hijos.

Por estos días del “boom publicitario”, las primeras letras, las primeras imágenes siempre apuntan a las instituciones educativas, incluso con algo de “morbo” se busca la responsabilidad en el Rector, el coordinador o el profesor, responsabilidad que pasa de “agache” ante la actitud de los Papás y Mamás que en muchos casos tienen a sus hijos hasta los cuatro o cinco años en medio de mal crianzas, ofreciéndoles cosas en excesos, tolerándoles sus pataletas, no permitiendo que nadie los corrija, para luego “abandonarlos” en las aulas de las guarderías o de los colegios con el fin de que un completo extraño (los profesores) tomen las “riendas de la educación” de esa “criaturita” que a esas alturas y con esos antecedentes de los papitos, serán quienes en poquito tiempo pretendan tomar a compañeros un poco “débiles de personalidad” para el disfrute de otros compinches y desde luego de ellos mismos, llenándoles el vacío de autoridad que ellos no tuvieron cuando eran más pequeños.

Se peca por palabra, obra u omisión: Por Palabra, el mal ejemplo de los padres y madres que todo es a los gritos, que toda corrección es con un “rosario de groserías” o que todo comentario hacia sus hijos es lleno de maldad, mentira o estímulo orientados hacia la perversidad y el perjuicio a los demás. En obra, pues existen padres y madres cuyos hijos conocieron el rose de la piel de sus progenitores, solo por los golpes y bofetadas, embriaguez y pésimo comportamiento de quienes se entendería deberían ser “laureles” de buenos ejemplos. Por omisión, porque existen padres y madres que frente a las acciones beligerantes de sus hijos, responden con aplausos, risas y silencios venenos, del cual muchas veces tienen que beber las horripilantes consecuencias, pues con ello han convertido a sus hijos en criaturas que a cortas edades son ya el repudio de una sociedad que pide a gritos detener el salvajismo de “muchachitos” que en muchos casos son ya la escoria de la sociedad.

Sí, suena duro, pero es más duro conocer casos de muchachos que optan por el suicidio por el acoso de algunos compañeros, suena más duro saber de estudiantes que tienen que renunciar a continuar en un colegio, que de no ser por “algunos elementos negativos”, sería el segundo hogar para ellos, suena más duro ver como toda una familia tiene que renunciar a su entorno habitual, pues prefieren irse de donde lo tienen todo por culpa de unos cuantos que decidieron “atentar contra la dignidad” y suena aun mucho más duro presumir que existen por ahí algunos, o mejor, muchos niños y jóvenes que sin decir nada, sin denunciar nada, viven sus vidas con tristeza, aburridos de vivirla por culpa de unos pocos….

Padres de familia, reflexionemos: ¿Cuál es su responsabilidad de todo esto?
Edgar Orlando Matallana Usaquén