Hablar de redes es tan amplio y debatible que sería difícil intentar entender todas las posiciones de quienes se atreven a escribir y opinar frente a los temas que se publican.

Pero el objetivo no es publicar o debatir; en este caso es darle una mirada a la forma cómo son utilizadas estas herramientas por buena parte de las personas del municipio de Soacha y los efectos que causan, especialmente los comentarios que se hacen. 

A propósito del cambio brusco que sufrió el mundo a causa de la pandemia del COVID-19, el uso de redes se disparó y para muchos se convirtieron en una de las herramientas claves de la comunicación del mundo de hoy. Sin embargo, es debatible esto último porque algunos han escrito sobre el tema y hay teóricos que aseguran que cuando se publica sólo hay información, pero no una verdadera retroalimentación. 

Es un tema bastante complejo y debatible porque buena parte de la población prefiere tener redes y no datos completos para navegar, lo que indica que hay más posibilidad de acceder a Facebook, Instagram, Twitter, etc, que a los mismos medios de comunicación virtuales. No obstante, se deja de lado el denominado Feedback, que no es más que la retroalimentación (capacidad de un emisor para recoger reacciones de los receptores y modificar su mensaje).

Y justo aquí es donde viene el punto del debate porque para muchos no hay una verdadera retroalimentación con las redes sociales, sino simplemente información con comentarios y polémicas vacías que poco aportan al desarrollo y el conocimiento.

 Y ¿por qué? Si bien hay una reacción de los usuarios de la red a lo que se publica, hasta ahí no hay retroalimentación, incluso muchos (con el respeto que se merecen) ni leen los contenidos y sí se atreven a lanzar comentarios sin fundamento, muchas veces ofensivos y malintencionados. Y justo este es uno de los graves problemas de las redes hoy en día, especialmente Facebook. Se comenta a la ligera, con pasión, sin medir consecuencias y no se respeta lo que el otro piensa o escribe, es decir, se trata de imponer lo que cada uno considera.

El otro problema es que las redes han acostumbrado a las personas a ser facilistas, a no leer, a creer que, con publicar una foto, un video y/o párrafo, ya se informa, incluso a pensar que cada quien es dueño de la verdad. En muchas publicaciones se pierde el respeto por el otro y se maltrata el lenguaje por doquier.

Aquí la discusión no es si las redes son importantes o no, claro que lo son, pero lo que queremos intentar mostrar es que ese facilismo hay que acabarlo si queremos que jueguen un papel fundamental y constructivo en el mundo de hoy.

El llamado no es solo a quienes comentan o escriben, también al emisor porque para que haya comunicación se debe completar el ciclo, es decir, esos comentarios y sugerencias hay que responderlos, hacerles seguimiento e intentar que se solucione la petición de quien escribe, de lo contrario, el hilo se rompe en algún lado y el mensaje queda en el camino. Que ¿es fácil?, claro que no, pero hay que intentarlo.  

Recordando a Dominique Wolton y su libro ‘Informar no es comunicar’, casi que podemos entender que no basta con publicar y esperar las reacciones de los seguidores. Hay que cambiar el chip, tanto de emisores como de receptores, es decir, quienes comentan deben aportar al debate y hacerlo con respeto, fundamento, argumentos y con el lenguaje adecuado, y quien publica, además de ofrecer buenos contenidos, intentar entender al usuario, tenerlo en cuenta y ayudarle a resolver sus inquietudes.

El problema es que, con la mundialización de la información, el menor acontecimiento es un hecho visible, pero hasta ahí. Por lo general no hay investigación, análisis, consulta de fuentes ni cifras oficiales, simplemente se informa sobre un hecho de manera superficial, lo que se percibe desde el interior de cada uno. Pero lo que sí hay que decir es que ese bombardeo de información que se publica en redes se convierte en un aporte valiosísimo para los medios de comunicación, lo que significa que las redes sí son importantes, pero no se puede esperar que por sí solas trasciendan e impacten a la audiencia porque cualquier persona publica de acuerdo a su criterio, y en los medios hay profesionales que se prepararon para interpretar la información y convertirla en un elemento clave de la comunicación (es el deber ser).   

Lo anterior significa que las redes no lo son todo, pero sí son una herramienta esencial, no solo para los medios de comunicación, sino para la sociedad y el mundo; de cierto modo son la muestra de que sí hay libertad de información, obviamente siendo responsables y sin sobrepasarse ni atropellar al otro.

Bueno sería echarle una mirada a lo que dice Wolton y Antonio Pasquali, quienes reiteran que informar no es comunicar. La información es el punto de partida, pero hay que complementarla, procesarla y convertirla en un ciclo que se alimente de las audiencias, y las redes sociales son una herramienta clave para la retroalimentación, obviamente utilizándolas para aportar, construir, complementar y enriquecer el debate.    

Por @editorial