Jardín de los Rosales, inmerso entre la contaminación y la delincuencia

La tranquilidad de este pequeño barrio de la comuna tres se ha visto interrumpida por problemas como el consumo de alucinógenos, atracos y robos, y por la elevada contaminación del canal Río Claro.


Jardín de los Rosales es uno de los barrios más pequeños del municipio, ya que cuenta con aproximadamente 130 casas, por eso una de las primeras sensaciones que se percibe al visitarlo es la de un ambiente de tranquilidad y de paz. Sin embargo, la realidad es distinta a lo que parece, la inseguridad afecta a sus residentes de manera notable, al punto de que ellos mismos son víctimas de atracos por parte de individuos procedentes de otros sectores.

Cuentan algunas personas que la entrada al barrio es la zona más peligrosa porque es un sector muy desolado, donde la vía no es pavimentada, razones por la que sus habitantes deben cruzar por ahí cada vez que necesitan salir hacia la Autopista o hacia cualquier otro lado. En numerosas ocasiones han sido amenazados con armas blancas e incluso con armas de fuego para robarles sus pertenencias, sin que exista una respuesta oportuna de los organismos de seguridad.

Hay que destacar que por allí también pasa la cicloruta que conduce hasta el Humedal Tibanica y a barrios como Olivares y La María, los cuales se caracterizan por su altos niveles de inseguridad, de ahí que varios de los delincuentes procedan de dichos sectores y utilicen la alameda como vía de escape cuando cometen sus fechorías. Los vecinos temen salir por esa zona porque lo primero que se divisa es la basura que se encuentra tirada en el suelo, sin que a nadie le importe.

“Aquí atracan a cualquier hora del día, nosotros pedimos una cámara a la policía para instalarla en la entrada y no nos la dieron, si usted por ejemplo va al León XIII tercer sector, hay una cámara en la avenida y otra en la entrada al parque, están pegadas, entonces por qué allá dos y aquí nada, siempre nos dicen que hay que hacer estudios pero no vienen”, explicó Hernando Romero, Presidente de la JAC del barrio.

Adicionalmente, otra de las situaciones que afecta a los residentes es la contaminación que se genera en el Caño Río claro, una de las zonas limítrofes de Jardín de los Rosales. Allí se vierten aguas negras de algunos barrios de los anteriormente mencionados, ocasionando malos olores, propagación de zancudos y mosquitos, los cuales deben ser aguantados por quienes habitan cerca al caño, exponiéndose a enfermedades y viviendo con la incomodidad que esta situación causa.

“Hemos pedido una fumigación para el caño, pero lo principal es que lo canalicen, así se reduciría el problema ambiental; igual es la hora en la que no hemos obtenido respuesta, porque es que el olor es terrible a veces y nos estamos enfermando”, declaró Silvia Moreno, residente del barrio.

También hay que mencionar que en la ronda del caño hay instalada una cerca de alambre que impide que personas ajenas al barrio crucen desde el otro lado. Sin embargo, hay algunos individuos que al ver que no pueden cruzar, instalan sus propios cambuches sin importar las condiciones higiénicas del lugar. En estos cambuches proceden a consumir drogas y a socializar en medio de “la traba que se pegan”.

“Menos mal no cruzan, pero de todas formas nosotros aquí vivimos con nuestros hijos, y pues un menor con lo curioso que es, se pone a mirar en la ventana y observa que estos sujetos se están drogando, entonces ese es el espectáculo y el panorama que ellos muestran en frente de nuestras casas”, manifestó Merly Marzola, otra de las residentes indignadas por esta situación.

Y no solo los niños que miran desde las ventanas son los que observan estas actividades, también hay menores que son llevados a estos lugares para incitarlos a consumir sustancias prohibidas, aumentando la problemática social en la que se ven envueltos los habitantes de Jardín de Los Rosales, al igual que los de León XIII, Olivares y Olivos: “A veces llegan en grupos de a cinco, o de a ocho, vienen a drogarse con los hermanitos menores o hasta serán los hijos, no se sabe, pero es el colmo lo que se presencia al otro lado del caño”, recalcó otro habitante.

Finalmente, los pobladores seguirán a la expectativa por el desarrollo de la obra sobre la Avenida Terreros, esperando a que cuando concluya se disminuya al menos la inseguridad, a pesar de la demora y de la incertidumbre sobre la pavimentación de la entrada al barrio. Así mismo continuarán soportando los malos olores y presenciando el consumo de alucinógenos por parte de personas que encuentran en el vicio un estilo de vida.

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