Después de 18 años de luchar contra su condición biológica de haber nacido mujer y de dos años más de peleas en los estrados judiciales para conseguirlo, Julián por fin podrá sentir que está en el cuerpo correcto. Por orden de la Corte Constitucional cambiará su sexo y para ello deberá someterse a una completa remodelación.


Pero el camino no pinta fácil para Julián Sneider Clavijo. Las cirugías que tendrá que hacerse no hacen parte del diario de la medicina, por lo que a la ciencia le espera una ardua travesía. El procedimiento médico está dividido en tres etapas: primero, una mastectomía (cirugía para extirparle los senos), luego una histerectomía (eliminación del útero) y por último una construcción del pene.

Para construirle su miembro viril, los galenos le extraerán una de sus costillas, que lo recubrirán con parte de los nervios y piel de sus antebrazos.

Los médicos ya le aclararon a Julián que es posible que luego del cambio de genitales pierda toda la sensibilidad, es decir que no va sentir placer en su miembro, hecho que hoy en día lo pone a reflexionar, teniendo en cuenta que con su novia tiene una vida sexual activa y satisfactoria.

Su lucha

Semejantes intervenciones son el último capítulo de una exhaustiva lucha que viene librando este soachuno que ganó una tutela que lo puso de cara a una realidad con la que siempre soñó y que en algunas ocasiones vio lejana.

En un trascendental fallo, la Corte Constitucional ordenó a la EPS Comparta autorizar el cambio de sexo de Julián, y a partir de ahí el anhelo de este joven por ser hombre comenzó a ser un sueño cumplido.

La ilusión de quien aún permanece en el cuerpo equivocado es la gran protagonista en su vida. Su voz y su entusiasmo dan fe de ello. Basta con oírlo contar cómo a los 15 años le dijo a su mamá que quería cambiarse el cuerpo. Su firmeza y convicción reafirman que no se trata de un capricho adolescente, sino una decisión de vida.

Aunque sus días han transcurrido dentro de la normalidad, si es que así se le puede decir al hecho de que siente, piensa y hasta desea como un hombre, pero con genitales femeninos, cuando tomó la decisión de contarle todo lo que sentía a su mamá, ella intentó persuadirlo y al final entendió que a su hijo, de verdad, le habían dado el cuerpo equivocado. En adelante, su apoyo fue incondicional.

“Desde los quince años le conté a mi mamá todo lo que me pasaba. Fue un golpe duro. Mi mamá nunca se imaginó que en la familia sucediera algo así. Ella siempre trató de buscar la manera de hacerme recapacitar, pero yo le decía que nunca iba a dejar de pensar como hombre. Entonces, mi mamá se resignó. Lo aceptó y me apoyó”, recuerda Julián.

Hoy es casi imposible pensar que mientras Julián camina por la calle, alguien crea que es una mujer, ya que su barba, voz gruesa y manera de vestir dan cuenta de que se trata de un hombre espontáneo y aparentemente feliz.

Julián, nacido en Soacha (Cundinamarca), empezó su batalla legal y personal desde su adolescencia. El primer gran paso fue enfrentarse a su familia. En adelante buscó ayuda legal, ya que en su EPS no querían cubrir el complejo procedimiento quirúrgico.

En el año 2010, decidió buscar ayuda en la Defensoría del Pueblo, en donde le asignaron un abogado que se convirtió en protagonista de innumerables escritos interpuestos ante jueces y con los cuales buscaba el amparo de los derechos del Julián.

Sin embrago, luego de que dos jueces se negaron a acceder a sus pretensiones, en el 2011 Julián y su abogado radicaron la tutela ante la Corte Constitucional, en donde, por fin, el anhelado fallo vio la luz.

Los días de este luchador pasan al lado de su madre y su novia, una joven de 19 años con quien lleva 5 años de relación y a la que conoció debido a una pelea entre ambas familias. Las circunstancias para conocerla, como él mismo cuenta, no fueron precisamente las mejores, pero el resultado de tener una pareja estable supera cualquier percance.

“Mi novia siempre me veía, pero yo nunca le paraba bolas. Hasta que un día hubo un problema entre nuestras familias y de ahí entablamos una relación. Hubo mucha química y ella me preguntó si yo era niña o niño, tal como lo rumoraban en Soacha. Obviamente, le dije que era niña, pero eso a ella no le importó y me pidió que fuera su novio”.

El cambio físico

El cambio en el cuerpo de Julián empezó desde los 21 años, cuando decidió buscar asesoría médica para inyectarse hormonas. “El vello me estaba volviendo un oso; la caída del cabello fue terrible, se me cayó mucho el pelo. Las hormonas también me pusieron la cara terrible: el acné me invadió. Sin embargo, era feliz con todo eso, aunque sé que todavía falta mucho por cambiar”.

Una de las cosas a las que este joven se tuvo que enfrentar por tener un organismo femenino fue el periodo menstrual. Según cuenta, no fue fácil cuando su cuerpo se desarrolló. La depresión y el cambio de ánimo, habituales en las mujeres durante esos días, estuvieron presentes siempre en él también. Pero ese ya no es un problema para Julián. Por el uso de las hormonas, desde hace cinco años dejó de menstruar.

“Hasta el 2008 me llegó el periodo. Cuando me llegaba, era terrible. No me levantaba de la cama, tenía vómito, escalofríos, y no salía de mi casa hasta que se me quitara esa vaina. Me deprimía mucho, aunque nunca dejé de ser activo”, recuerda.

«Yo nunca voy a perder la fe. Aunque a veces me asusto, estoy seguro de que siempre he sido un hombre. Mi alma ha estado atrapada como en un armario, en un cuerpo prestado. Deseo leventarme un día y pensar que todo fue un sueño: desde niña fui un hombre. Nunca juzgué a Dios por ponerme en este cuerpo. Sé que todo tiene un propósito y mi caso no es la excepción. Ahora estoy feliz y esperando lo que se viene».

Nota original realizada por: laopinion.com.co