Cundinamarca busca y le apuesta a tener protagonismo en la decisión de su futuro que de manera planificada lleve a la región desde los principios fundantes a ser un espacio igualitario, de progreso y prosperidad con los mejores estándares de calidad de vida, sostenida y rica.


Para los cundinamarqueses hablar del tema regional nos lleva a darnos cuenta y reconocer que somos un territorio que rodea a la capital de Colombia. Esta relación ha sido positiva y negativa pero en definitiva esta relación simbiótica no ha sido construida por una razón de planificación sino por la propia naturaleza del diario vivir. Para el país, este ha sido un tema más de interés capitalino y de hacendados que de decisiones estructurales. Lo que ha llevado a aprovecharse del leseferismo (dejar hacer, dejar pasar). Los cundinamarqueses hemos visto como se han apropiado de nuestros recursos naturales, de nuestras tierras y de las oportunidades; es en este escenario que hemos visto que se ha dado el centralismo democrático, donde se implantan proyectos de interés, de personajes que desde el orden nacional pisotean las facultades constitucionales de los municipios. Las tertulias capitalinas han encantado a los líderes cundinamarqueses que han cedido sus responsabilidades por la sentada a manteles con el poder.

La población cundinamarquesa que camina, suda, huele y ve la geografía, tiene claro sin miramientos normativos la región que está dada por la propia naturaleza, por la geografía, que tiene una razón de ser, por encima del hombre, por encima de los límites políticos-administrativos y que tiene que ver con el ordenamiento a través de las cuencas, privilegiando la riqueza natural, haciendo valer una verdadera visión de ocupación del suelo.

La cuenca del río Bogotá, como eje estructurante de la planificación regional contiene en su geografía todos los pisos térmicos, la riqueza de nacimiento de ríos, grandes extensiones de tierras de calidad agrícola número uno, despensa agrícola minifundista de la región y agroindustria de exportación, sentados estamos sobre grandes espacios mineros. Grandes espacios territoriales para industrialización y para una urbanización regional con su propósito planificado.

Pero como contraste una presión territorial ajena a las municipalidades que son las haciendas de otrora versus la presión urbana de sus herederos que han modificado la razón de ser municipal, convirtiendo vivideros agradables en monstruos de siete cabezas que han invertido la fórmula, que ha llevado a la desculturización, a una falta sentido de identidad y de pertenencia que se traduce en ausencia de amor por los municipios y en comportamientos que reflejan una nula conciencia cívica que produzcan pacífica y solidaria convivencia.

Pero se suma la incapacidad fiscal municipal para hacer frente a la construcción de acueductos, alcantarillados, sistema vial, transporte, equipamientos sociales como: colegios, sistema de salud, parques, espacios públicos, cultura, pie de fuerza policial, ampliación de los escenarios de justicia, espacios para la religión, entre otros que llevan a una vida de conflicto entre las comunidades y que son espacios de cultivo para el micro tráfico, la delincuencia y la sensación de inseguridad dadas por la ausencia de tolerancia. Sin dejar de mencionar la presión por las oportunidades de trabajo, las grandes distancias y pésimo transporte que sumadas reducen la calidad de vida en familia, encontrando desestructuración de hogares, niños solos con tiempo ocupado por la televisión, las malas amistades, malas influencias, pereza y ajenos a los principios y valores que se reflejan en la interactuación de estos con la familia y la sociedad.

Por eso los cundinamarqueses reclamamos el espacio de protagonismo para construir de forma igualitaria con el Distrito Capital, una región que nos lleve a hacer las cosas como debe ser sin escondrijos ni normas hechas a espaldas de los intereses cundinamarqueses, el ordenamiento territorial debe ser superior a los intereses de los soldados de las fortunas. Todos buscamos superar en este siglo la provincia y avanzar sobre hechos planificados de riqueza generada por decisiones serias, igualitarias y equitativas. Las comunidades buscamos a través de visiones que vayan más allá de ópticas retardatarias y discriminatorias, equilibrar con las capacidades y deficiencias que se tienen entre la capital y la región un escenario que nos fortalezca.

Para ello, se tiene que dar diferentes elementos: concitar la voluntad política municipal y regional sobre el deber ser de todos como región, fortalecer liderazgos que respondan al interés general y a este propósito que es de largo plazo; superar la localidad de nuestros municipios así como la visión doméstica de nuestra realidad; engrandecer nuestros propósitos para confluir en escenarios de construcción donde se gana y se cede. Además que de esta intención, resulta un mejor vivir para las otras regiones de nuestro departamento. En pocas palabras engrandecernos como Cundinamarqueses sabaneros.

Dejo para reflexión de todos, una propuesta que busca responder a lo expuesto, que es conformar por parte de los municipios de la sabana del río Bogotá un área metropolitana que nos permita generar una región fortalecida, planificada, con un sistema vial, un sistema industrial y residencial que en equilibrio responda a las necesidades contemporáneas de la ciudadanía y a la competitividad frente a la capital, proyectándose como región exportadora, globalizada a través de las diferentes capacidades que esta tiene y que permita el avance del capital humano a través de la especialización.

Fernando Ramírez. V.