La provincia de Rionegro, un paraíso lejos de la mano de Dios y del Gobernador

Aunque no lo crean esta región existe en Cundinamarca, es una de las zonas más pobres y olvidadas por el gobierno, en especial por el doctor Cruz (quien ha sido dos veces gobernador y no ha aportado ni un grano de arroz o un vieje de asfalto a esta pobre comunidad) dista de Bogotá a escasas dos y seis horas respectivamente (Pacho y Yacopi), su cabecera es el municipio de Pacho, la conforman Paime, San Cayetano, Villagomez, Topaipi, Yacopi, El peñón y La Palma.


(Paradójicamente todos estos municipios, se encuentran en la lista roja de los más pobres y con mayor número de problemas sociales y lo curioso de todo, es que ni Santos y Cruz, hacen algo para sacar de la olla a esta región).

Para acceder a estos municipios se debe de tomar la vía que va a Zipaquirá y luego a Pacho, ¡allí va todo muy bien!, el problema inicia cuando se deja atrás la cabecera, allí el viajero, el turista o el inversionista (que son muy pocos, gracias a la corrupción de los políticos) padecen las angustias de un viaje en un camino de herradura que sólo puede ser imaginado en la inmensidad de la selva donde el estado llega después de una toma guerrillera; ¿Quién puede imaginarse que a pocas horas de Bogotá, exista tal atraso social y en infraestructura?; sumado a lo anterior, la situación de violencia que sacudió en primera instancia a la región en los años 50 y 60 “la guerra soberbia entre godos y los cachiporros”, causando muerte, desplazamiento y desolación; décadas más tarde aparece a inicios de 1.999 y por varios años, producto del fracaso del proceso de paz, “la guerra entre la guerrilla y los paramilitares” que causa un segundo éxodo de campesinos.

Como si esto fuera poco, los alcaldes y concejales de la región aparecen vinculados en bochornosos escándalos de corrupción, aprovechando el río revuelto de la guerra por el dominio de la región, que sin duda para los alzados en armas, es una zona estratégica muy cercana a Bogotá, sin contar las numerosas hectáreas sembradas de coca en las goteras de la capital que tienen que cuidar (cual entidad investigadora se atrevía a ir a Topaipí o Yacopí, por temor a una pesca milagrosa de las farc) -¡conocí un caso en Topaipi, donde la corrupción fue marcada por sus administradores; la fiscalía y la procuraduría avisan a las autoridades de su desplazamiento para iniciar la indagación sobre un aparente caso de corrupción pero la noche anterior a su partida, de la alcaldía sale una llamada, avisando a la “valerosa” comisión, que la guerrilla está haciendo reten en un caserío llamado Palacios muy cerca al pueblo, obviamente que la unidad investigativa posterga su viaje y el hecho queda en la carpeta de una gaveta vieja y oxidada.

Con unas carreteras en mal estado y sin pavimentar, porque según el departamento, no hay plata para la vía, la gente trata de sobrevivir (lo curioso es que Álvaro Cruz ha sido dos veces gobernador y siempre les ha prometido pavimentar las vías del Rionegro pero siempre les hace pistola) con los pocos recursos que poseen tratan de sobrevivir literalmente. ¡No hay industria, no hay empleo!, ¡no hay comercio, no hay dinero! Existen muy pocas fuentes de empleo y son las alcaldías de estos pueblos el papá de todos, pues ellas tienen que subsidiar la gran pobreza de sus habitantes.

Esta zona que es una de las más ricas en hierro, cobre y esmeralda, posee una fértil tierra que da en cantidades frutas y verduras que son compradas a precios de risa, todo por no poseer una carretera en buen estado, -¡imagínense ustedes, que el pobre campesino de Paime, dura un día completo bajando la famosa naranja Pachuna, luego la empaca en las lonas, luego con esfuerzo las transporta hasta el pueblo, allí espera con fe absoluta al comerciante de Bogotá, para que este al final le diga, “le pago por bulto a diez mil pesos, tenga en cuenta que la carretera está en malas condiciones, agradezca que llegue hasta aquí”, el campesino no tiene más remedio que recibir la limosna, antes que regresar a su finca con las naranjas; “con lo poco que recibe, debe pagar el jornal del obrero que le ayudó a bajar las naranjas, hacer un mercado miserable y regresar aburrido a su rancho, mientras el comerciante viaja a Bogotá con un viaje repleto de naranja que venderá a muy buen precio” tengan en cuenta ustedes que cada docena en las calles, la venden a dos mil pesos (entonces cuantas docenas trae un bulto) finalmente el comerciante exclama “toca pagar barato porque si se llega a dañar la transmisión, el gobernador Cruz no me va a pagar el repuesto”.

La falta de oportunidades en la región, hacen que los muchachos partan hacia Bogotá y alrededores, donde muy pocos estudian o logran un buen empleo, dejando atrás el campo y sus parcelas; es tan evidente lo anterior, que muchas de las regiones y campos de Cundinamarca y el País, están solas, solo habitan y trabajan personas que sobrepasan los 50 años, no hay jóvenes, no hay la famosa renovación del campo que tanto habla el presidente Santos y el gobernador Cruz; como si fuera poco, la salud es un privilegio, “es mejor no enfermarse” porque en un pueblo como Villagomez, el servicio médico es inexistente, se presta una vez por semana, porque depende del hospital San Rafael de Pacho, un ejemplo curioso que nunca olvidaré, es cuando llega un campesino enfermo y sin dinero, para que el médico lo examine, este le formula una droga que no cubre el sistema, entonces el pobre labriego coge la formula médica y la pone en su cabeza y luego la cubre con su sombrero, para tratar que ella al menos, le quite el dolor de cabeza”.

Es muy probable que gran parte de estos pueblos se conviertan en inspecciones o corregimientos de otros municipios grandes y distantes, porque no tienen la suficiente capacidad económica para sostenerse, gracias a un estado central y departamental que cada día los abandona a su suerte.

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