Los 34 años del barrio El Porvenir

El 8 de abril de 1978, aproximadamente, un grupo de 35 familias ocuparon terrenos de una finca contigua a lo que hoy es el barrio San Mateo. No era la primera vez que lo hacían, llevaban alrededor de ocho meses intentando hacerse a un pedazo de tierra para poder edificar sus casas. Una y otra vez fueron desalojados por la fuerza disponible; según relatos de los hoy ancianos, soportaron la muerte de dos de sus compañeras pero eso no fue motivo para desistir de la ilusión de tener un techo propio. Los desposeídos provenían, en su mayoría, de regiones apartadas de Colombia. Unos habían huido de la violencia partidista que asoló el campo colombiano a finales de los años 50′, otros, por el contrario, eran obreros de las insípidas fabricas bogotanas. La carencia de un techo unió a los campesinos desplazados y a los trabajadores explotados. Recurrieron a la Central Nacional Provivienda (Cenaprov), organización social y popular encargada de conseguir techos para los menos favorecidos.


Es entonces que Cenaprov delega a Mario Upegui la tarea de asesorar técnica y jurídicamente a los destechados; en ese escenario el papel del Partido Comunista fue vital, puesto que ayudó a cualificar políticamente a los futuros habitantes del barrio y esto, posteriormente, les permitió darse sus propios pasos ya cuando el barrio estaba conformado.

No fue fácil lograr quedarse con los terrenos de aquella finca, el alcalde de ese entonces, Alfredo Bogotá, con el beneplácito de los dueños del terreno, tenían proyectado vender la tierra a las grandes constructoras para proyectos de vivienda. En pocas palabras: la administración municipal puso los intereses privados por encima de las necesidades colectivas.

Para cuidar el predio en horas de la noche, los dueños contrataron celadores y la alcaldía dispuso de sus policías . Era justamente en esas horas donde la gente se puso a la ofensiva.

Las intensas jornadas de pedreas y discusiones dieron un rumbo definitivo y fue cuando, paradójicamente, los celadores del terreno se pusieron del lado de los invasores. Los celadores se dieron cuenta que también eran trabajadores sin vivienda y que las lagrimas derramadas no le eran del todo ajenas.

Al fin llegó el ya reseñado 8 de abril, eran las 4:30 de la mañana; las 35 familias se dispusieron a realizar su último intento en el terreno. Vladimir Escobar era el líder de la movilización, acompañado por Mario Upegui ocuparon el terreno, la acción recibió la respuesta voraz de la administración municipal, pero en esta ocasión los palos y las piedras espantaron a la policía. Ante eso, la estrategia de los dueños del poder fue simple: cortar el abastecimiento y las provisiones de los ocupantes (eso mismo pasó en la Cartagena de la independencia ante el cerco español, y hoy le llamamos la heroica). Ni siquiera esta estrategia doblego el brazo de los nuevos vecinos. La admirable resistencia de los pobladores fue acompañada por algunos movimientos de Derechos Humanos y de notables dirigentes sociales y políticos de los años 70’s tales como: Gilberto Vieira, Jaime Pardo, Carlos Romero, Adela Dimas, Colectivo de Mujeres Demócratas, etc.

Con el levantamiento del cerco, decretado por el gobernador Melo Guevara, los destechados ganaron…

Ante el paso del tiempo, la Cenaprov parcelo los lotes y los puso a disposición de los ocupantes. El latifundista, dueño de la finca, recibió dinero por su tierra a manera de pago.

El paso siguiente para los nuevos vecinos era adecuar el barrio con servicios públicos domiciliarios. El alcantarillado lo construyeron los mismos vecinos, el agua la consiguieron por tubos que ellos mismos conectaron con el acueducto del barrio Camilo Torres. Es decir: el Porvenir fue hecho con las manos de sus habitantes.

La presencia de Cenaprov no desapareció, por el contrario, permaneció hasta lograr la legalización de los predios habitados por la gente. Además, se construyó el parque del barrio y el salón cultural, que tomaría con el tiempo el nombre de Vladimir Escobar, en homenaje al compañero asesinado por sicarios en el Barrio Policarpa Salavarrieta.

Esos primeros años fomentaron la unidad de la comunidad, la cohesión del vecindario y la solidaridad entre compañeros de causa. Características que no han desaparecido, ni siquiera, con la embestida del establecimiento que ha perseguido sin parar a la Cenaprov y al Partido Comunista.

Hoy, el salón cultural pertenece a un puñado de sujetos que ignoraron la historia de lucha y entrega de la primera generación. Los recursos recibidos por algunas propiedades de la comunidad se escurren entre las manos de quien ostentan la vocería del barrio.

Al frente de la comunidad y del salón comunal, la Cenaprov y la gente festejaron los 34 años del barrio. Fue una tarde emotiva, cargada de anécdotas, El salón comunal jamás abrió, a pesar de la incesante lluvia, dejando ver la esencia de los representantes del barrio. Un sitio que reluce al llamarse Vladimir Escobar debería estar abierto a la comunidad y no servir como guarida a los oportunistas de tiempo completo

Muchos de los abuelos que cuentan aquellas anécdotas, padecieron horas en la cárcel, vieron morir a sus compañeros, sufrieron la estigmatización del gobierno y de la prensa (algo parecido con estos tiempos. El sentido crítico se reprime); pero el fruto de las largas jornadas de movilización y lucha se refleja en sus casas, en sus calles pavimentadas, en sus nietos jugando en el parque del barrio. Los primero habitantes sumaban 35 casas, hoy son más de 520 hogares.

De grandes historias como las del barrio el Porvenir y conociendo la situación actual de las diferentes Juntas de Acción Comunal, es necesario traer a colación la propuesta de la Plataforma Juvenil del municipio y del grupo Suacha, Memoria, Identidad y Territorio propuesta que remarca el carácter de los jóvenes en las elecciones a Juntas de Acción Comunal. Es momento de recuperar y socializar los espacios. Los grandes ejemplos de la Central Nacional Provivienda deben ser bandera en la construcción de procesos organizativos que permitan transformar la realidad de Suacha.

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