Más de 123 mil robos en un año: el hurto que no hace ruido en Bogotá
Datos de la Secretaría de Seguridad revelan que la mayoría de los robos en la capital ocurre sin violencia visible y en cuestión de segundos.
El robo a personas en Bogotá no siempre ocurre con amenazas o armas a la vista. En muchos casos, sucede en silencio y pasa desapercibido hasta que la víctima nota la ausencia de sus pertenencias. Durante 2025, esta modalidad fue la más común en la capital, de acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Seguridad.
Las cifras muestran la magnitud del fenómeno. En total, 123.393 hurtos a personas fueron denunciados en Bogotá durante 2025, lo que representa una frecuencia cercana a un robo cada cuatro minutos. El análisis de los registros indica que el 69 % de estos casos —equivalentes a 85.246 hechos— se cometieron sin el uso de armas, mediante modalidades como el cosquilleo y el raponazo.
Estas formas de hurto se caracterizan por su rapidez y por aprovechar entornos de alta congestión, donde el contacto físico facilita el accionar de los delincuentes y dificulta la detección inmediata del robo.
Transporte público y descuidos cotidianos
El transporte público concentra una parte significativa de estos delitos. Según el Reporte Trimestral de Seguimiento al Plan Integral de Seguridad, Convivencia Ciudadana y Justicia del tercer trimestre de 2025, el 46,6 % de los robos a personas en TransMilenio se ejecutó bajo la modalidad de cosquilleo.
Un análisis académico complementario evidenció que la percepción de seguridad puede convertirse en un factor de vulnerabilidad. El 70 % de los participantes identificó el celular como el objeto de mayor valor, lo que lo convierte en el principal objetivo del hurto. Además, prácticas consideradas seguras, como guardar el teléfono en bolsillos internos o en la zona del pecho, pueden fallar en contextos de congestión.
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El factor cognitivo también resulta determinante. Seis de cada diez personas reconocieron que el cansancio o el afán reducen su nivel de atención, una condición relacionada con que el 30 % de los hurtos ocurra en horarios nocturnos y de madrugada.
Más allá del momento del robo, el impacto se extiende a la vida cotidiana. El estudio identificó una alerta residual, reflejada en conductas defensivas persistentes incluso en espacios privados, lo que evidencia cómo el hurto silencioso modifica rutinas y percepciones de seguridad en la ciudad.
Foto: Archivo Periodismo Público







