Por: Oscar Rodríguez Ortiz:  rodriguezcastellabogadosc@gmail  –   @opinadorscar

Al inicio de todo gobierno territorial, el elegido debe estructurar su Plan de Desarrollo Territorial, teniendo como fundamento el Estatuto del Plan Nacional de Desarrollo (Ley 152 de 1994) que otorga solo seis meses para presentarlo, luego de seguir los pasos obligados de prepararlo, socializarlo, discutirlo con el Consejo Territorial de Planeación y someterlo a aprobación del Concejo Municipal.

A través del tiempo, hemos asistido a múltiples reuniones públicas, exposiciones sin invitados ni audiencia, “socializaciones” a destiempo y una serie de actividades y actos que solo pretenden llenar los “vacíos” de un buen plan de desarrollo para Soacha, con discursos de buenas intenciones, sueños y proyectos que nunca se cumplen y lo peor: que estas socializaciones del proyecto de plan de desarrollo se convierten en una extensión del discurso político de campaña del elegido.

¿Pero de qué temas se olvida el elegido y las personas encargadas de “echar el discurso” en las “socializaciones” del proyecto de plan de desarrollo municipal? 

Se olvidan que el plan de desarrollo debe establecer las prioridades a solucionar y la forma clara y precisa, con presupuesto en mano, del cuándo, cómo y de qué manera va a solucionarlas. Por lo tanto, el equipo de gobierno debe esforzarse en desarrollar dichas prioridades y estrategias siguiendo las indicaciones del elegido. Así las cosas, el plan es el resultado de un proceso de discusión, debate y concertación entre gobierno, ciudadanía y oposición, y de otro lado, el equipo de gobierno también debe concertar en su interior, hasta dónde puede cumplir las metas trazadas. Surge en estas instancias un fenómeno que la ciudadanía desconoce el cálculo de desgaste político. No podemos dejar de lado que el hasta ahora, equipo de gobierno, que ya sufrió una “baja”, además de lo técnico, le debe ayudar a construir gobernabilidad al elegido, toda vez que representan capitales electorales y su visión y prioridades también deben responder a los intereses que se mueven detrás del poder. Estos ítems no se encuentran en el plan ni se “socializa” a la ciudadanía, y sin embargo son la médula del trabajo del equipo de gobierno: una colcha de retazos con intereses disímiles y un solo propósito, mantenerse en el gobierno y perdurar en el poder. 

También hemos percibido que los planes de desarrollo han carecido del porcentaje apropiado de aprovechamiento, y de paso han perdido la oportunidad de hacer alianzas, ya sea con otros entes territoriales o con el capital privado en busca de recursos. En estos asuntos no se ha tenido la sagacidad de plantear asociaciones público-privadas a pesar de tener una realidad en Soacha: Somos muchos, solo unos pocos pagan impuestos, pero todos exigimos soluciones. Se debe entonces hacer gestión y así debe quedar plasmado en el plan, con todas las entidades departamentales, nacionales, de cooperación internacional o privadas que vean a Soacha como un aliado, no como una carga (nada del “hueso” del que hablaba el oligarca Peñalosa para referirse a Soacha). Lo primero, compartir posiciones, misiones y visiones y luego apropiarse de las prioridades que beneficien a Soacha y de esta manera generar prelaciones conjuntas que terminen siendo la ganancia para Soacha. 

En los últimos años nos hemos encontrado con proyectos de plan de desarrollo elaborados por “magos” contratados por altas sumas de dinero, recomendados por algún otro político o algún exburócrata, ahora desocupado, que no conocen este municipio y que copiando la “jeringonza” de los “pilares, desarrollos transversales”, etc., que contempla el DNP “descrestan” con sus cuadros, tortas, colorines, porcentajes, metas y mediciones de gestión con el prurito, de que lo que no se mide no existe como gestión y luego de llenar de versos, ideas e incluso acciones traídas de otros planes y de otros entes con desvergonzada “copialina”, desaparecen del municipio y dejan “embarcado” al elegido con el discurso político, con el verso y en la expectativa imposible de cumplir. Por esto es vital que la ciudadanía exija que su plan de desarrollo tenga metas claras, precisas en el tiempo, cumplibles, con presupuesto asignado, de manera tal que ese mismo ejercicio ayude a identificar responsables. 

La ciudadanía en general y la oposición en específico, deben saber que el elegido no es el Todopoderoso que va a sacar a Soacha de todos sus problemas. Corresponde a unos y otros estar conscientes que el plan de desarrollo es un documento que contiene el tratamiento de las estrategias que demanda múltiples frentes de trabajo consignados en el programa de gobierno. Por esto hablábamos de identificar a los responsables en cada área o temática de gobierno.

En este punto de responsabilidad, encontramos el núcleo de la administración-gestión: La complejidad para la coordinación del equipo de gobierno. De acuerdo a nuestras experiencias, coordinar como “reloj suizo” las actividades y acciones de gobierno traspasa la buena voluntad de los funcionarios y muchas veces, la “fibra política” hila los destinos del municipio, más que los planes de desarrollo en estos aspectos.

Vemos entonces que muchos funcionarios públicos respetan y hacen respetar su antigüedad, su carrera administrativa y sus competencias definidas por Ley. Otros, perfectamente alineados por su línea política, obedecen más a quien lo mantiene en la administración que a sus propios “jefes”, frenando en muchos de los casos la ejecutoria de las estrategias, de sus prioridades y de hecho obstruyendo la gestión del elegido. Es la oposición al interior de la administración.

Este tema ha sido de difícil solución en Soacha. Se han trazado rutas de implementación para el cumplimiento de las directrices que, desde el quinto piso traza el elegido junto a los riesgos consabidos de “desfiguración de la orden” sin resultados. Al final del túnel, a pesar de todos los consejos de gobierno que se realicen y todas las voluntades, siempre se tiene la incapacidad de visualizar las necesidades de coordinación entre secretarios, entre estos y los directores, y entre estos y sus subalternos, lo que conlleva a incurrir en errores y el desmadre de la administración.

Y lo importante a resaltar, olvidan que el alcalde se eligió por el programa de gobierno y que, de su cumplimiento depende la aprobación de su gestión. No podemos olvidar que en Colombia y para el tema eleccionario, prima como valor intrínseco el voto programático que se encuentra definido por los proyectos que se consignaron en los programas de gobierno y su incumplimiento lleva a la oposición y/o a los ciudadanos a solicitar ante las autoridades la revocatoria del mandato. Por medio del plan de desarrollo se llevan a la práctica las ideas y proyectos con los que el elegido pretende solucionar las problemáticas del municipio,  puesto que lo que no esté en los planes, es imposible ejecutarlo. Como lo dijo un concejal en la posesión de los corporados, ya no es hora del discurso político, la campaña ya terminó. 

Solo esperamos que el equipo de planeación, los asesores o los consultores que se contraten, apliquen las metodologías serias y aterrizadas, con una técnica real de la actual calidad de vida en Soacha, sin versos ni discursos ni rellenos de literatura, cartografía barata o cifras copiadas de otros planes de desarrollo para construir consenso, cohesión y un verdadero diálogo con la ciudadanía y con la oposición naciente con voz en el Concejo y en las calles de Soacha, debiéndose entender que usted, el elegido, es quien más debe conocer las prioridades de Soacha y que la “marca gerencial” que anunció en campaña,  debe cumplirla.