Por: Juan Miguel Méndez Molano

Más que entendible. El 50% del 42% de colombianos que sobrevive con menos de la mitad de un salario mínimo son jóvenes menores a 25 años. 56% mujeres. Una condición embriagada de incertidumbre por el futuro.

Los adultos a los que nos ha tocado luchar sin parar, recordamos que a esa edad nuestras venas hierven de sueños.  Es lo que veo en las calles por estos días. Al 50% de jóvenes de nuestro país temerosos por su futuro, con sueños limitados, movidos por una incertidumbre de miedo y desconfianza del mañana.  Algunos armados con ese sentimiento peligroso del que nada tiene que perder. 

Son una masa a la que la tecnología de redes moviliza con fluidez. El problema es que su hambre no le permite leer completamente los mensajes que les prende de ira y fuego; ni los propósitos ocultos del puño aferrado al encendedor. La serenidad del conocimiento y la técnica caleidoscópica es un alpiste muy devaluado en este tiempo. Abrumados por esa carrera paranoica de hacer sentir la voz sobre la razón.

La carrera de la movilización social se está volviendo un juego peligroso del que unos pocos sacan provecho.  Templan el caucho de la economía hasta el punto de que en cualquier momento se reviente sin retorno

El problema de las finanzas del país no es un tema de niños. Colombia ya debe más del 60% de lo que produce. El problema es que es una deuda en dólares que se cotiza diariamente por confianza. Una deuda en la que la mitad es para subsidiar las reivindicaciones de la movilización social que cubre solo al 20% de pobres, pero al 100% de los proselitistas. De ahí sostienen su poder.

Subsidios que no han solucionado ni solucionarán nada, porque el problema del país no es regalar plata al necesitado estrangulando al que la produce (que cada vez son menos). Es como si apretaran el cuello y no la ubre de la vaca para producir la leche que les alimenta.  Solo el 10% de los hogares del país gana más de $4,500.000 y el 1% más de $14 millones, según estudio de la Universidad Javeriana. Para ellos es que van dirigidas las reformas tributarias.  Celebramos la caída de esta reforma. Para pesar de la muchedumbre, es una celebración más real para los ricos que para los pobres.

Pienso entonces que la solución pasa por la reincorporación de ese 50% de jóvenes en la actividad económica y productiva, bien sea estudiando o trabajando. No es poniendo más impuestos, sino imponiendo más trabajo. No es regalando al fiado, sino repartiendo dividendos. Es entendiendo que todos podemos engranarnos en una sola empresa. Los ricos deben pagar mejor y los pobres trabajar mejor.

¿Cómo vamos a resolver ese problema?… Como lo ha hecho la humanidad y este país siempre que hemos tenido voluntad sincera para resolver los mayores desafíos: vacunando los odios, sepultando los muertos y haciendo acuerdo con los vivos.