No es el miedo de enfrentar al enemigo, sino el nerviosismo por la llegada de centenares de espectadores: soldados colombianos montaron un circo itinerante para divertir a los niños de Colombia, esta vez, el turno fue para las familias del municipio de Tibirita.


Esta vez el «Circo Colombia» abre su carpa multicolor en Tibirita (Cundinamarca, centro), un poblado de 3.000 habitantes próximo al lugar de origen de Gonzalo Rodríguez Gacha, uno de los capos del narcotráfico abatido en los años 1990.

Involucrado desde hace cinco décadas en un conflicto con miles de muertos, el Ejército colombiano es visto con temor y recelo en muchas partes, y el circo itinerante es una forma de suavizar su ruda imagen.

Son 17 uniformados que van cada semana por pueblos recónditos llevando una gran carpa azul y amarilla y que sustituyeron el camuflaje por el maquillaje.

La función comienza. Leonardo Santamaría, un militar retirado alto y fornido, se prepara para hacer malabares sobre un trapecio de cinco metros de altura frente a 800 personas. En plena maniobra se desestabiliza, pero el público igual lo aplaude.

«No somos artistas profesionales», dice a la AFP. «La gente sabe que el militar está preparado para otra clase de cosas».

Varios de los militares circenses han patrullado zonas donde operan las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), las dos principales guerrillas de izquierda fundada en los años 1960 y que todavía cuentan en sus filas con casi 8.000 y 2.500 combatientes respectivamente.

Bajo la carpa, la rutina de los militares es muy diferente a la de la guerra: malabares, ejercicios de equilibrio, canciones y obras de teatro. Los más jóvenes, que cumplen su servicio militar obligatorio, llevan el traje camuflado mientras lanzan bocanadas de fuego o saltan sobre varas encendidas.

«Entreno dos horas por técnica. Todo el día me la paso ensayando. Hago cuerda, malabares, trapecio de cabeza, soy acróbata», relata Santamaría.

«El circo es mi vida», asegura el soldado Daniel Borja, convertido el payaso ‘Cascabelín’, una de las estrellas de este espectáculo, que genera risotadas sobre el escenario con su nariz roja y su figura regordeta.

Varios de los pobladores que asisten a la función fueron traídos por la alcaldía de Tibirita en autobús, desde apartados parajes. Al llegar no esconden su extrañeza, pero los militares circenses aprendieron a convivir con ello.

«Al principio lo ven con susto, lógicamente. Soldados colombianos y un circo… ¿qué tienen que ver?», dice el sargento Óscar Francisco Yela, comandante del Circo Colombia.

Hace 20 años que la carpa multicolor recorre zonas donde los uniformados pueden causar miedo, y esta gira es especialmente oportuna. Desde hace varias semanas, el Ejército se ha visto sacudido por una serie de escándalos, vinculados a corrupción y ejecuciones extrajudiciales.

«Los soldados colombianos somos muchos, pero somos más los buenos» que los que «tomaron un mal camino», afirma el sargento Yela.

El esfuerzo del «Circo Colombia» da sus frutos. «Los soldaditos son muy lindos, me gusta la amabilidad, su atención», asegura Rosa Aldana, una campesina de poncho de unos 40 años.

Acaba la función y parte del público pasa al escenario. Todos aplauden. El maestro de ceremonias recita una oración por los militares caídos en combate mientras la carpa queda a oscuras.

Afuera, en el pueblo, otros militares patrullan fusil al hombro.

AFP