“Voto por el transporte pirata en Soacha”

Una de las ciudades más convulsionadas del país en materia de población, con todos los efectos que el amontonamiento de personas origina, no puede ser ajena al desorden del transporte ni a la guerra que se forma cuando cientos de personas buscan sobrevivir, aprovechando la ausencia de rutas formales en el casco urbano del municipio.


Sin importar el sitio donde se concentran los denominados “carritos piratas”, el problema es el mismo: ausencia de rutas formales que garanticen la movilidad de los residentes de la ciudad. Y claro, independientemente de que sea la estación de Transmilenio de San Mateo, el puente de Terreros, Mercurio, calle 13, parque principal, Unisur, Quintanares, La Florida, en fin, lo que se evidencia es que el municipio de Soacha no le presta atención a este grave problema.

Causa curiosidad que las autoridades hablen de operativos y fuertes controles al transporte informal o “pirata”, cuando ni siquiera son capaces de garantizar la prestación adecuada del servicio, y mucho menos habilitar unos corredores aceptables que ofrezcan seguridad a los automotores y sus pasajeros.

Resulta fácil para la Secretaría de Movilidad de Soacha y para la misma Policía de Tránsito salir a decir a los medios que a diario hacen operativos contra el transporte informal, mostrando cifras de comparendos, carros inmovilizados y vehículos llevados a los patios.

Pero lo que se les olvida es que esos “carritos piratas” son los que noche tras noche llevan a miles de pasajeros hasta sus residencias, prestando un servicio que por ley deben ofrecer las empresas de transporte municipal. Así las cosas, las autoridades tendrían que pensar primero en coordinar con los transportadores formales cómo habilitar el número suficiente de buses y colectivos para que la demanda sea coherente con la oferta.

Claro. En un Estado social de derecho, como el nuestro, las cosas deben hacerse legalmente, nadie discute eso, y mal haría un medio en promover la informalidad en cualquier aspecto, pero también es nuestro deber contar las cosas como son. Basta con salir cualquier día después de las 7:00 p.m. a Unisur, Mercurio, Terreros, etc. y preguntarle a quienes necesitan el servicio. De diez personas encuestadas, nueve están a favor de los “carritos piratas” porque son esos vehículos los que noche tras noche los llevan rápido y seguros a casa.

Es evidente la falta de vehículos y rutas formales de transporte en Soacha, con el agravante que el problema crece aceleradamente por la llegada diaria de decenas de familias al municipio. Entonces, si no existieran esos “carritos piratas”, ¿quién transportaría a las miles de personas que requieren el servicio a diario?

Por otro lado, buena parte de los taxis adscritos a las empresas de Soacha, prestan un servicio colectivo y no individual, como debe ser. Todos los días es fácil viajar desde la Autopista hasta Ciudad Verde, por ejemplo, en un vehículo amarillo por $1.000; entonces si vamos a ver y siendo justos, tan pirata es el vehículo particular como el taxi que presta un servicio para el que no fue creado.

¿Qué hacer entonces? Ante los hechos de los últimos días, registrados especialmente hacia Ciudad Verde, las autoridades no saben qué hacer y cómo solucionar un problema que parece habérsele salido de las manos. Los propietarios y conductores de los taxis amarillos armaron a comienzos de esta semana semejante protesta por un problema que también los compromete a ellos; bloquearon vías para rechazar el servicio que ofrecen los vehículos particulares, pero se les olvidó que ellos también están prestando un servicio pirata.

Aquí lo complicado es que los usuarios, que son los directamente perjudicados, quedan en la mitad de los intereses que tiene cada parte involucrada en este enredo. Por un lado protestan los taxistas, por el otro los particulares reclaman el derecho al trabajo y por la parte oficial, tanto la Secretaría de Movilidad como la policía de tránsito se basan en la legalidad, pero no solucionan absolutamente nada.

El enredo está vigente y no se ve con claridad cuál es la salida. Sería fácil si las empresas de transporte urbano contaran con el número de vehículos suficientes para ofrecer un servicio rápido y constante a todos los puntos de la ciudad, pero como están las cosas, eso es una falacia.

Y ¿entonces? La solución no se ve por ningún lado. Lo único que se evidencia es que a los habitantes no les importa si los vehículos son piratas o formales, porque finalmente lo que les interesa es llegar rápido y seguros a sus hogares. Y no se necesita ser mago para saber la respuesta de la mayor parte usuarios, al preguntarles por cuál de los dos sistemas votaría: “Yo voto por el transporte pirata”, respondió la mayoría.

Ahora el reto es para las autoridades, a ver si siguen con pañitos de agua tibia, o de verdad se ponen serias para buscar una salida que garantice la prestación de un buen servicio de transporte y una movilidad rápida y segura a todos los sectores de Soacha.