Amenazas de muerte, agresiones físicas y verbales, daños a su propiedad, desvanecimiento de su salud y angustia diaria, es lo que viven dos adultos mayores en el sector de San Mateo, Soacha.

La vida para los abuelos Álvaro y Rosa era bastante tranquila en el conjunto Los Nogales. Se llevaban bien con sus vecinos, gozaban de buena salud, aún con su avanzada edad, e incluso tenían rutinas de ejercicio para distraerse un poco, pero todo esto cambia con la llegada de un vecino con poca empatía hacia los demás.

El señor Hermelindo Jiménez llega a este sector a vivir con su pareja e hija, en lo que se considera el segundo y último piso de una pequeña torre, la misma donde nuestros abuelos protagonistas tienen su vivienda, pero en el primer piso. El carro del nuevo vecino es el detonante de los problemas que se viven en este conjunto. La pelea por un «parqueadero» no escriturado en los documentos es el inicio del caos para estos abuelos, pues el propietario del vehículo reclama el frente de la casa, ajena a él, como su zona de estacionamiento.

Al inicio solo se trataba de una mala convivencia entre vecinos, pero luego de una demanda por daños en propiedad ajena, siguieron problemas mucho más graves. La pareja se vio obligada a ir al médico, pues su salud pulmonar se deterioró. Álvaro y su esposa son pacientes diagnosticados con Epoc (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Él es hospitalizado tres veces seguidas en el Hospital San Carlos de Bogotá debido a un agravamiento pulmonar por los gases que elimina el exhosto del carro del vecino, quien lo parquea frente a la ventana que da a la habitación principal de los abuelos.  El Epoc es una enfermedad grave que incluye síntomas como dificultad para respirar, tos, producción de moco (esputo) y sibilancias.

Don Álvaro ya se estaba recuperando, sin embargo, el estrés y las intoxicadas de humo lo llevaron al Policlínico del Olaya y una quinta vez a la clínica San Luis de Soacha, todas por el agravamiento respiratorio. Este fue el mayor problema, pero no el único, porque el abuelo ha tenido que soportar otras complicaciones “menores” por parte del Señor Hermelindo y su pareja.

Todo esto se le manifestó a la Policía, Fiscalía e inspectora en sus respectivas denuncias, pues era bastante evidente que no solo por el respeto de la propiedad ajena se debía parquear el vehículo en otro lugar, sino por derecho fundamental a la vida y a la salud, era necesario que el dueño del carro buscara otro lugar para estacionar.  

Aun así, el señor Hermelindo siguió haciendo caso omiso al compromiso de no parquear nunca más el carro frente a la ventana de los abuelos, adquirido desde el 2016 con la Inspección Quinta municipal de policía.

El documento dice que en caso de que alguna de las partes incumpla con el compromiso, será sancionado, algo que solo se quedó en el papel porque a la fecha el señor Hermelindo sigue haciendo uso del espacio público que no le corresponde.

Álvaro expresa: “Uno le dice que no estacione ahí, vamos a hablar con la inspectora y nos dice que él es un paramilitar y que no le busquemos daños al cuerpo, que nosotros no sabemos quién es él; uno llama a la policía para que hagan cumplir la conciliación y no nos escuchan, nosotros tenemos medida de protección desde el año 2015”.

Tras llevar esta evidencia en un video-audio a la Fiscalía y solicitar alguna solución por la amenaza, una de las funcionarias respondió: “Ahí no se puede hacer nada porque no hay intento de homicidio, igual ellos no son líderes sociales, por lo tanto, no están públicamente expuestos”.

Tras este conflicto de 6 años, lo único que siempre se ha solicitado y se seguirá solicitando es que se escuche y se proteja la vida e integridad de estos dos abuelos, sobre todo teniendo en cuenta la prioridad que se les debe dar por su avanzada edad y condición.

De la misma manera se hace un llamado pertinente, justo y apremiante a las autoridades para que hagan respetar el acuerdo que se llevó por medio de conciliaciones con el fin de que el señor Hermelindo no vuelva a parquear su carro frente de la propiedad, y de la misma manera se haga cargo de los daños generados a la propiedad de esta pareja, y sobre todo, que se respete el derecho a la vivienda, a la paz y tranquilidad, a una vida digna y a la salud de estos dos adultos mayores.

Hasta el momento se han hecho varios llamados a las autoridades, pero estas se han mostrado totalmente indiferentes frente al caso, algo muy preocupante, pues podemos ver el poco reconocimiento y la poca atención que tienen este tipo de casos en Soacha, siendo vistos como un caso menor y afectando el tren de vida de sus habitantes.

Por Nicolle Ramírez.