Comparto con los lectores un interesante ensayo que escribí recientemente para un trabajo universitario, basado en la gran riqueza del país pero en la pobre mentalidad de sus habitantes. Un reflejo de lo que somos y la clara evidencia del actuar diario de quienes habitamos, no solo el municipio de Soacha, sino todo el territorio nacional.


Es normal para el colombiano escuchar a diario la palabra pobreza y compartir conversaciones que tengan que ver con la aparente difícil situación que se vive en el país. El presidente no sirve, se roban la plata, hay corrupción, el subsidio no llegó, no tenemos para comer hoy, todo está caro y hasta no hay nada que hacer, son algunas de las frases que reflejan la pobre mentalidad de los habitantes del segundo país más rico en biodiversidad y uno de los más fuertes del mundo en recursos naturales no renovables.

Sin embargo, si esa conversación se traslada a un extranjero, la respuesta es totalmente opuesta a quien se ha creído que vive en uno de los países más pobres del mundo. Cómo está Colombia?, mal, contestaría un colombiano. Pero la realidad es que el país está bien. El extranjero lo sabe, por eso viene, invierte y aprovecha todo el potencial de este amplio territorio. Claro que lo triste es que el colombiano nunca descubre que está en uno de los países más ricos de toda la tierra.

Esa pobreza mental y de espíritu, atada a una cultura transmitida a su vez de generación en generación, es retroalimentada por una clase dirigente dedicada a mantenerla a través de programas que permitan a la comunidad y a sus aparentes líderes, seguir convencidos que estamos en un país de pobres.

Muchos aventuran la hipótesis de que esa pobreza de espíritu y esa debilidad de carácter se deben a las características biológicas y genéticas de la población: sería, pues, la expresión de una fatalidad ineluctable y una incurable enfermedad que afecta al 95% de la población colombiana, y que harían de sus habitantes un pobre pueblo sin salvación y sin remedio. Más aún, se diría que las explicaciones son tan evidentes y tan sencillas que se requeriría malevolencia para creer que no es así.

Muchos textos de autores confirman que efectivamente hay una herencia colonial de mantener a la sociedad colombiana en la pobreza mental, incluso el ensayista del diario El Espectador, William Ospina, en una de sus columnas se atreve a manifestar que “cuando una sociedad no es capaz de realizar a tiempo las reformas que el orden social le exige para su continuidad, la historia las resuelve a su manera, a veces con altísimos costos para todos”. Y recalca afirmando que los más destacados hijos de la nación han sido sacrificados en el intento por cambiar la forma de gobernar y dirigir a su pueblo, y que el país sigue en manos de unos pocos que trazan políticas para mantener la pobreza mental de todos los colombianos.

Pero lo cierto es que sería más fatal no actuar y pensar que hay que seguir el juego de una clase minoritaria pero dirigente que es capaz de imponer sus intereses sobre un pueblo conformista y encerrado en su propia pobreza.

Si hay algo que nadie ignora es que el país está en muy malas manos. Si algo caracterizó a la sociedad colombiana desde los tiempos de la Independencia, es que sistemáticamente se frustró aquí la posibilidad de romper con los viejos esquemas coloniales. “Colombia siguió postrada en la veneración de modelos culturales ilustres, siguió sintiéndose una provincia marginal de la historia, siguió avergonzándose de su complejidad racial, de su geografía y de su naturaleza. Esto fue fruto del bloqueo de quienes nunca estuvieron interesados en que esa labor se realizara”. Y lo más triste es que ese bloqueo mental se transmitió a todo el pueblo, de generación en generación.

O entonces cómo explicar que países como Japón, con escasas tierras para sembrar, donde buena parte de la comida se produce en invernaderos, no tiene esmeraldas, minerales, bosques, ni recursos naturales, y su extensión es menor a la Amazonía colombiana, y donde en esa pequeña isla conviven 130 millones de habitantes, sea la tercera potencia económica del mundo.

Cómo explicar que Suiza, con apenas 41 mil kms cuadrados, menos que la extensión del departamento del Guaviare, donde sólo se pastorea cuatro meses al año, no tiene océanos ni yacimientos, y donde se necesita importar casi todo, sea una de las naciones más desarrolladas y estables económicamente del planeta?

Y cómo entender que Colombia, el segundo país con mayor diversidad biológica del mundo, 35 especies de plantas en todo su territorio, vertebrados, aves, reptiles, anfibios, peces, centenares de páramos, yacimientos de petróleo, carbón, oro, níquel, plata, platino, esmeraldas, café, gas, esmeraldas, frutas, verduras, dos costas, ríos, tierras cultivables, ganado y flores, tenga una mentalidad tan pobre y no figure en la economía mundial?.

Todo indica que el pecado colombiano es que esa pobre mentalidad de sus dirigentes, desde la época de la colonia, contagió a la gran mayoría de sus habitantes. Mientras los japoneses, suizos y otras sociedades europeas y norteamericanas aprendieron a ser disciplinados, solidarios, a trabajar en equipo, en Colombia hay egoísmo, se improvisa, no hay responsabilidad, falta mucha disciplina y aún permanece el mito de que existen razas superiores con mayor inteligencia y se menosprecia la capacidad de quienes nacen en el país.

Aprender a cooperar, la disciplina y el trabajo en equipo, fueron algunos de los aspectos que llevaron a los japoneses a apoderarse de las mejores empresas constructoras de carros, celulares, motos, televisores, radios y toda la electrónica mundial. No fue la inteligencia, fue la disciplina.

Y algo similar pasó en Suiza. Son eficientes, responsables, compiten con calidad, son disciplinados, aprovechan el tiempo al máximo y trabajan con la mentalidad de hacer los mejores productos, como los relojes suizos, los chocolates y los quesos. Uno de cada tres ratones de computador son suizos, uno de cada tres bolígrafos que se venden en el mundo también son construidos en este país, es uno de los líderes mundiales en la producción de máquinas textiles, ascensores, escaleras eléctricas y fabricación de trenes, son potencia en industria farmacéutica, los bancos ocupan la primera fila mundial y tienen la empresa de alimentos más grande del mundo: Nestlee.

En cambio, Colombia siendo uno de los países más ricos del mundo en biodiversidad y recursos naturales, hay pobreza, abandono, violencia y corrupción, solo por mencionar algunos problemas. Su empresa más grande (Ecopetrol) ocupa en el mundo el puesto 179 y el banco el 707, casi no genera valor agregado a sus productos, vende por volumen y exporta materias primas no transformadas, es decir, no participa en los eslabones superiores de las cadenas de producción que es donde está la comercialización y por ende los mayores márgenes de ganancias. No trabaja con productividad e innovación, por lo tanto es fácil mantener la pobreza.

Pero el problema se superaría si la actitud del colombiano cambia. Aquí vale la pena recomendar la fábula del Pato y el Águila: Los patos hacen bulla y se quejan, las águilas se elevan encima del grupo y triunfan.

Tristemente Colombia es un país rico que vive en la pobreza. Pareciera que generar pesar da plata. Se enseña y se transmite que hay pobreza, las donaciones la alimentan y lo peor es que la gran mayoría así lo cree.

Entonces, qué falta?. Es necesario que el colombiano descubra que está en uno de los países más ricos de toda la tierra, que debe cambiar de mentalidad, dejar de depender de las míseras ayudas del Estado, cooperar, trabajar en equipo, creer en la riqueza que tiene el territorio; que aquí no hay pobreza, lo que hay es mentalidad pobre; que Colombia lo tiene todo, lo que hay es que saberlo aprovechar; que aquí abundan los recursos, lo que hay es que transformarlos; no basta la creatividad, se necesita disciplina; los aportes individuales son importantes, pero hay que trabajar en equipo; la envidia hay que enterrarla y sacar a relucir la solidaridad; hay que actuar en vez de alimentar la queja y la crítica.

Apoyos : La franja amarilla de William Ospina

Video Youtube: ¿Por qué los Colombianos somos pobres?