Mientras en gran parte del territorio nacional la situación entre las organizaciones sociales-gremiales y las autoridades gubernamentales es de malestar y alta tensión, en Zipaquirá la armonía y entendimiento entre las partes constituyen la nota característica del Paro Agrario, pues Obispo y Alcalde municipal acompañan la protesta.


Monseñor Héctor Cubillos Peña, Obispo de la Diócesis de Zipaquirá, fue el encargado de abrir la jornada en la Plaza de Los Comuneros con una homilía por el bienestar de los productores de leche seriamente afectados por la entrada en vigencia de una serie de Tratados de Libre Comercio mediante los cuales el país viene siendo inundado de lactosueros, leche en polvo y quesos, entre otros derivados. Monseñor, reconoce la ruina para cerca de 500.000 familias, en su inmensa mayoría pequeños productores de leche.

Posteriormente, el burgomaestre local, Marco Tulio Sánchez elevó plegarias para solucionar la situación, pues el mandatario se encuentra preocupado por la suerte del sector lechero, uno de los pilares de la economía regional.

Luego la vocería fue llevada por los representantes de la comunidad que a raíz de la permanente caída en los precios que intermediarios y pasteurizadoras pagan por la leche, se dieron a la tarea de encontrarse y buscar fórmulas a través de las cuales tratar de hacerle saber al gobierno nacional que también atienda sus necesidades y reclamos. Después vino la caminata por las principales calles de Zipaquirá, uno de los principales centros turísticos del país. Bajo el lema “¡Con la leche no se juega!”, hombres y mujeres de todas las edades, pequeños y medianos productores, con su caminar se sumaron al Paro Agrario para tratar de voltear la atención del gobierno y la opinión pública hacia la lechería.

Así lo confirmó Miriam Sierra, quien a lo largo de los últimos 27 años de su vida se ha dedicado a la actividad lechera en la zona alta de Zipaquirá, hoy asiste al derrumbamiento de su patrimonio y el de su familia, por cuenta de los Tratados de Libre Comercio que vienen inundando el país de lactosueros y leche en polvo, entre otros derivados. «Lo más triste es que dichos productos provienen de naciones cuyos gobiernos ofrecen generosos subsidios y asistencia a sus lecheros, algo que en nuestro país no ocurre», explicó la manifestante.

Por su parte, para Luis Alfonso Calderón, presidente de la organización de lecheros de Zipaquirá y La Sabana, «la situación no da tregua: el gobierno está en la obligación de atender las demandas de los campesinos de todos los gremios como una manera de allanar caminos hacia la solución real de los problemas que amenazan con arruinar la economía de los agricultores y empresarios medianos y pequeños».

«Al fin y al cabo, la leche continúa siendo pilar de la dieta humana. El problema es que ahora una botella de agua es muchísimo más cara que una de leche, y peor aún si se trata del productor: en promedio el litro de leche “cruda” se lo pagan a $800,oo el litro, con tendencia a la baja en caída. Y con la entrada en vigencia de los TLC se ha llegado al extremo de pagarla a $450,oo el litro. Si no es que las pasteurizadoras no la recogen, por exceso de existencias gracias a los TLC».