La expectativa por la suspensión y eventual sanción disciplinaria e incluso penal del alcalde Martínez Tarquino, acapara la atención de la opinión pública, los sectores políticos que lo han rodeado a lo largo de su cuestionada gestión, y sobre todo de las fuerzas de la oposición, que desde el mismo día viernes, luego de celebrada la audiencia donde se le dictó la suspensión temporal del cargo y la detención domiciliaria, estos últimos han celebrado carnavalescamente la decisión parcial de la justicia.


Y mientras la ruidosa y beoda celebración se desarrollaba, liderada y patrocinada por los concejales de la oposición Héctor Cuesta Mora, César Rico Mayorga, Nelly Cubillos Bello, la noticia se regaba como la pólvora que lanzaron en la celebración eufóricos seguidores y algunos funcionarios públicos de la administración, violando de paso la prohibición de su uso en pleno parque principal.

La grotesca escena alcanzó su mayor grado de éxtasis etílico cuando la presencia de una banda musical se hizo presente en el lugar, lo cual podría anticipar lo que se viene de ocurrir que la oposición llegara nuevamente al poder.

Por su parte la opinión pública simultáneamente hacía llegar sus impresiones en pro y en contra de la decisión judicial a diferentes medios; unos comentarios en la red destilaban un desquiciado resentimiento, y otros imploraban al cielo y lamentaban la adversidad de su líder, que la ven más como fruto del rencor y la venganza, que no es menos cierto, que como resultado de las equivocadas decisiones del primer mandatario.

Ahora bien, el asunto de fondo y sobre el que muy pocos advierten claramente las implicaciones que están detrás de estos hechos que podrían tener graves consecuencias para el incierto futuro del municipio, es la pregunta que seguramente todo el mundo se ha hecho: quién sucedería al actual mandatario si lo encuentran responsable y es destituido?

Varios grupos de poder no solamente político sino sobre todo económico, están en la puja por ubicar sus fichas claves al frente de la administración pública de Soacha en lo que resta del periodo.

Pocos fueron los sorprendidos, no por la sanción que quizá ya se esperaba, sino por la celebración con que se festejó el pronunciamiento de la fiscalía. Se pensaba que la cordura, la sensatez, la responsabilidad y una actitud racional fueran las expresiones que el inconformismo de la oposición expresara con todo derecho después del fallo. Sin embargo ocurrió todo lo contrario, y sobre todo, provino de los concejales que se supone han tenido alguna formación intelectual y ética pero sólo reflejaron su odio visceral que raya con la sevicia y la venganza.

Y quienes finalmente van a ser los verdaderos perdedores son todos los habitantes del municipio, raizales o no, por que aquí no se trata de hacer expresiones de falso regionalismo barato, que a lo único que conducen es a estimular la confrontación abierta con todas las graves consecuencias que estas expresiones puedan traer para el municipio.

La opinión pública, los ciudadanos, la gente del común no debe olvidar que Soacha en términos electorales es un escenario estratégico porque el volumen de su votación puede definir ampliamente la elección de un gobernador y numerosos diputados en la próxima coyuntura electoral. De tal manera que desde el presidente Juan Manuel Santos en adelante, pasando por el ministro del interior y de justicia Germán Vargas Lleras, el gobernador Andrés González Díaz, el ex contralor Julio César Turbay Quintero, los directores de los partidos liberal, de la U y Cambio Radical así como poderosos interés económicos particulares, tienen toda su atención puesta en Soacha.

Para el presidente Santos Soacha tiene un valor estratégico en diferentes aspectos pero uno en particular tiene vital importancia; y es el que tiene que ver con el tema de vivienda, que como se sabe, ya está siendo objeto de un macro proyecto de interés social que le representará altos dividendos políticos y electorales en los próximos años, así como extraordinarias utilidades a los poderosos grupos constructores que forman parte del mismo.

Al ministro del interior y de justicia Germán Vargas Lleras no le vendría nada mal que su partido recuperará, a pesar del oscuro y cuestionado liderazgo de su jefe local, una de las 10 plazas políticas más importantes del país en términos electorales de cara a sus aspiraciones presidenciales dentro de cuatro años. Quizá el mayor problema para el ministro del interior y de Justicia sea la persona de su partido que pudiera asumir los destinos del municipio en lo que resta del periodo porque un eventual apoyo a Fernando Ramírez podría ser una derrota anticipada a las futuras aspiraciones presidenciales del actual ministro.

No menos pretensiones tiene el gobernador de Cundinamarca quien tiene como candidato propio a Alex Rodríguez, hombre de su entera confianza a la alcaldía de Soacha en el caso de una eventual destitución de Martínez Tarquino. Es indudable el interés del gobernador en el municipio por que si asegura su control, significaría contar con un apoyo crucial a su propio candidato a la gobernación.

El otrora fortín de caciques liberales, proclives al viejo y decrépito turbayismo, también es codiciado por el ex contralor y ex delfín Julio César Turbay Quintero, quien tiene serias aspiraciones a la gobernación del departamento con lo cual una eventual y efímera alcaldía para hacer campaña en Soacha, no le caería mal a sus pretensiones políticas.

Por su parte el partido liberal, el más afectado en su pretérito y nostálgico prestigio, no está menos interesado en que uno de sus miembros pueda ser nombrado en reemplazo del primer mandatario, pues no se resigna a perder su plaza más importante del departamento y una de las más importantes del país.

Pero detrás de esta avalancha incontrolable de voraces e insaciables apetitos electorales y presupuestales, se parapetan y camuflan poderosos y reconocidos nombres de hombres de “negocios” como Carlos Delgado y otros, cuya puja, como en las subastas públicas, no conoce reserva, recurso ni descanso para llegar al control del poder de una administración que les depararía extraordinarios y multimillonarios dividendos en caso de que sus candidatos de bolsillo conquisten el poder.

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