Cualquier desprevenido soachuno que se pregunte qué es la Policía, encontrará de inmediato en un diccionario o una enciclopedia, que es una organización interna de un Estado o colectividad en que se cumplen las leyes establecidas para su mejor gobierno.


Pero si su curiosidad está relacionada con el Derecho Administrativo, le dirán que es la actividad del Estado encaminada al mantenimiento del derecho de la seguridad y del orden público, tal como los entienden las leyes y el ejecutivo del mismo Estado.

Si se trata de un simple curioso, también de Soacha, se le dirá que es el “Cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del poder público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades públicas.”

Pero por qué entro en este tipo de disquisición? Naturalmente, ni el común de las gentes, ni el más culto de los habitantes de mi lejana tierra, ha visto cumpliendo con las obligaciones que le impone la ley a quienes el Estado les ha investido de Policías, ni tampoco cumplen las obligaciones que ella les señala, cuando dispone que “……La policía nacional es un cuerpo armado permanente de naturaleza civil, a cargo de la Nación, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz…..”

“Es un cuerpo armado permanente, de naturaleza civil, encargado de mantener y garantizar el orden público interno de la Nación. Instituido para proteger a todas las personas en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades. Constituida con régimen y disciplina especiales.”

Por qué he mencionado a la Policía Nacional que debe vigilar y cumplir con todas sus obligaciones en nuestro Municipio? Sencillamente, porque encontré en este mismo periódico, hace un par de días una información que decía lo siguiente:

“A todas las situaciones de inseguridad que se presentan en diferentes sectores del territorio, los crecientes índices de delincuencia y las constantes denuncias de la comunidad en esta materia, ahora se suma otra modalidad de robo, pues los delincuentes usan escopolamina para poder hurtar los negocios ubicados en el centro del municipio.”

“Así sucedió en un establecimiento de la carrera 7 con calle 14 cuando a las 11:30 un individuo adormeció con escopolamina a una empleada del lugar para llevarse cerca de $3´500.000 producto de la venta de la semana y a plena luz del día, y a escasas cuadras de la Estación Centro de Policía.” Dos cuadras y media de la tal Estación y a dos cuadras de la Alcaldía, agrego yo.

Y quién debe responder por esta situación de inseguridad que vive Soacha a ciencia y paciencia de quienes están en la obligación de impedirla?

Pues, además de la Policía, cuya obligación le impone la Ley, el Alcalde Municipal que, también por mandato de la misma ley es la `primera autoridad de policía del Municipio’, y que aquélla deberá cumplir con prontitud y diligencia las órdenes que le imparta la primera autoridad municipal, por conducto de su Comandante, dentro del plan acordado para la vigilancia y control de los maleantes de la localidad.

Qué habrá que hacer para que el imperio de la ley y el cumplimiento de la misma se dé estrictamente a través de la vigilancia y persecución de los delincuentes por la Policía? Sencillamente que el Alcalde recuerde que es el Jefe de ella y que debe dar las órdenes pertinentes para la campaña a desarrollar, a través del Comandante local, y se termine así, como debe ser, con el imperio de la delincuencia de todo orden, que se observa por cualquier calle que se transite.

No creen ustedes, apreciados compatriotas, que es la oportunidad para que desde el Concejo se cite al Secretario de Gobierno para que informe en dónde está el origen de la inseguridad que vive Soacha, desde tiempo inmemorial, sin que nada ni nadie imponga la ley y se acabe de una vez con semejante infamia?

Por qué jamás se han dado pasos grandes y efectivos para acabar con esa inseguridad que asfixia a Soacha, lo mismo que por impedir radicalmente con la venta de droga, por todas partes de la jurisdicción soachuna, en sitios y con personas ampliamente conocidas por la comunidad?.

O de permitir a ciencia y paciencia la existencia del pillaje por cualquiera de las calles. O impedir por las autoridades pertinentes, los atracos en los buses, especialmente en las horas de la noche o, aún, a plena luz del día, como del que fue víctima este humilde servidor, hace muy poco tiempo.

Todas estas cosas requieren una solución radical, pues solo por épocas se hacen algunas reuniones en la Policía o se pasan informes al Concejo, pero de soluciones nada. O sí?

No es posible que no se encuentre solución por parte de las autoridades, a este cáncer social que representa la inseguridad y, entonces, la gente de bien tenga que decir apaga y vámonos, o recordar con don Miguel de Unamuno aquello de que “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.” O que parodiando un tanto al periodista español don Manuel Rivas, haya que decir: En cuanto a la política de seguridad en Soacha, se ha llegado a lo ideal: No existe.

joseignaciogalarza@yahoo.es