La violencia policial fue el pitazo inicial con el que arrancó la Copa del Mundo en Brasil. La pelota rodó y el espacio público fue un duro partido contra el estado, el cual dio órdenes de subir la defensa militar en São Paulo, escenario de debut de la selección y las ciudades de Belem, Brasilia, Belo Horizonte y Río de Janeiro.


Los manifestantes denunciaron la violación de los derechos durante los preparativos para la Copa Mundial, poniendo sus peticiones y reclamos en el ojo del huracán de los medios de comunicación internacionales, que acompañan de cerca todos los movimientos. Mientras se combate a este “Gran Hermano”, ávido de imágenes de los enfrentamientos, se pierde la oportunidad de celebrar la madurez de nuestra democracia, evitando la excesiva represión de los movimientos. Las imágenes, sin editar y provenientes de diversas fuentes, muestran claramente la forma en que la violencia del estado y de sus actos represivos actúan diariamente en todo el país. Mostramos al mundo, sin maquillaje ni máscaras, que aquí tenemos la peor policía: la Policía Militar Brasileña.

En São Paulo un pequeño grupo de manifestantes contrastaba con la gran masa de periodistas y medios de comunicación libres, con sus cámaras y equipos de seguridad. Camarógrafos y “black blocs”, sindicalistas y periodistas: todos rodeados por la policía antidisturbios y afectados por los gases lacrimógenos, balas de goma y bastones de mando. Los periodistas extranjeros sintieron el sabor más común de las calles de Brasil, con notas de pimienta lacrimógeno.

Al menos dos profesionales de CNN resultaron heridos, un argentino de Associated Press y un camarógrafo de SBT. En ocasiones la zonasigue ocupada por los “black blocs”, en apoyo a los trabajadores del Metro despedidos por el Gobierno de São Paulo después de la huelga. Acorralados por la policía, los grupos parecían desfogar la tensión del momento con acusaciones mutuas, errores útiles sólo para el control de la Policía Militar.

La Policía de São Paulo ha evacuado con violencia a los manifestantes que protestaban en la estación de metro de Tatuapé. En Anhangabau, muchos fanáticos se quedaron fuera de la Fan Fest, llevada a cabo en el espacio público pero con todos los lugares vendidos.

En Río de Janeiro dos actos se unieron en Candelaria, cerca de 4000 personas marcharon pacíficamente en la Avenida Río Branco y Lapa. Al final de la trayectoria la policía dispersó el acto de forma abusiva y violenta, con muchas investigaciones y detenciones. Por el momento la pelota rodó en las pantallas, las calles de Copacabana se dividieron entre «no habrá copa” y el público que fue a la Fan Fest en la playa. El encuentro de las diferencias; entre un gol en contra y ganar el juego, las fricciones y tensiones entre los partidarios y los manifestantes hicieron el ambiente en la costa.

Belo Horizonte, ciudad minera, marcada por los enfrentamientos más tensos durante la Copa Confederaciones, no quedó fuera de lugar. El excesivo contingente de la policía, sumado a la acción directa de los “Black Blocs” dió inicio a un clásico partido de “Fútbol de gas lacrimógeno” con escenas de disparos de bombas de gas en un juego desventajoso: por un lado el aparato militar del estado, por el otro, hondas, piedras y canecas rotas.

Porto Alegre, Brasília y Belém también han tenido levantamientos contra la FIFA, creando agitaciones de norte a sur en el estreno de la selección.

Las protestas en las calles no sólo son en contra del gasto excesivo en las obras de la copa, son en contra de las grandes corporaciones y su acumulación depredadora, una verdadera amenaza para la sostenibilidad del planeta.

No sólo son contra la represión policial y la violencia, sino que requieren detener el genocidio de los negros y los pobres en los barrios marginales y la desmilitarización de la policía con la aprobación de la PEC 51.

No sólo son para denunciar la dictadura mediática que vive el país, pero guiada hacia una comunicación democrática, con la regulación de los medios de comunicación en relación con el interés público y su función social.

No sólo son contra el caos en el transporte público, los terribles servicios comparados con los precios por las nubes, buscan una política de movilidad eficaz, que haga tener sentido a la ciudad.

No sólo son fundamentales para el déficit democrático y la distancia entre los partidos políticos y la sociedad. Rediseñar la arquitectura del sistema político nacional, la reforma política y la Constituyente exclusiva.

No son solamente contra las mafias de los planes de salud y de la educación privada. Soñar con una salud pública y educación pública y gratuita de calidad con la difícil tarea de remover a Brasil del vergonzoso 85 puesto en el ranking global de Desarrollo Humano.

Finalmente, no son solo en contra del racismo, el machismo, la homofobia y la transfobia. Hay que crear un entorno capaz de poner fin a la violencia y el odio que nace de los prejuicios. Reclamar para el aumento de los derechos civiles, la reducción de las desigualdades, castigando al prejuicio. Por una cultura de paz y convivencia para poner fin a la guerra contra los pobres y la guerra contra las drogas impuesta por la prohibición y la violencia represiva.

No es solo en contra de la Copa del Mundo, es por los derechos de los ciudadanos.

Traducción Pilar Parada

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2014-06-19

Imágenes tomadas por periodistas de Ninja Media.