La desfachatez de los expendedores de droga en este sector de la comuna uno de Soacha es tal que los jíbaros se disputan los clientes de una manera poco ortodoxa y que se sale de lo común. La preocupación también se centra en los parques del barrio porque los niños no pueden salir a hacer deporte.


Cuenta Álvaro Zapata que ya no puede ir con su hijo a las canchas del barrio Ducales porque el miedo a tener que enfrentarse con los jóvenes que inescrupulosamente distribuyen drogas sin importar quien los observe, hace que prefiera quedarse con él en su hogar en vez de exponer su integridad y evitar ser agredido, atracado o amenazado por estos individuos.

“Yo prefiero salir con mi hijo a otros lados porque aquí son muy pocas veces las que se puede salir con tranquilidad, prefiero que practique deporte en un lugar distinto porque uno no sabe cómo esos muchachos lo pueden arrastrar a consumir drogas. Lastimosamente este es un tema que no solo nos toca a nosotros, sino que en todo el país se ve cómo los jóvenes se disputan el control territorial de un barrio”, dice el señor Zapata.

“En los polideportivos los niños no pueden jugar tranquilamente porque ahí mismo llegan cinco, seis o siete tipos a consumir drogas y se convierte en un mal ejemplo, o buscan inducirlos. Incluso he visto en ocasiones cómo la policía acompaña a los niños de los colegios para que puedan hacer sus clases libremente sin que tengan un jíbaro ahí detrás”, indicó Gustavo García, habitante de Ducales primer sector.

Hay que decir que así como en los parques, es común ver desde tempranas horas de la mañana y en cualquier esquina del barrio a varios jóvenes que se estacionan allí, disputándose incluso los clientes a los que se les vende la mercancía con la que trafican; así al menos lo ha manifestado la comunidad consultada acerca de esta situación. No obstante, la gente también reconoce que la policía realiza recorridos periódicos por el barrio en la medida de sus posibilidades.

“Hace como tres semanas atracaron a unas muchachas del SENA y en los colegios el tema es igual, por ejemplo hay niños que viven lejos y cuando salen es un peligro porque muchos de los padres trabajan y no tiene tiempo para venir al barrio a recogerlos, entonces es un gran riesgo que corren para que sean robados o inducidos a consumir drogas”, señaló un vecino del barrio.

El descaro de los expendedores es tal que algunos vecinos del sector afirman que estos individuos se disputan a los clientes como si se tratara de un supermercado con sus respectivas impulsadoras, ya que cuando llega alguien interesado en la mercancía, los jíbaros salen corriendo hacia el cliente para que este le compre el producto al que primero llegue y ofrezca de sus “servicios”. Lo grave de la situación es que estas escenas se repiten en muchas esquinas del barrio sin que exista una posibilidad real de controlar y persuadir a estos personajes para que dejen de realizar este tipo de actividades.

No sobra decir que la comunidad, como es bien sabido, solicita a gritos la presencia de la administración municipal y de entidades como el SENA, para que por medio de sus programas acojan a las personas que están tomando un camino que a futuro podría convertirse en un laberinto sin salida.