Produce un agradable aroma al arder y crea un ambiente místico. El espiral de humo subiendo hacia el cielo se ha querido ver como un reflejo de la actitud de oración y de la elevación de la mente hacia la divinidad.


Metáforas aparte, lo cierto es que el incienso está ligado a la historia sagrada desde tiempos remotos. No en vano, es uno de los presentes que los Reyes Magos entregaron al Niño Jesús en el portal de Belén y estos regalos no están elegidos al azar. Le llevaron oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre, pues esta última se utilizaba para embalsamar a los difuntos.

El episodio relativo a los Reyes Magos quizás sea el más conocido pero en la Biblia hay muchas más referencias al incienso. Una de ellas está reflejada en el Evangelio de Lucas y narra el momento en el que el ángel le anuncia a Zacarías el futuro nacimiento de Juan el Bautista.

Zacarías y su esposa Isabel no tenían descendencia y ambos eran ya “de edad avanzada”. Según cuenta el evangelio de Lucas, un día mientras Zacarías “ejercía la función sacerdotal, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras hacía la ofrenca. Entonces se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el ángel le dijo: ‘No temas, Zacarías, tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan’”.

La iglesia católica utiliza el incienso en distintos momentos en la celebración de la misa.

De hecho, los expertos de ACI Prensa (antigua Agencia Católica de Informaciones en América Latina) señalan que el Misal Romano sugiere el uso de incienso durante la procesión de entrada y al comienzo de la misa para incensar el altar, en la proclamación del evangelio, en el ofertorio y en la consagración.

Durante la Semana Santa, se quema en varias ocasiones a lo largo de la liturgia. Una de las más sobrecogedoras tiene lugar durante los oficios del Jueves Santo. Ese día, el sagrario del altar mayor debe quedar vacío y las formas consagradas se custodian en un sagrario o urna en otro lugar de la iglesia.

Los especialistas de la parroquia Beato Álvaro de Córdoba (sur de España) comentan que las normas litúrgicas establecen que “terminada la oración después de la comunión, comienza la procesión, presidida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la que se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hacia el lugar de la reserva”.

Esta sustancia es, también, un elemento muy destacado en las procesiones, donde envuelve a las imágenes en una nube de solemnidad y misterio. De hecho, el olor del incienso impregna las calles de muchas ciudades en esta época del año.

Su inconfundible aroma ha llevado a dos emprendedores a crear un ambientador inspirado en el incienso que se utiliza en las procesiones de Semana Santa. El producto, que se comercializa bajo el nombre de “santo aroma”, puede encontrarse en tres formatos: espray para el hogar, colgador para el coche y varitas para quemar.