Como en la canción del artista venezolano Franco de Vita, «No Basta» que al presidente Uribe el gobierno norteamericano le haya dado ayuda económica por 8 mil millones de dólares denominada “Plan Colombia” para derrotar el narcotráfico, el terrorismo, afianzar la paz, la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social.


No basta la asesoría de los organismos de inteligencia norteamericanos como la CIA, la DEA, y el FBI en la lucha contra el narcotráfico, el paramilitarismo y el terrorismo como tampoco le ha bastado el entrenamiento que reciben en la «Escuela de las Américas» los miembros de las fuerzas armadas colombianas en materia de lucha contra el tráfico de estupefacientes así como los cursos intensivos de inteligencia estratégica para derrotar el terrorismo.

No basta al presidente Uribe Vélez la introducción de la más moderna tecnología bélica para poder derrotar el poder del narcotráfico, el paramilitarismo y a las “FARC”.

No basta que su gobierno haya desarrollado y esté incentivando políticas de delación y de traición entre los miembros de los grupos terroristas, como suelen llamar a las “FARC” desde el 11 de septiembre de 2001 para poderlos derrotar.

No basta la implementación de la política de reinserción de los grupos paramilitares en los programas de paz que adelanta su gobierno para debilitar las estructuras.

No basta concitar y convocar el “75%” de la opinión pública para legitimar dolosamente la segunda reelección.

No basta pretender desconocer el Estado de derecho y tratar de imponer la teoría del «estado de opinión» como ya ocurrió con las viejas pero aún vigentes doctrinas fascistas europeas para legitimar tendencias autoritarias y mesiánicas usurpando de paso la responsabilidad y legitimidad de los poderes públicos.

No basta con pretender imponer pseudoteorías como la mal llamada “estado de opinión” usurpando la soberanía del pueblo como tampoco le basta valerse de las prácticas corruptas a través de numerosos funcionarios del Estado de todos los niveles para asegurar su continuidad en el poder.

No basta que un alto porcentaje de congresistas que “lo ayudaron” en su primera reelección, hoy estén investigados condenados y sentenciados por delitos que van desde el cohecho hasta vínculos con el paramilitarismo y crímenes de lesa humanidad.

No basta que los organismos de inteligencia del Estado como el DAS o el ejercito estén involucrados en los más aberrantes casos de corrupción, abuso de poder, infiltración del narcotráfico y el paramilitarismo al interior de sus estructuras de poder.

No basta además que los funcionarios más cercanos a los círculos del poder ejecutivo estén involucrados en visitas subrepticias a la “Casa de Nari” o estén tras las chuzadas, los seguimientos y la vigilancia a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, a los miembros de la oposición, a varios candidatos presidenciales, a periodistas, a intelectuales.

No basta el haber extraditado paramilitares y terroristas para ser juzgados por la justicia norteamericana, poniendo de paso en duda la soberanía y capacidad de nuestra laxa pero propia justicia.
Y como si esto fuero poco, no basta al presidente Uribe con dos periodos presidenciales para aclimatar la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social.

En vista de que al presidente Uribe todo no le ha sido suficiente, resolvió, contra la voluntad de la nación, usurpar la soberanía del pueblo y terminó por ceder parte de nuestro territorio al imperialismo norteamericano para la instalación de bases militares dotadas del más sofisticado armamento, hombres y tecnología con el fin de ejercer control e intervenir en nuestro conflicto interno así como usar nuestro territorio para ejercer control y también intervenir sobre los países del área donde se han desarrollado importantes cambios sociales, y políticos en forma democrática y pacífica como ya lo demostró recientemente la experiencia del golpe militar en Honduras.

Mas grave aún resulta el hecho de que las acciones que lleven a cabo las tropas y los “contratistas norteamericanos”, gozarán de protección e inmunidad diplomática, nuestra justicia no tendrá jurisdicción sobre las zonas donde están dichas bases, y menos se podrá ejercer control sobre toda la gama de operaciones de inteligencia, maniobras, entrenamiento en tácticas de guerra, tortura, conspiración, sabotaje, control y vigilancia de cuanta protesta social tenga como escenario el país o nuestro países vecinos.

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