Transmilenio nació como una solución a la movilidad de los habitantes de Soacha. Sin embargo fue necesario esperar más de 10 años para que el servicio llegara sólo hasta San Mateo. Esto obligó a que las personas que residen en sitios como San Carlos, San Humberto, Compartir o Sibaté tengan que pagar un pasaje adicional por la falta de los buses alimentadores.


Transmilenio.soacha

Transmilenio.soacha

Cuando se planteó el proyecto que acogería al municipio, se tenía un dato estadístico del DANE que serviría como base para asignar el número de articulados, crear las estaciones y definir los horarios, pero desde el comienzo surgieron problemas como retraso en las obras, corrupción y construcciones erróneas que se reflejaron en el taponamiento de las vías por inundaciones.

Finalmente y después de 10 años se inauguró el sistema a “medias”, porque se hizo con unas estaciones reducidas y sin el servicio de alimentación. Y como si fuera poco, lo que se pensó que era la solución se convirtió en un dolor de cabeza: filas interminables, peleas entre usuarios, bloqueos, demoras en la frecuencia de los buses, alta congestión, intolerancia, falta de cultura ciudadana y utilización del carril exclusivo por parte de los vehículos particulares.

Adicionalmente la autopista sur, que comunica a Soacha con Bogotá, se convirtió poco a poco en un infierno para los habitantes y personas que tienen que usar esta ruta como salida desde el municipio hacia la capital y viceversa.

“Desde que el sistema Transmilenio esta acá en Soacha, la movilidad se nos ha vuelto un problema, la congestión de los vehículos forma trancones interminables, uno tiene que salir de la casa dos horas antes para poder llegar a tiempo al trabajo; y si usa el servicio tiene que aguantarse las eternas filas porque no hay muchos articulados”, dijo Luz María González, habitante del municipio desde el 2003.

“El problema pensaría yo es por la falta de dinero, hay sobrepoblación en Soacha y eso obstruye el sistema, no hay suficientes buses y como si fuera poco hay estaciones dañadas que no facilitan el servicio, me parece una falta de respeto para con nosotros los habitantes que tengamos que aguantarnos la corrupción de Bogotá aquí en el municipio, sin mencionar las altas tarifas que pusieron este año”, sostuvo Andrés Batistuta, residente en el municipio desde el año 2000.

Los transeúntes que se mueven desde la capital hacia el municipio todos los días también consideran que Transmilenio no fue la solución esperada por años.

“Esta es la movilidad de la capital colombiana. Sin importar la hora, la Autopista es una de las avenidas más importantes de Bogotá y siempre se encuentra con alto flujo vehicular. La imagen nos muestra la realidad de los habitantes, un diario vivir lleno de estrés, rabia y hasta desesperación. ¿Por qué no se verá ninguna bicicleta en medio de tanto tráfico?”, agregó Carlos Piñeros, estudiante que se moviliza todos los días desde Bogotá hasta la Universidad Minuto de Dios, ubicada en el Altico, Soacha.

Aunque el problema cada día tiene más aristas, hay quienes piensan que el caos es una sumatoria en donde participan las autoridades, los usuarios, el sistema y la misma comunidad.

“El problema no solo es del sistema, sino de la falta de cultura de los ciudadanos. Por ejemplo los vendedores ambulantes taponan las entradas de las estaciones ofreciendo sus productos, lo que genera un desorden grande; además la gente no respeta la fila ni los semáforos, ocasionando trancones en las vías por donde se movilizan los vehículos de transporte público, esto es un verdadero viacrucis en las horas pico y cuando algunos de nuestros colaboradores trata de generar orden, no los respetan por ser bachilleres”, manifestó James Barahona, Comandante del cuadrante de León XIII.

El problema compromete a todos, desde la persona que se desplaza diariamente hasta el conductor del vehículo de servicio público.

“Desde que Transmilenio llegó perjudicó notablemente nuestra economía, imagínese que antes el pasajero pagaba 1500 pesos hasta el Perdomo, ahora solo da 1000 hasta San Mateo; uno llega a Venecia y el bus ya está vacío, cuando antes a esa hora estaba a reventar. Ahora, nos han ofrecido comprar los vehículos pero póngase usted a pensar que nos ofrecen 8 millones, cuando la buseta actualmente está entre 15 y 20 millones, entonces no es justo, por eso cada vez somos más los que acudimos a los llamados paros de transporte, defendiendo nuestro interés como gremio y la calidad de vida de nuestras familias”, puntualizó Fernando Solórzano, conductor de vehículo público Soacha- Bogotá.

Ahora se anuncia la construcción de las fases II y III, es decir, extender la troncal hasta el Vínculo y ponerla al servicio en el año 2022, pero lo que no dijo el Ministro de Hacienda en su reciente visita a Soacha, fue cuándo entran a operar los alimentadores, como quien dice, los habitantes del municipio tendrán que seguirse aguantando el pago de cuatro y más transportes diarios, si es que quieren continuar utilizando el sistema, que como dicen muchos, su servicio ya se asemeja a los famosos “buses cebolleros” que transitaron alguna vez por la Cra. 10 y la avenida Caracas de Bogotá.

Redacción: Manuel Romero.