Una vez más la comuna cuatro de Altos de Cazucá fue el epicentro de la furia de la naturaleza, cuando el fin de semana pasado una tormenta produjo la declive de esta montaña.


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Allí se reúnen al mismo tiempo las tragedias humanas de cientos de personas anónimas que llegaron escapando de la barbarie misma de los campos colombianos (o de la indiferencia de la ciudad).

Bastó un deslizamiento de tierra para que todos recordaran que en este lugar existen personas, que aunque muchos piensen que no son más que un estorbo y que nada aportan al desarrollo de Soacha, viven allí y hacen parte de esta ciudad que bien o mal los acogió para tratar de ofrecerles un hogar a quienes lo perdieron todo a causa de la violencia y la injusticia social que día a día crece en el país.

“Estoy muy triste, no porque mi casa se haya caído, sino porque tengo que abandonar la vivienda en la que durante 8 años he residido, la misma que me permitió tener un negocito que ha sido el sustento mío y el de mis nietos, pero ahora tengo que dejar todo atrás”, afirmó Gloria Amparo Aguirre, residente del barrio Loma Linda.

“No tenemos en dónde estar, el trasteo está distribuido en tres partes diferentes y lo peor es que no sabemos en qué lugar pasaremos la noche, porque en los albergues habilitados por la Alcaldía no cabe una persona más. No hemos comido en horas y tampoco hemos podido bañarnos, el lunes nos sacaron hacia las 5 p.m. y desde ahí quedamos a la expectativa. El domingo pasado nos censaron y nos dijeron que las ayudas estarían listas hoy martes, pero hasta ahora no se ha concretado nada”, señaló Diana Aldana, habitante de Lomalinda.

Se sabe que no es la primera vez que esta tragedia sucede en el sector más deprimido de Soacha, pues basta con recordar los hechos ocurridos el 7 de marzo de 2009, cuando en Villa Sandra y Villa Esperanza pasó exactamente lo mismo, frente a lo cual aún muchas personas que esa noche sufrieron las secuelas del invierno continúan a la espera de encontrar una solución real para dejar de ser ‘nómadas’ dentro de la comuna.

periodismopublico-248.jpg “Desde la ola invernal del año pasado me he visto damnificado y nuevamente sufro las consecuencias del invierno de este año. En ese entonces nos habían dicho que iban a pagar un subsidio de arrendamiento por seis meses, pero ese plazo se cumplió y hasta ahora no hemos recibido mayor cosa y la cuestión es que continuamos esperando a ver qué pasa. Respecto a la emergencia del fin de semana pasado lo que nos prometieron se ha cumplido parcialmente, simplemente sabemos que las viviendas se cayeron completamente y que la situación es incierta”, agregó José Cruz, residente del barrio La Capilla.

Algunos habitantes afirman que sería descabellado responsabilizar de este hecho a la actual Administración, pues los problemas que se viven en Cazucá no son de hoy ni de hace unos días o meses, son de toda una vida en donde la corrupción de unos pocos estimuló la creación de estas comunidades suburbanas conformadas en su mayoría por desplazados que poco a poco y sin que nadie se diera cuenta o hiciera algo para impedirlo, permitió la ‘invasión’ que años más tarde repercutiría precisamente en lo que hoy se ve: Familias sometidas a la intemperie suplicando techo, alimento y vestido, o dependiendo de la caridad de terceros para tratar de sobrevivir a la adversidad.

Claro está que el fenómeno del desplazamiento es una problemática que se agudiza en todo el territorio nacional, pero también es cierto que el Estado ha sido muy tímido en la manera c.omo ha abordado el mismo.

Ahora, mientras que en el municipio se desarrollan sofisticados proyectos de vivienda, las familias damnificadas con la emergencia de noviembre se deben conformar con recibir modestos subsidios de arrendamiento que simplemente dan una solución parcial (por no decir nula) al flagelo que los azota.

“En este momento tenemos 70 viviendas en La Capilla y 30 en Loma Linda, gran parte de ellas han sido desocupadas por el inminente peligro que se cierne sobre las mismas. Esperamos que quienes aún se resisten a abandonar sus casas accedan a este requerimiento dado que lo importante es preservar la vida por encima de las cosas materiales y no sabemos en qué momento se puede producir un daño mayor. Instalamos dos puntos de atención en cada barrio para recibir la documentación correspondiente a la legalización de la entrega de los subsidios de arrendamiento, que para los inquilinos será por $250.000 (un mes) y para los propietarios por espacio de seis meses a un monto de $1’500.000”, explicó Ana Delia Abril, Secretaria de Planeación de Soacha, entidad al mando del CLOPAD (Comité Local para la Prevención y Atención de Emergencias), organismo que está al frente de la emergencia invernal.

“Las personas se mantienen reacias a abandonar sus viviendas, puesto que no hay nada concreto respecto a las ayudas que nos han ofrecido y no saben a dónde van a ir o ser reubicadas. Se sabe que hay que desalojar porque prima la vida y como no hay una reubicación fija, muchos han llegado al salón comunal de Cazucá, pero la verdad es que no se sabe por cuánto tiempo se pueda permanecer allí”, indicó Luz Mery Enciso, Presidenta de la JAC de La Capilla.

“Todos los afectados se han acercado a entregar sus documentos para hacer efectivo el subsidio de arrendamiento por parte del municipio de Soacha. Se acordó que durante esta semana se seguirá llevando a cabo este procedimiento a fin de dar un plazo para que las personas realicen el trámite de autenticación de las copias de los contratos de arrendamiento para realizar el desembolso del dinero. Las ayudas han sido insuficientes y nos estamos defendiendo más con lo que hay en este jardín infantil que con los apoyos que nos han dado”, agregó Santiago Lima, Presidente de la JAC del barrio Lomalinda.

Es de destacar la labor que han cumplido los organismos de socorro y la misma administración municipal durante la atención que se ha dado a la emergencia invernal, pero muchos de los damnificados se preguntan, ¿serán suficientes las acciones que se están implementando?, ¿qué pasará luego de que termine el invierno, a caso pasará lo mismo que con Villa Sandra y Villa Esperanza?, ¿por qué será que siempre se ofrecen ayudas y no una solución de fondo para este tipo de sucesos?, ¿no será mejor prevenir que hacer uso del ‘humanitarismo’?, ¿ Y mientras tanto los damnificados, qué…?

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