Un cristiano no puede aceptar la mentira. Tampoco continuar en el empeño de mantenerse en el error. Cuando el ser humano se da cuenta que está en un error, su obligación es corregirlo y cuando descubre la mentira es denunciarla. Una cosa es la firmeza, otra el capricho.


La polémica entre el Presidente de la Corte Suprema de Justicia y el Presidente de la República debe hacernos pensar a los demás ciudadanos en el valor y la fuerza que tiene la verdad en un mundo que se ha acostumbrado al engaño y la traición.

A los ojos de la opinión pública, además de ser un gesto de mal gusto, mala educación y pésima cortesía demuestra que la pugna por demostrar poder, toca todos los corazones. No se explica porqué el señor Presidente de la República está empeñado en poner a la opinión pública en contra de del órgano de justicia más confiable del país para conseguir lo que su alma quiere: un Fiscal que sea de los suyos porque otro le disgusta. Y no se entiende por qué el Presidente de la Corte sale públicamente a desmentir al primer mandatario (aún cuando éste lo hizo en alocución pública) cuando comprendiendo el carácter que posee el señor Presidente, bien hubiese podido hacerlo en privado, haberle bajado el tono a la pugna y siendo un hombre más ecuánime conseguir poco a poco que esa terna se modifique y se llenen los requisitos para hacerla viable. Ahora la tarea se vuelve más difícil, pero no imposible.

Si la Corte nombra Fiscal al candidato que el Presidente quiere, no transforma el error del mandatario en una verdad pues lo que la ley autoriza no será moralmente bueno. Y esto es lo que la Corte ha tratado de hacer entender al Ejecutivo.

Aunque la ley no diga que el candidato a Fiscal debe ser un penalista, la Corte sí lo sabe que en este momento de la historia del país se requiere una persona que lo sea (son muchos los procesos que debe resolver con talento, prudencia y discreción). Ellos conocen muchos con destacados méritos para serlo, pero no son amigos del Presidente.

La verdad conlleva la libertad y la confianza. Qué importante sería que la Corte con el sano juicio que la caracteriza, y no politizada como lo quiere hacer ver el señor Presidente, le hiciera caer en cuenta de su error al nombrar como Fiscal General a un admirador suyo, eso le da libertad al Ejecutivo y confianza para continuar en el ejercicio de sus funciones.

Una sana convivencia política exige construir la relación humana y social en la verdad y para esto es indispensable la prudencia. Así como le pedimos al Presidente de la República que no salga a responder los insultos de Chávez hoy le pedimos al Presidente de la Corte que con su paciencia y su prudencia demuestre que la exigencia no es un capricho sino una necesidad y que un buen Fiscal General de la Nación preparado e independiente nos devuelve a todos la confianza que estamos perdiendo en nuestras Instituciones y en nuestros gobernantes.