El profesor Willke dice que «es más fácil sacar al niño del útero de su madre que sacárselo de su pensamiento».

Un aborto provocado deja muchas consecuencias psicopatológicas especialmente en la mujer que buscando desterrar el sufrimiento, termina llevando a cuestas un sufrimiento mayor durante toda su vida. Esta debe ser la primera enseñanza que se debe impartir en colegios, escuelas y universidades por el respeto a la vida.


Desde el momento de la fecundación, el nuevo ser posee todas las capacidades para convertirse en persona y eso es lo que más cuenta en el peso de la conciencia de las personas que participan en un aborto. Quien ha presenciado o participado en un aborto queda con la impresión de que se eliminó una vida humana.

La mujer se deprime, tiene un gran sentimiento de culpa, es la “culpabilidad sicológica” distinta a la culpa moral, aunque la incluye y ésta culpa la acompaña durante toda su vida. Las abortistas se autorreprochan y buscan reparar su culpa. Este sentimiento lo viven aún las personas no creyentes.
La Dra. Standford es una psiquiatra canadiense que a partir de su propia experiencia, habla del “síndrome post aborto”, y señala que la mujer pasa por tres momentos:

1) Siente desasosiego y tristeza («No tiene el alma en paz, ni el espíritu en paz»).

2) Recuerda continuamente el momento traumatizante del aborto aunque pasen 5, 10, 15 años rememora el vestido de la enfermera, las paredes de la habitación donde el aborto sucedió… y se pregunta a menudo ¿cómo sería mi niño ahora?, «suelen justificarlo diciendo que no tenían otra opción, que no podía hacer otra cosa… pero ese pensamiento vuelve».

3) Por último siente una gran depresión con un gran sentimiento de culpabilidad, pierde interés por las cosas que antes le interesaban, y a veces no ve otras salidas que el suicidio. «No como elección por la muerte en sí, sino como una elección para salir de la situación de dolor, de pena, como un modo de salir de allí»….

Existe también lo que la Dra. Standford llama “la depresión de aniversario”…. aniversario que se sitúa alrededor de la fecha del posible nacimiento o alrededor de la fecha del aborto.

Si no apareciera este sentimiento de culpa sería un síntoma de que la noción de mal se estaría perdiendo y por tanto reflejaría un deterioro psicológico grave, pues el aborto no sólo contradice la ley natural, sino sobre todo el sentimiento de maternidad esencial en la vida de la mujer.

El aborto no es un hecho aislado sino que muchas veces va acompañado de trastornos de la conducta: alcoholismo, toxicomanía, pandillismo, personalidad suicida, etc. También lo acompañan procesos de deterioro en la vida personal, familiar o social cuando se relajan o subvaloran los principios más elementales éticos y morales.

El primer derecho de un(a) adolescente debe ser a saber de labios de sus mayores qué le hará feliz y qué le hará sufrir. Se hace necesario por tanto no sólo gobernantes con un sano equilibrio psicológico, sino también docentes que orienten a los jóvenes a promover y a defender la vida que es sagrada.