Este barrio de la comuna uno se ha convertido en foco de delincuencia y lugar apto para la venta de drogas y cometer toda clase de atracos, a tal punto que los habitantes no saben qué hacer para su control. Se pide más compromiso de la fuerza pública para contrarrestar esta problemática.


En un latente peligro se ha convertido transitar por las calles de este barrio que lleva 12 años de existencia. La comunidad asegura sentirse desprotegida, dado que son constantes los atracos que se presencian en el sector; los robos a las viviendas tampoco se han hecho esperar, sumado a la venta y consumo de estupefacientes en plena zona pública.

“Hace poquito robaron mi casa, se entraron y la desocuparon, a mi hermano le robaron el BlackBerry acá al frente, le metieron dos puntazos por quitarle el celular un día como a las cinco de la tarde, además la gente calla, puede ver pero por miedo no avisa a la policía”, dijo Jessica Clavijo, habitante del sector y quien en alguna ocasión también fue víctima de atraco, cuando un grupo de jóvenes menores de edad le sacaron un cuchillo y le robaron un celular.

Algunos residentes también manifiestan que el creciente consumo de drogas hace que niños de corta edad se vean inmiscuidos en su venta, motivados por personas mayores que ven en los infantes una posibilidad y una ventaja de que los estupefacientes pasen desapercibidos ante los ojos de las autoridades y se puedan distribuir, generando de paso más inseguridad, porque no sólo personas residentes en el barrio son las que comercian con este tipo de sustancias, también lo hacen individuos que llegan procedentes de otras zonas.

“Es muy triste ver a un niño de 10 o 12 años en estados tan lamentables, todos trabados, o si no los ponen a vender, pero algún provecho les sacan por el hecho de ser menores, y usted sabe que la ley para los menores no existe”, expresó de manera indignada Germán Suárez, quien administra un establecimiento comercial en el barrio. De igual manera, precisó que aunque hace rato no se presentan atracos en los negocios, no hay que bajar la guardia, ya que “no se sabe en qué momento les dé por entrar a robar a los comerciantes”.

Y si el problema es de inseguridad, no se puede dejar de lado a las barras bravas: los parques se prestan para reuniones de “hinchas” que departen después de un partido, pero lo grave de esta situación no es que lo hagan de manera sana, sino que acompañan sus festejos con el alcohol y las drogas, siendo generadores de temor entre los residentes. Hay que destacar también que en ocasiones se han presentado peleas entre barras de distintos equipos, debido a la disputa territorial que ejercen miembros de uno y otro bando.

Para mitigar en parte estos problemas, algunos vecinos del sector instalaron reflectores y contrataron una empresa de vigilancia para que envíe guardas de seguridad, sin ser suficientes para atenuar el daño que se le hace a la comunidad, por tal motivo, también se solicita la instalación de alumbrado público de calidad.

“La luz de acá es demasiado amarilla, parece luz de cantina pobre, usted entra y ve a medias, uno ve a la niña engolosinada con el mancito y pues bacano, pero el problema no es ese, porque todo el mundo tiene derecho, pero es que hay niños, entonces imagínese lo que tiene uno que presenciar”, manifestó Emilio Cepeda, residente de Paseo Real.

Para concluir, además de exigir medidas de hecho por parte de las autoridades, los residentes también hacen un llamado al trabajo mancomunado para que sus líderes se pongan de acuerdo entre sí, y de igual manera brindar el apoyo necesario para encontrar una solución que permita controlar el problema de inseguridad que afecta a la comunidad de Paseo Real.