En Colombia cerca de 180.000 familias del sector se han visto afectadas por la parálisis generada por la pandemia. Le piden al gobierno un salvavidas para no ahogarse.

“Necesitamos que nos tiren un salvavidas porque nos estamos ahogando”, son las palabras desesperadas de Carlos Niño, director y propietario de la Escuela de Natación Burbujas. Y habla en plural y tomando la vocería de las 150 escuelas que existían en el país, de las cuales doce ya han tenido que cerrar sus puertas como consecuencia de la pandemia.

La preocupación ha ido en aumento, sobre todo después de conocer la decisión del Gobierno nacional, en cabeza del ministro del Deporte, Ernesto Lucena, que solo les da vía libre para retomar actividades a las ligas regionales, la Federación de Natación y los deportistas de alto rendimiento, dejando por fuera a las escuelas de formación, todas, al borde del naufragio.

“Somos más de 180.000 familias que no podemos trabajar y por eso estamos pidiendo ayuda y que nos escuchen. Hemos creado nuestros protocolos de bioseguridad y si bien cada escuela (funcionan en clubes, centros residenciales y algunas en sede propia) tenía clases con veinte niños en promedio, estamos dispuestos a hacerlo con ocho, porque necesitamos la oportunidad de retomar actividades. Por medio de Asalvo, una asociación que aglutina a quienes prestan este servicio, emitieron un comunicado de prensa en el que destacan que “el cloro es uno de los productos desinfectantes que el mismo Ministerio de Salud recomienda para evitar el contagio”, argumento que consideran importante para que les den el aval de volver a funcionar.

“Reitero, estamos dispuestos a cumplir con todas las exigencias, así no haya ganancias, porque tenemos que darles trabajo a las personas que dependen de las escuelas. La mía tiene una trayectoria de cuarenta años y genero 25 empleos, de los cuales 18 son para personas de la tercera edad”, agrega Carlos Niño.

La situación se agrava cada día y si no hay una pronta solución, paradójicamente, las escuelas de natación terminarán ahogándose y sin posibilidad de un salvavidas.

Fuente: ElEspectador.com