Ejercer el periodismo en Colombia cada vez más delicado tratándose de como nuestra opinión puede polarizar la opinión de un pueblo. Cincuenta años de conflicto social armado han tenido repercusiones en la forma de dar la información convirtiendo el oficio del periodismo en herramienta para sustentar las lógicas de los poderes de turno; muchas veces omitiendo hechos contundentes y en otras dándole más importancia de lo que realmente amerita.


Actualmente nosotros los Colombianos nos enteramos de las noticias del país mediante el criterio de dos cadenas televisivas y radiales que han monopolizado los recursos comunicacionales del país. RCN y CARACOL son las que en los últimos años desde finales del siglo XX, mantienen permanentemente contándole a los ciudadanos lo que pasa a su alrededor desde una óptica muy ajustada a los intereses de sus propietarios.
A pesar de existir una mínima competencia por parte de los canales públicos y algunos medios alternativos, estos no dan la base para convertirse en opciones atractivas al público, como sí lo son los canales privados, los cuales ofrecen una parrilla de novelas, programas de entretenimiento y noticias que traen consigo un tinte de duda frente a la veracidad y una aparente objetividad de lo que se está comunicando.

Este fenómeno ocurre a razón de mantener inmersos en distractores que saquen de este plano astral al pueblo, haciéndolos pensar en mundos de fantasía donde cualquier día por un golpe de suerte las mujeres encuentran su príncipe azul y los hombres por casualidades de la vida se encuentran en la calle el boleto de lotería que los saca de la pobreza. Es decir, como dicen popularmente “la tarea de los medios de comunicación está en hacer pensar a los pobres como ricos” con ello solo cuando las problemáticas tocan a la puerta de su casa realmente reaccionan.

Gracias a que actualmente existe la tecnología y medios como el internet hay la posibilidad de abrir la mente a un pensamiento más crítico, pues esta herramienta permite conocer por ejemplo: diversos conceptos frente a una misma información.
Ahora, hay que decir que en Colombia no existe una libertad de prensa como abiertamente promulgan los grandes medios, cientos de periodistas han tenido que abandonar el país, o han caído en las balas criminales de la ultraderecha, por tener una posición crítica frente a los estamentos del estado y mostrar al público las realidades que ellos ocultan.

Para anotar dos casos puntales, podemos arrancar con el asilo político que tienen el actual director de TELESUR, Jorge enrique Botero, quien fue estigmatizado por hacer un documental a las FARC, donde mostraba otra perspectiva de su lucha. Otro ejemplo muy reconocido y doloroso fue la muerte de Jaime Garzón, quien por hacer unas críticas al paramilitarismo y denuncias a sus patrocinadores fue acribillado a tiros al salir de su programa radial en la emisora Radionet de Bogotá.

En nuestro país es un riesgo escribir o comentar, cualquier cosa que se diga o se haga en contra del régimen trae consigo consecuencias. Si se toman posiciones críticas fácilmente puede ser estigmatizado y señalado como “patrocinador del Terrorismo”.

Terrorismo, esa palabra que tomó fuerza después del 11 de septiembre de 2001, se aplica con mucha contundencia a todos aquellos que se asumen como libre pensadores, o que lo digan docentes universitarios como Miguel Ángel Beltrán o William Javier Díaz, quienes el único delito que cometieron fue hacer unas críticas profundas al modelo económico y su impacto en la sociedad. Cabe reseñar que ambos fueron absueltos por el régimen al no encontrar pruebas que los pudieran hacer condenar.

Entonces, ¿existe libertad de opinión en Colombia?, pues no, dado al fuerte sesgo de información los periodistas y libres pensadores han tenido que volverse muy cuidadosos al momento de hacer un análisis o formular cuestionamientos mediante fundamentos serios, reflejo de las constantes investigaciones, las consecuencias temerarias de los que ostentan el poder se manifiestan en señalamientos que en ocasiones pueden terminar por poner en riesgo la vida, honra e integridad humana.

La ética del periodista se mide mediante el peso de su ego, un ego infundido por el modelo económico actual, el cual está abierto a las formulaciones del mercado; es decir, “vendo mi mano de obra al mejor postor” a quien pague más le pongo a su servicio mi conocimiento.

Verbigracia, los comunicadores que le han hecho toda la campaña a las petroleras que están instaladas en los llanos orientales, las cuales se han preocupado por ocultar las problemáticas que existen actualmente en la región, cuenta de ello las sequías del Casanare y el deterioro de las fuentes internas de agua por causa de las sísmicas. Hacer parecer lo ilógico como lógico, es la tarea de los comunicadores que de hecho, pueden ganar hasta Quince Millones de Pesos mensuales por conseguirlo. Con este dato cualquiera puede ponerse a tambalear y decir “Eso es conmigo”.

Pensar en colectivo no es fácil, para nada fácil, por eso hay que estar conscientes de las repercusiones de nuestras decisiones, nosotros como periodistas debemos siempre poner en una balanza hacia donde queremos llegar.

Es necesario tener claro si queremos hacer periodismo para enriquecernos o ayudar a mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades, lo cual implica mucho esfuerzo y una vida modesta. Un adagio popular dice que “las cosas fáciles no se disfrutan de la misma manera cuando los sueños se cumplen con esfuerzo, honestidad, garra e interesa”, está en cada uno de nosotros definir hacia dónde queremos poner en servicio nuestro saber, a los ricos de siempre o las comunidades necesitadas.