Estimado lector: ¿Alguna vez se ha preguntado qué sienten o piensan las personas jóvenes sobre la política del país? En mi posición de mujer joven puedo decir: Que le falta altura al papel del político y al ejercicio de la política en Colombia.


A mis 22 años de edad ciudadana del municipio de Suacha me doy cuenta que somos la nueva generación que vive la política en decadencia viendo actos como el clientelismo, la parapolítica, los asesinatos selectivos a líderes ciudadanos, la corrupción, las palabras de grueso calibre entre ex presidentes y funcionarios públicos, las vallas que conceden calificativos y que atentan con la dignidad de la persona.

El maltrato de los funcionarios públicos a los ciudadanos, las cuotas políticas de los concejales, asambleístas y senadores en las instituciones estatales, las prebendas, los negocios de senadores, concejales y alcaldes en el territorio nacional, el usufructo de los bienes públicos para favorecer los intereses particulares de multinacionales minero energéticas y constructoras, el abuso de autoridad y la persecución de los organismos de control para favorecer protagonismos y lucros personales. Son algunos de los múltiples hechos que denotan un país que vive “Una política en Decadencia”.

Vivimos en un ejercicio político que privilegia cualquier tipo de violencia para mantener el poder: violencia física, psicológica y social. Se atenta contra la vida de quien piense o pueda hacer las cosas diferentes; se acaba con la dignidad de las personas en conversaciones en redes sociales, debates y medios de comunicación; se excluye a la mayoría de la población colombiana de los escenarios en donde se toman decisiones.

Entonces ¿Dónde está el buen gobierno y las buenas prácticas del ejercicio político? Hoy a riesgo de ser pesimista creo que las representan muy pocos políticos en Colombia y a quienes puedo contar con los dedos de una sola mano. Sin embargo, mis líneas van más allá de hacer una denuncia pública sobre el quehacer político en Colombia. Mis líneas tienen una intención y es exigir a toda aquella persona que ostente un cargo de elección popular o se desempeñe en una institución pública desempeñe un ejercicio político de altura.

Demuestren en sus acciones aquellos valores que hoy nuestras generaciones mayores dicen que se han perdido con nosotros como: el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la tolerancia y la solidaridad. En su papel de figuras públicas sean ejemplo de realizar un ejercicio político digno y limpio: generen el diálogo ciudadano; defiendan los derechos de todo nacional colombiano; guíen sus acciones en protección del medio ambiente y nuestra calidad vida; incentiven el amor y el respeto por los bienes públicos y por el otro que es diferente a nosotros.

Sean un ejemplo de la Política de Altura desde sus posiciones ideológicas y de gobierno. Construyan una verdadera Democracia para Colombia.