A diario se escuchan quejas del maltrato que los conductores que prestan el servicio en el corredor Soacha-Bogotá tienen con los pasajeros. Palabras soeces, amenazas, competencias por la guerra del centavo y hasta agresiones físicas para que las personas se bajen, son entre otras las denuncias más frecuentes.


Luis Fernando López es un ciudadano residente en el municipio de Soacha; él y sus tres hijos fueron víctimas del mal comportamiento del conductor del vehículo afiliado a la empresa Cootransfontibón de placas SOB 523.

“El día sábado 18 de junio a la 1:30 p.m. venía con mis niños del sector de Mercurio, nos subimos en un colectivo de la empresa Cootransfontibón, Ruta R5 Danubio-Soacha. El señor dejó la puerta abierta y de un cabrillazo casi nos saca, gracias a Dios no venían más personas de pie o si no se presenta una tragedia”, dijo López.

Según el denunciante, la reacción de la gente no se hizo esperar y le pidió al conductor que fuera más prudente y que bajara la velocidad, pero este lo que hizo fue responder con palabras groseras, agresivas y desafiantes. “En vista de que yo venía con mis tres niños, uno de 14 años, otro de 7 y una bebé de 19 meses, vi la necesidad de llamar a la Policía. Nos acercamos a la carpa ubicada junto al puente peatonal de la calle 22, le pedimos el favor a un sargento que actuara y él no hizo absolutamente nada”, agregó.

Según el denunciante, a pesar de los reclamos de los pasajeros, los agentes que se encontraban en la carpa no hicieron nada y el conductor se fue desafiando a los pasajeros. El ciudadano ya radicó una petición en la Secretaría de Movilidad para que se inicie una investigación.

Otro caso similar lo narró Graciela Parra, residente en el sector de San Mateo. “Yo tengo 49 años y como no soy de 15 me tratan a las patadas. Me subí hace como diez días en un colectivo que decía Avenida Boyacá, pero yo iba hasta la Despensa; le pasé mil pesos y me dijo que le pagara completo, pero yo le dije que sólo iba hasta la Cámara de Comercio. Comenzó a insultarme y a decirme que me bajara, que yo era una vieja chichipata y tacaña”, sostuvo.

Y como ellos, son muchas las personas que denuncian agresiones a diario sin que nadie haga algo para evitarlo. Ni las empresas de transporte, ni los gerentes, ni las autoridades protegen al pasajero y permiten que los conductores agredan sin contemplación a los usuarios en una ciudad que está tratando de cambiar la pésima imagen que tiene.