La frase nos remite automáticamente a un antiguo poblado indígena y sitio arqueológico del departamento del Magdalena. Sin embargo esta vez nos referimos al horizonte oscuro del municipio de Soacha debido a la ausencia de una proyección clara que les permita a sus pobladores tener certeza sobre el futuro de la ciudad.


Gobierno tras gobierno se planean obras y proyectos a corto plazo, basados en el sentir y el interés de cada mandatario, pero nunca se ha construido un plan estratégico que permita proyectar la ciudad a mediano y largo plazo para encontrar una ruta que permita identificar el camino del progreso y el desarrollo.

Cada alcalde, en complicidad con el concejo de turno, cambia las reglas de juego y no hay una continuidad en los proyectos y programas, y todo se hace de acuerdo a lo que piense, siente y necesite el mandatario, sus secretarios y concejales.

La ciudad está perdida y no tiene horizonte alguno. Cada plan de desarrollo que supuestamente se construye con la sociedad civil, las organizaciones, los líderes, el comercio y los diferentes grupos poblacionales, no es más que una farsa para hacer creer que en verdad hay inclusión, y que se gobierna de la mano con la comunidad. Sin embargo los resultados hasta ahora mostrados por las administraciones anteriores son catastróficos para el municipio.

La delincuencia aumenta, el espacio público se invade aceleradamente, las calles se destruyen con el correr de los días, la gente se amontona en invasiones y viviendas de interés social y prioritario, los cupos educativos son cada vez más escasos, la falta de cultura y tolerancia es el común denominador en la población, no hay liderazgo, el asistencialismo crece y nadie propone soluciones inteligentes que se puedan aplicar en un municipio sumido en una profunda crisis.

Soacha es una ciudad que pareciera estar condenada a vivir en medio de la pobreza, el asistencialismo, la falta de oportunidades y la poca visión de sus pobladores para buscar alternativas y exigir un verdadero liderazgo desde sus instituciones. No es posible que cuatrienio tras cuatrienio pase lo mismo, se repitan los engaños y las falsas promesas de cambio, cuando los beneficiados son unos pocos, gracias a la mayoría.

Por mencionar sólo un ejemplo, en el plan de desarrollo anterior se adelantó un ejercicio por los barrios, comunas y veredas, se escucharon iniciativas y propuestas de líderes y habitantes del común, y se hizo creer a las comunidades que su voz había quedado plasmada en la ruta de navegación que el municipio seguiría durante el cuatrienio. No obstante, la poca visión y el exceso de confianza de los residentes no les permitió hacer seguimiento y verificar si efectivamente eso que ellos pidieron y exigieron, quedó plasmado y tuvo el visto bueno, tanto del Concejo municipal como del Consejo Territorial de Planeación.

No es posible que buena parte de las metas y objetivos fueran frases vagas y fáciles de alcanzar, porque quienes lo construyeron se mostraron más hábiles que la mayoría de la población del municipio. Solo por mencionar un ejemplo, analicemos una de las metas trazadas desde la Secretaría de desarrollo social, en el plan de desarrollo del gobierno anterior:

“Contribuir a la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingresos, a la formación de capital humano y al mejoramiento de las condiciones de vida de las familias pobres y vulnerables mediante un complemento al ingreso”.

Suena bonito, ¿verdad? Pero justamente ahí está la estrategia de quienes construyen los planes de desarrollo. Con un lenguaje armonizado y coordinado, convencen a la comunidad y bajo unos resultados pobres salen airosos. Pero si analizamos, la frase no contiene números, cifras, porcentajes ni elementos concretos que permitan exigir resultados específicos. Un complemento al ingreso puede ser un mercado, un bono de 5 mil pesos, un desayuno, una camiseta, en fin. Aquí está el secreto.

La invitación es a que en la actual construcción del plan de desarrollo comencemos a visionar programas y proyectos a mediano y largo plazo. Entendemos que dicho plan se construye por ley para el cuatrienio, pero hay elementos que se pueden planificar desde ya para que otros gobiernos le den continuidad y se comience a planear una ciudad como la merecemos todos.

Es comprensible que muchas de las metas y objetivos deben desarrollarse a medida que transcurre el gobierno, pero es necesario que sean claras y específicas para asimismo poder medirlas realmente en las rendiciones de cuentas que presenta el alcalde y sus secretarios.

Soacha requiere comenzar a encontrar esa ruta del progreso y el desarrollo. Un camino por el que deben transitar sus gobernantes, los concejales, los ediles, las JAC, las organizaciones y toda la sociedad civil. Se requiere aportes, propuestas y críticas, pero estas últimas deben ser sensatas, constructivas y razonables para demostrar que en el municipio también vive gente capaz, llena de conocimiento y que puede ayudar a remolcar este pesado barco.

Un gobierno llega al éxito cuando sus pobladores trabajan en sintonía con quien gerencia el municipio. Por eso la invitación es a encontrar esa ruta, ese camino del desarrollo, y se logrará en la medida que todos nosotros, como pobladores, nos involucremos realmente en ese esfuerzo por despejar el oscuro panorama que tiene la ciudad.

Hay que exigirle al gobierno, al concejo, a las autoridades, pero también hay que aportar y esforzarnos por cambiar de actitud. Seamos vigilantes de los procesos públicos y no actuemos con conformismo ni con vendas en los ojos, hay que ser exigentes, pero para ello, se requiere preparación, esfuerzo, respeto y paciencia.

Pidamos sin miedo claridad y cifras concretas en los procesos, en las metas y programas, pero tambien seamos garantes y respetuosos al momento de actuar. Soacha requiere ciudadanos activos, estudiosos y honestos para exigirle resultados al gobierno. En la medida que participemos, más claro y fácil será el camino para superar la crisis en que se encuentra el municipio, y pasaremos de una ciudad perdida, a ser ejemplo de cambio.