Enero es un mes de cabañuelas, sobre todo cuando hacia finales de temporada, se esperan recoger cosechas; y eso en la política de nuestro país, como en los años bisiestos, suele suceder cada cuatro años, cuando se renuevan o ratifican las estructuras de poder tanto en lo municipal como en lo departamental; es decir, cuando se eligen Ediles, Concejales, Alcaldes, Diputados y Gobernadores.


Para quienes siembran en estos terrenos, la esperanza va acompañada de augurios que tienen más de sentimientos que de pensamientos. Algunos me dirán que la tendencia natural de todos los ciudadanos es presagiar triunfos o derrotas electorales; sin embargo, los índices de abstención son similares a los de participación, y si se suman los de quienes lo hacen por obligación y los de quienes se solidarizan con alguna causa sin tener mucha claridad o interés por la política, el porcentaje de quienes vemos el asunto de la cosa pública como un hecho que a todos nos debe llamar a su entendimiento y a la participación, se reduce a un margen que puede oscilar entre un 25 y un treinta y cinco por ciento; de los cuales en su gran mayoría son seguidores más de ideas partidistas y/o de personajes que le representan algún tipo de bienestar particular, que de un interés colectivo sustentado en programas que encarnen desarrollo y progreso para sus comunidades.

El último domingo de octubre de este 2011 se llevarán a cabo unas elecciones que van a marcar la vida política de nuestra nación, no solamente por cuatro años, sino por muchos más, pues se van a replantear las tendencias que el uribismo descompuso o alienó durante la primera década de este siglo.

Como de lo que se trata es de unas elecciones locales o regionales y lo que se define es el mapa político de nuestro país, sobre la base de tendencias y/o partidos, no creo que desaparecerá esa tendencia sumisa a aceptar al patrón extranjero, o que se impondrá una directriz nacionalista que busque el total fortalecimiento de lo nuestro; ni que los barones de la política colombiana sean arrollados por una colombianidad que repentinamente logre aprender las virtudes ciudadanas y sepa elegir a quienes defienden su soberanía, dignidad, progreso y desarrollo. No creo que eso suceda de manera espontánea y global, ni que esa sea la gran realidad que veamos después de las elecciones de octubre; hace falta mucha presión para valorar del resorte su resistencia y reacción.

Sobre la base de tales consideraciones, surge una pregunta obligada: ¿Cómo será la repartición entre el Ministro y el Presidente, descendientes de pura casta presidencial? Considero que luego de los últimos ocho años, ambos procurarán evitar que se fortalezcan otros peregrinos, de esos que se suben pidiendo chance y en el trayecto se apoderan del volante y ante los llamados de atención porque no están observando ni aplicando las normas establecidas, levantan la voz diciendo: si no les gusta mi forma de conducir, pues bájense, que quien maneja soy yo.

Ahora bien, aun cuando el Presidente Santos ha demostrado en política una destreza similar a los brasileños cuando juegan el fútbol, la cual hace ver tan fácil, lo que para algunos se hace tan difícil, es de los acuerdos o disputas en la repartición de las regiones, que depende que el próximo año para esta época las cabañuelas anuncien en los medios de comunicación: Se fortalece la Unidad en torno al Presidente Santos… o todo lo contrario: Nuevo Ministro del Interior y Justicia… Caída vertiginosa de la popularidad del Presidente Santos ante el fortalecimiento de Germán Vargas Lleras… y es posible que hasta se diga: El uribismo se robustece y alista precandidatos presidenciales para el 2014.

Vista así la realidad uno se pregunta, para quién será este pedazo de región tan apetecido llamado Cundinamarca. ¿Será que Carlos Delgado esta vez se mantiene hasta octubre y logra convencerles que una buena opción es dejar al departamento en manos conservadoras, pues garantizaría imparcialidad en el 2014? ¿Será que Julio César Turbay Quintero, tal como se rumora, cede sus fuerzas a Roberto Moya y logra convencer a los del partido de la U para que respalden a Moya, invocando su abolengo? ¿Será que Álvaro Cruz Vargas, capitaliza todos los votos liberales y de Cambio Radical, llegando a convencer hasta al mismo Carlos Delgado de lo beneficioso que sería para el industrial del transporte brindarle su respaldo? ¿O sopesará este último la viabilidad de apoyar a Everth Bustamante quien es del agrado tanto de Uribe Vélez como de Santos Calderón? ¿Logrará Bustamante García convencer al Partido de la U que es la mejor opción para regir los destinos del departamento, sin que haya una Consulta previa?; o ¿una vez ganada su posible candidatura, podrá conciliar las voluntades de los cundinamarqueses, tanto de quienes están más cercanos al Presidente Santos, que a Germán Vargas o al ex presidente Uribe, de quien se viene buscando distancia y autonomía; para de esta manera obtener un triunfo arrollador?, ¿logrará el respaldo de todos los sectores, e incluso el del Gobernador Andrés González, quien muy probablemente vuelva a poner su nombre en el partidor de las candidaturas presidenciales? Todo parece indicar que el líder proveniente de la Alianza Democrática M-19, quien no solamente ha resultado un buen gobernante, administrador y leal aliado, por lo menos irá hasta octubre y seguirá fortaleciéndose.

Cabe preguntarse desde este punto geográfico: ¿Qué papel jugará Soacha en esa contienda? Nada despreciable es el potencial electoral del municipio (110 mil votantes); sin embargo, hacer política en predios del dios varón, se requiere no solamente buena imagen, sino un conocimiento de las características, el olfato y la idiosincrasia de los líderes soachunos, quienes en estas materias parecen, para bien o para mal, haber alcanzado un posgrado en habilidades y marrullerías políticas.

En líneas generales la situación no se presenta muy clara, especialmente en el departamento, si se aprecia la pugna que soterradamente existe entre el santismo, el vargasllerismo y el uribismo; pues aun cuando muchos de los adeptos del ex presidente comienzan a ser confesa y públicamente santistas, el ministro Germán Vargas, la tiene mucho menos confusa, pues éste no perdió contacto con los adeptos de su partido Cambio Radical, ni se le extraviaron más de tres ovejas en el redil ajeno; mientras que el presidente Juan Manuel Santos, sí tendrá que comenzar a buscar entre todas, para saber cuáles son suyas y cuáles del peregrino; la experiencia que se vivió en el seno de su familia cuando Eduardo Santos sucedió a Alfonso López Pumarejo y se vio forzado a entregarle el poder nuevamente, aún ronda en las noches de la familia presidencial.