Tuve la oportunidad de participar, desde el Portal Sur de Transmilenio, en la gigantesca protesta del pasado viernes. Esta manifestación tiene varías connotaciones en los campos político, económico y social.


En lo político: Peñalosa, Petro y algunos concejales de la ciudad se equivocan de cabo a rabo; el Alcalde manifiesta que hay intereses políticos encaminados a utilizar la protesta para desvirtuar su gestión de gobierno. ¿Por qué se equivoca? porque la indignación de la ciudadanía hace parte de un acumulado que viene de tiempo atrás (entre 2008-2011 hubo cerca de 450 bloqueos a Transmilenio, cifras de la Personería Distrital), y se resumen en las precarias condiciones de funcionamiento del sistema: hacinamiento, costo alto del pasaje, poca eficiencia de las operaciones, etc. Al hacer dichas declaraciones, el Alcalde desvía el verdadero debate, protege su administración y los intereses privados que la sostienen. Por su parte Enrique Peñalosa, también desvía el debate al afirmar que las protestas las convocan “falsos vendedores de metro”. ¿Por qué se equivoca? Sencillo, las manifestaciones buscan mejorar el servicio, no cambiarlo ni sustituirlo por otro, el tema es Transmilenio y en base a él se habla. Por otro lado, el Concejal Orlando Parada, que tiene abierta una investigación por su participación en el “Cartel de los Nule”, llama a la ciudadanía a expresarse pacíficamente y no ejercer “violencia contra Transmilenio”. ¡Canalla! Un tipo que se ha beneficiado políticamente por su dudosa participación con los Nule, no tiene la autoridad moral para hablar de la expresión espontánea de la ciudadanía. A parte habla de “violencia contra Transmilenio”. La violencia se ejerce contra seres humanos, jamás contra los instrumentos que emplean los seres humanos para facilitar su diario vivir. El silencio del concejal Felipe Ríos es consecuente, dado que su familia maneja la empresa Aseo Capital.

En el aspecto económico, no es muletilla afirmar que Transmilenio es un negocio privado, que es la muestra más exacta del modelo neoliberal. ¿Por qué lo digo? Es evidente que las condiciones actuales del sistema obedecen a razones que van mucho más allá de lo político. Los usuarios ya saben que las ganancias de Transmilenio benefician a 12 familias, quienes tienen empresas que controlan cada una de las rutas troncales (son 9) y rutas alimentadoras (83), sumadas a las firmas que se dedican al recaudo y mantenimiento del sistema. Esta asociación de intereses privados sustrae el 96% de las ganancias (según fallo del Consejo de Estado del 11 de Agosto pasado). El restante 4% va a parar a las arcas de la ciudad. No obstante, el problema fundamental es que los gastos de reparación, mantenimiento y vigilancia corren por cuenta del Distrito. Esta desproporción entre ingresos y egresos nos lleva a la conclusión que la visión de ciudad que hemos heredado, muestra claramente la subsunción de lo público a lo privado.

Ahora bien, si llevamos la cuestión económica al plano de los individuos, de seguro los asalariados colombianos se conmocionarán aún más; el Auxilio de transporte está fijado en $67.800, es deber, entonces, realizar la operación matemática para comprobar que parte del salario cubre la insuficiencia del Auxilio de transporte, $1750 (costo del pasaje) x 44 (pasajes de ida y vuelta en un mes) igual a $77.000. Esto quiere decir que casi $10.000 pesos del sueldo son destinados al transporte de los capitalinos, en consecuencia satisfacen a las mencionadas familias dueñas del transporte en Bogota. ¡Y ojo! Ese número que doy como resultado es susceptible de aumentar, dado que no hemos agregado la variable de vivir en Suacha. Si se agrega esa variable, por lo menos las perdidas para los habitantes del municipio son de $57.000 pesos, dinero que bien podría servir para mejorar la canasta familiar, el estudio de los hijos, las necesidades básicas y demás cosas necesarias para el sustento diario.

En el plano social, debemos entender el contexto en el que nos movemos. La sociedad colombiana ha visto cómo se configura un nuevo actor político: los jóvenes. Dichos actores se organizan a su manera, actúan bajo un estilo propio y se mueven en el medio que su educación y su estrato socioeconómico les impone. Es fácil decir que todos los manifestantes son “ñeros” “vándalos” “terroristas” etc, etc. Yo no niego que en las manifestaciones hayan infiltrados, sería un estúpido sectario si lo negara. Al punto que quiero llegar es que no podemos caer en la estigmatización general del movimiento social, estigmatización generada por los medios de comunicación que defienden los intereses de las mencionadas doce familias.

Algo pasa en Colombia y es que la gente, de a poco, se levanta. Defienden su conciencia colectiva, sus intereses comunitarios, sus intereses como grupo de individuos. La agitación social es pan de todos los días. Pero se debe dar un paso significativo, pasar del “aventurerismo revolucionario” a la organización decidida de los usuarios, en donde la interlocución con el Distrito, la Nación, los operadores privados y hasta los medios de comunicación jueguen un papel importante. Universalizar la reducción del pasaje y atacar la avaricia de unos pocos, debe ser el objetivo central de las discusiones, para ello es necesario revisar esos caducos contratos, modernizarlos y ponerlos a funcionar de acuerdo a los intereses de los habitantes de la ciudad.

Personalmente creo que el resultado más importante de la jornada, es que se pone en el debate público las deficiencias de Transmilenio. Por otro lado, la participación en los comités de usuarios autónomos es importante, en la medida que se hagan las demandas efectivas. Por último, revalido la protesta social (pacífica y de masas) como mecanismo garante de la participación activa de la ciudadanía.