Aunque Sandra Patricia Quiroga Lucas nació en el Líbano Tolima y desde 2008 vive en Australia, esta bailarina llegó a Soacha a los 13 años en busca de mejores oportunidades. Estudió en el colegio Departamental Integrado y luego fue docente de danzas y artes en la Institución Educativa El Bosque; hoy vive en Sidney donde fundó la Organización Cultural y Folclórica Colombiana.


Sandra-Lucas-Sidney

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Sandra Patricia Quiroga Lucas, hoy conocida como Sandra Lucas, tiene una historia de novela. Cuenta ella misma que por el hecho de haber nacido en una finca, siempre se le han facilitado los movimientos corporales.

“En esa etapa de mi vida recuerdo haber pasado mucho tiempo en medio de animales, flores, árboles y cultivos. En la naturaleza todo se mueve y desde muy pequeña la observaba y trataba de imitarla; así pasó mi niñez sin ser consiente que lo que hacía era ‘danzar’”, sostuvo Sandra.

Es la menor de 8 hermanos (3 varones y 5 mujeres), pero su padre los abandonó cuando ella tenía apenas 4 años, dejándolos desamparados y sin ningún tipo de ayuda económica. Cuenta que después de este hecho, nacieron dos hermanas más.

A los 10 años ella y su madre se mudaron de la vereda al pueblo, y a los 13 se trasladan a Bogotá en busca de mejores oportunidades, teniendo en cuenta que contaban con familia en el sector de Castilla de la capital y en el municipio de Soacha. “Vaya trauma llegar a una ciudad tan grande, fue todo un aprendizaje y adaptación, sentía que algo me hacía falta, no solo el contacto con la naturaleza, sino el no poder expresarme a través del movimiento como lo solía hacer”.

Una tía de Sandra, que residía en Soacha, las albergó por un año mientras se mudaban a su propia vivienda en el barrio Ricaurte. “Luego mi madre me puso a estudiar en el Departamental Integrado y de ida y vuelta pasaba por la Gata Golosa para descansar un poco y tomar un vaso de agua, por eso conocí a la familia Rico, dueña de ese local”.

En el Integrado estancó un poco sus movimientos porque la única materia que lo permitía era educación física, aunque a partir del grado noveno comenzó a implementarse un proyecto escolar de danza tradicional moderna, pero por falta de presupuesto se acabó. Allí conoció a la docente Elizabeth Cardozo, quien le permitió descubrir el amor por la danza, y mientras terminó el bachillerato la dejó participar de sus proyectos extracurriculares.

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Sandra terminó el bachillerato y mientras trabajó en una boutique femenina continuó vinculada a los proyectos de danza, pero años después, junto con sus dos amigas de colegio y sobrinas de Elizabeth Cardozo, decidió iniciar su propio proyecto escolar dancístico y artístico, teniendo como objetivo principal el aprovechamiento del tiempo libre de los niños y niñas de colegios y escuelas públicas del municipio.

“Con uno de estos proyectos y sin estudios universitarios me acerco a la Institución el Bosque de San Mateo y propongo implementarlo. Cuando estaba exponiendo, a un profesor se le ocurrió hacerme una prueba en ese mismo instante con los niños, en el patio y durante el recreo. ¡Oh Dios!, le dije que claro y logré que más del 80% de los estudiantes pararan de correr, pelear, gritar, comer etc… y se unieran en una masiva clase de integración, súper energética e inspiradora… Con el éxito de esa media hora, la directora de ese entonces, Estela Cáceres Castellanos, me dijo: comencemos la próxima semana. Y así fue como como inicié en el año 1996”.

Mientras estuvo en el colegio El Bosque, ella fue a la universidad a prepararse en lo que más quería. No obstante la rectora fue trasladada y llegó el licenciado Rafael Fonseca Castillo, quien redujo el tiempo para las clases de danza y Sandra tuvo que buscar trabajo en otras instituciones educativas porque el sueldo no le alcanzaba.

Su situación económica no era la mejor, pero a pesar de las circunstancias tomó clases de ballet e hizo cursos de danza, deportes, administración de festivales escolares, etc. Tanta carga por poco la hace desfallecer, pero contó el apoyo de su compañero de ese entonces, Martín Rico, de su madre y su hermana Jaqueline Quiroga, y gracias a ellos logró terminar la universidad y salir de esa racha de deterioro de salud y ánimo.

En marzo de 2006 fue incluida en la lista de bailarines para representar a Colombia en Europa, gracias a una de sus amigas y sobrina de su primera profesora, Elizabeth Cardozo.

En 2007, la sobrina de su pareja decide irse del todo para Sídney Australia. “Luego de largas charlas me propone que me vaya con ella, y me presta el dinero que me hacía falta para completar lo del viaje. Fue una oportunidad que no dejé escapar, hablé con mi madre y mi pareja, y ellos me apoyaron con la esperanza de que nuestra situación cambiara, pero también para que alcanzara mis sueños”.

Sandra deja Soacha y se va para Sidney

“Decido emigrar a Sídney y trato de hacerlo con Martín, mi pareja, pero me dice que no, que él se queda en Colombia. Entonces parto con mucha tristeza en mi corazón pero con la determinación de seguir adelante y de poder tener más educación y más oportunidades para mi vida”.

Sandra salió en 2008 para Australia, un país lejano donde no conocía a nadie, pero con el propósito de progresar. Allí, al comienzo tuvo que trabajar en una casa de familia. “Al llegar a Sidney mi primer trabajo fue limpiar casas, oficinas, escuelas, ya que por no tener un inglés, estos son los oficios que puedes ejercer en un país con otra lengua”.

En 2009 decidió fundar la Organización Cultural y Folclórica Colombiana o la Colombian Cultural & Folkloric Organization (CCFO), creada para difundir el folclor colombiano y desarrollar la pasión por la danza entre los colombianos y latinos residentes en Sidney.

“La organización nace de esa necesidad de expresar, preservar, mostrar y difundir nuestra cultura aquí en Australia, y por medio de ella me conecto con mi país y mi cultura, y la vez es un medio para que otras personas que emigraron como yo se reconecten con nuestro proceder, idiosincrasia y cultura; la organización a su vez transmite la sensación de familia y comunidad, de las cuales estamos bastante lejos”.

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En Colombia nunca lo hubiera podido hacer ya que las oportunidades soy muy pequeñas en nuestro país, pero igual amo mi Colombia y no puedo vivir tan lejos de mi cultura sin algo que me conecte con ella. Acá hemos logrado el reconocimiento de la Alcaldía de Sidney, tenemos 3 premios por conservar el folklore y compartir nuestra cultura con la comunidad”.

Cuenta Sandra que el primer grupo que tuvo fue de 20 miembros de diferentes partes de Latinoamérica: argentinos, chilenos, peruanos, colombianos, mexicanos e incluso llegó una persona de Hong Kong, otra de Malasia y otra de Australia, interesadas en aprender la cultura y el folclor colombiano como la cumbia y el mapalé. “También se me ocurrió un intercambio de conocimientos y así aprendimos tango, marinera, capoeira, flamenco y otros estilos de danza; somos una comunidad llena de pasión por el arte y eso trato de cultivar en ellos”.

Después de 10 años, la Organización Cultural y Folclórica Colombiana sigue creciendo. “Seguimos manteniendo los mismos principios pero ahora nos alimentamos de todos los estilos dancísticos posibles que tengamos la oportunidad de aprender. En la actualidad contamos con 18 bailarines, más de 15 colaboradores entre fotógrafos, vestuaristas, managers, diseñadores gráficos y músicos. Todos juntos formamos el equipo CCFO”.

Aunque no hay una sede propia para ensayar, Sandra y su equipo trabajan para lograrlo. Mientras tanto, siguen ofreciendo shows y haciendo presentaciones y giras por diferentes partes de Australia, mostrando el folclor y la cultura colombiana.

“Este 2019 celebramos nuestros 10 años llenos de éxitos, con el corazón lleno de expectativas, sueños y logros; estamos organizando un gran show en uno de los mejores teatros de la ciudad y luego saldremos a una gira corta a otros países, con el favor de Dios”, dijo.

Durante su permanencia en Australia, el grupo ha recibido diferentes reconocimientos, certificados y premios de distintas organizaciones y entidades como la Organización de negocios de mujeres hispanas en Australia, las autoridades del Darling Harbour y la Alcaldía de Sídney, entre otras.

Pero además de ser la directora de la Organización Cultural y Folclórica Colombiana, desde 2013 Sandra Lucas trabaja con el Ministerio de Educación en Sidney, en un programa de acompañamiento y supervisión de niños con discapacidades, y desde esa época hasta hoy forma parte de la vida de estos menores inspiradores. Finaliza diciendo que en medio de este trabajo, tiene 4 horas de descanso, las cuales dedica a la danza y a promover el folclor colombiano en la CCFO.

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