No sé si el título puede sonar acusatorio, grotesco o simplemente insípido para muchos. Lo que sí espero es que al terminar de leer este corto escrito muchos realmente tomen una posición acerca del tema que hoy me ocupa.


Y estas palabras vienen a colación luego de sostener una breve pero muy fundamentada charla con un grupo de adultos que mojando sus palabras en compañía de un tinto, afinaron su capacidad de tertulia y sin pelos en la lengua comentaron acaloradamente todas estas leyes, normas y prerrogativas que nos dictan año tras año nuestros ilustres gobernantes con respecto a un tema cada vez más preocupante: ¿hacia dónde estamos encaminando a nuestros hijos?.

Y digo preocupante ya que basta con recorrer unas cuantas calles en cualquier ciudad de nuestro país, para darnos cuenta de que todo ese ejército de educadores, psicólogos y legisladores no han hecho más que llevar a nuestros hijos a un “desmadre” del cual hoy difícilmente podremos recuperarlos, ya que desde hace un tiempo los padres no tenemos derecho a corregirlos, pues sin más ni más corren a demandarnos ante una autoridad, que en estos casos sí se muy diligente, y ejemplos de ese “desmadre” hay muchos: cada día vemos con creciente tristeza niñas de 11 o 12 años que ya han iniciado su vida sexual y por ende estudiantes de secundaria en embarazo o criando niños, muchachos con la ropa interior convertida en exterior, niños que han reemplazado rápidamente las colombinas por cachitos de marihuana, pelados de papi que se encaletan armamento para transportarlo impunemente entre bandas, muchachos que tienen la capacidad de matar a un similar por la simple razón de tener una camiseta de otro color, y así sucesivamente podríamos encadenar ejemplos toda la tarde, cosa que realmente no me anima. Ahora bien yo pregunto ¿y si son tan hombresotes para matar a alguien, por qué son niños a la hora de corregirlos y de ser necesario castigarlos?.

Y continúo preguntando: así como el gobierno optó por recomponer el andar en lo que al sistema de calificaciones y promoción escolar se refiere, ¿no habrá algún sensato que decida revisar todas estas metidas de pata de los sabios educadores colombianos y se atreva a cabalgar en compañía de los miles de padres que aún se preocupan por el rumbo vitalicio de sus hijos?, ojo escribí cabalgar, NO escribí HACER CAMPAÑA.

Y si no se vislumbra ese sensato, ¿qué camino tomar como padre responsable?, será que estaremos abocados a ese viejo clamor conocido como: ¡Oh!…y ahora, ¿quién podrá defendernos?, ¿quién le devolverá a los padres el derecho a la libre formación de sus hijos?.