La Constitución de 1991 trajo consigo un sinnúmero de derechos y libertades, que gracias a los subterfugios de los gobiernos de turno se han ido escabullendo entre los dedos, como peces en el agua; a la vista de todas y todos nos han cambiado el espíritu de la Constitución y de forma siniestra nos devuelven poco a poco a la Constitución del 86, amada por la godarría más radical de nuestro país. (Léase Alejandro Ordoñez, Roberto Gerlein y Álvaro Uribe).


Recordemos que no han sido pocas las embestidas del sector godo más recalcitrante contra la legalización de las drogas, incluso se han encargado de generar imaginarios colectivos en la sociedad donde representan al consumidor de drogas como un delincuente.

De la misma forma este mismo sector social, económico y político ha patrocinado campañas en contra de los derechos de las mujeres, llegando a tal punto de prohibirles decidir sobre las acciones que pueden tomar sobre su propio cuerpo; atrincherados en los dogmas religiosos impuestos por una colonización a sangre y fuego, estos representantes de un extremo político peligroso, pretenden devolverse en el tiempo y tomar las decisiones por las mujeres, pues parece que las siguen considerando menores de edad.

Con relación a la comunidad Lgbt los ataques inmisericordes no se han hecho esperar, además de desconocer el derecho a su libertad sexual, les han prohibido el legítimo derecho a conformar una familia y todo esto amparándose en un designio religioso sin fundamento alguno, pero que ha logrado permear diferentes esferas de la sociedad, causando un desafortunado rechazo de algunos sectores sociales que han desembocado en trágicos desenlaces.

En el caso de los derechos de los animales, este mismo sector es el defensor y promotor de diferentes actos de barbarie contra unos seres que no tienen voz. No hace poco el señor Procurador General de la Nación comentó en un medio de comunicación que esperaba pronto volver a festejar en la Plaza Santamaría, supongo que lo que este señor festeja es la sevicia, la sangre y la muerte de un ser viviente, que curioso pero acá no hacen caso a las Sagradas Escrituras.

Entonces así el panorama, no es posible que cada día los mal llamados “Padres de la Patria” es decir los Honorables Senadores de la República, ahora se quieran tomar las atribuciones de arrebatarnos uno de los pocos derechos con los que contamos en el país del Sagrado Corazón y es permitir que la desidia nos garantice seguir denigrando de todos los gobernantes sin tener que ejercer el derecho al voto.

Pues sí, así como lo leen, dejar de votar y preferir quedarse rascándose la entrepierna todo el día en la cama en lugar de ir a votar por x o y candidato, resulta ser el derecho más sagrado del casi 65% de la población en Colombia; negarse a ser parte de la corrupción y el clientelismo que gobierno tras gobierno reina en este desangrado país es la mejor opción de muchos de nuestros conciudadanos.

En jornadas de protestas se escucha la consigna “Los derechos no se mendigan se arrancan a calor de la lucha organizada”, pero en tiempos de paz no es bueno hablar de luchas organizadas, pero si sería bueno que los Honorables Senadores de la República por una buena vez entendieran que el pueblo resiste sus déspotas acciones, las soporta, pero en algún momento esto no pasará y terminará por derrocarlos de ese poder político y económico, esa burbuja en la que naufragan en el mar del descaro no soportará la furia de un pueblo sometido y violentado.

Por lo pronto si el Congreso y Santos ratifican el voto obligatorio, yo desde aquí, mi trinchera, manifiesto mi resistencia civil contra una más, otra violación de los derechos del ciudadano. Yo voto contra el voto obligatorio.