Estudios científicos demuestran que las personas mentirosas son más inteligentes que quienes dicen la verdad.


A propósito del tradicional «día de los inocentes» en donde las bromas, chistes y «mentiras piadosas» hacen parte de las actividades tradicionales de la fecha; estudios recientes confirman que las personas mentirosas tienen una mejor actividad cerebral. Mitómano, es el término correcto para referirse a los mentirosos compulsivos, quienes usan la mentira incluso sin darse cuenta.

David Livingstone Smith, director del Instituto de Ciencias Cognitivas y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, en EEUU en su libro ¿Por qué mentimos? afirma que mentir puede ir desde el uso del maquillaje, fingir actitudes, exagerar, evitar un castigo, hasta desencadenar actos criminales. La mentira socialmente es aceptada e incluso se ve con buenos ojos cuando tiene como fin evitar el sufrimiento de otra persona.

periodismopublico-80.jpg Livingstone afirma que mentir implica un gran esfuerzo creativo y organizativo, al hacerlo la persona debe pensar en qué va a decir (en caso que sea una mentira verbal), cuáles serán las consecuencias de su acto, las posibles contradicciones que puedan surgir y otros aspectos.

Al respecto, un grupo de científicos de la Universidad de California del Sur (EEUU) ha descubierto que el cerebro de los mentirosos compulsivos posee ciertas particularidades en su estructura que los diferencia de los «honestos».Los investigadores estadounidenses han detectado que los embusteros compulsivos tienen en el lóbulo frontal del cerebro más cantidad de sustancia blanca que de sustancia gris.

La sustancia blanca está compuesta por fibras, serían ‘los cables del ordenador’, es decir mayores conexiones y capacidad de reacción. La sustancia gris está formada por neuronas, ‘el disco duro’, y conforma la corteza cerebral.

Los autores principales del estudio, los psicólogos Yaling Yang y Adrian Raine, creen que «cuanto más ‘cableado’ tenga un sujeto el lóbulo prefrontal mayor facilidad posee para mentir». En la investigación se encontró que los mentirosos patológicos resultaron tener un 22% más de materia blanca.

Aunque estas conclusiones sean los preliminares de una investigación más exhaustiva, los científicos sugieren multitud de posibles futuras aplicaciones. «En el ámbito legal puede utilizarse para ayudar a la policía a averiguar si los sospechosos están mintiendo», comentan. «Y también, en los procesos de selección de personal, será posible averiguar cuáles individuos no son aptos para determinado puesto».

Fuente: El mundo.es/salud