A propósito del primero de mayo, fecha en la que se celebra el día de los trabajadores a raíz de la muerte de los mártires de Chicago en 1886, época en la que se laboraba hasta 14 y 16 horas. 118 años después se debe hablar de la precariedad laboral que viven los trabajadores en la actualidad quienes aunque firman contratos en donde se laboran 8 horas diarias, en la realidad esto no funciona tan ideal como se presenta en el papel.


Mi amigo José tiene que trabajar 8 horas diarias para ganarse un salario mínimo equivalente a de 616.000 más las prestaciones de ley, con esto debe pagar los 270.000 de cuota de su nuevo apartamento estrato 3 en Ciudad Verde, paga además 90.000 de agua, 80.000 de televisión por cable, internet y telefonía, 35.000 de luz, 30.000 de gas más 102.000 pesos de dos pasajes diarios de Transmilenio más 54.000 del vehículo que lo lleva de la estación hasta su casa , es decir que José utiliza 661.000 pesos mensualmente para sus gastos básicos pero como el salario mínimo no le alcanza le toca hacer horas extras y a su esposa le toca trabajar para ayudar con los gastos de la casa, así tendrían de ingresos base 1.232.000.

Esto hace que deban pagar un jardín donde cuiden al niño de 3 años que equivale a 100.000 mensuales y que se inviertan otros 87.000 en transportes quedando para el mercado 384.000 pesos, un mercado básico que para 2 adultos y el niño costaría un promedio de 250.000 quedando un saldo de 134.000 para otros gastos, de modo que una familia de trabajadores sobreviviría con unas condiciones laborales obligatorias como empleo formal donde devenguen el salario mínimo y que la pareja esté laborando, dejando a su hijo bajo cuidados de terceros.

Hoy en día no es raro encontrar universitarios vendiendo pantalones, Tecnólogos manejando taxi, personas vendiendo dulces en los buses, jóvenes haciendo malabares en los semáforos, niños trabajando, estudiantes que cursan la universidad y que tienen muchas expectativas, saldrán a enfrentar un competido panorama laboral donde muchas veces terminan trabajando para el político de turno por una recomendación y esperar para acceder a oficios profesionales o simplemente aprender un oficio técnico que les permita ganar dinero pues en el caso profesional la demanda es menor que para los cargos operativos, en muchos casos el cartón profesional se vuelve una condena por no lograr ejercer lo que se estudió. El panorama se agrava mucho más en el sector rural, en un país en conflicto donde no se encuentran oportunidades y el dinero es una prioridad diaria es muy fácil que las personas urgidas de un empleo se involucren en opciones de dinero fácil como el microtráfico, una bacrim o un grupo ilegal, solo por la necesidad de comer y mantener a su familia.

Aunque muchos tengan trabajo y las estadísticas engañosas estén en un solo dígito, no es lo mismo trabajar que laborar, la informalidad sobre abunda las calles de nuestros barrios y esa economía popular que mueve el malabarista del semáforo, el camión del acarreo, el señor de las 10 bolsas para la basura por mil pesos, el vendedor de las películas piratas, la niña que vende empanadas y tinto tienda a tienda, más los miles de trabajadores que a diario salen a las 5 de la mañana a laborar y llegan a las 8 de la noche de regreso a casa y quienes son la base de este inequitativo modelo económico donde el libre comercio no se nota para la gente del común, para ellos un saludo y ojalá algún día despertemos y revindiquemos un trabajo bien remunerado, cerca de nuestro hogar y que sea del placer de cada uno de nosotros.