Que los dictadores estén por naturaleza inclinados a ser megalómanos no es sorpresa para nadie, o que algunos estudiantes, en mayor o menor grado estén involucrados en prácticas de matoneo, es hasta cierto punto normal; pero lo que sí resulta sumamente grave es que una docente, que ahora funge como rectora, haya retornado a su arbitrio, al viejo modelo administrativo y pedagógico de vigilar y castigar y ejercer prácticas de matoneo contra los miembros de la comunidad educativa de la “Institución Educativa Integrado de Soacha”.


En una poco usual y explosiva combinación de caracteres, la actual rectora de la Institución Educativa Municipal Integrado de Soacha, Lola Melba Ducuara Morales, ha sido noticia durante todo el año entre la comunidad educativa de Soacha al generar una crisis que ya casi completa el periodo académico y que amenaza con quedarse sin resolver en lo que resta del año.

La crisis se inicio con el traslado de la mencionada rectora de la Institución Educativa Municipal “Nuevo Compartir” a la Institución Municipal Integrada de Soacha a comienzos del presente año como “solución final” para superar la presunta crisis académica, administrativa y de convivencia que la rectora provocó en dicha institución durante su gestión.

Como reza el refrán popular, “el remedio resultó peor que la enfermedad” porque más se demoró la rectora Ducuara Morales en ser trasladada al “Integrado” que en volver a generar otra crisis, esta vez de mayores proporciones que la creada anteriormente.

Pero resulta además, sin embargo, que el traslado fue un verdadero desacierto administrativo del actual secretario de educación Juan Miguel Méndez Molano, quien se ha obstinado en mantener a dicha funcionaria en el cargo porque la rectora en mención es una cuota burocrática y política de la ex primera dama Carmenza Rodríguez. Cabría preguntar si dicha funcionaria es otra intocable.

La licenciada Ducuara Morales, quien se jacta abierta y públicamente que ella ha realizado muchos estudios, entre otros una “maestría en “Evaluación de Administración Educativa”, contradictoriamente su practica cotidiana evidencia pocos conocimientos en la materia, la cual se ha caracterizado desde su llegada por presentar un acentuado perfil de intolerancia, autoritarismo y arbitrariedad frente a los miembros de la comunidad educativa del Integrado.

Este carácter suyo, además pone en evidencia una clara contradicción con los principios espirituales que ella dice profesar y practicar, y por el contrario, su actuación cada vez se parece más a las oscuras prácticas inquisitoriales de la edad media.

Estas afirmaciones se desprenden de la actitud de persecución en la que se ha empeñado la rectora contra los coordinadores de la institución, contra los estudiantes como es el caso del joven que le negó el derecho a recibir su grado junto con sus demás compañeros, contra los docentes, contra los padres de familia incluso, recurriendo en reciente ocasión a la fuerza pública para sacar de las instalaciones del colegio al delegado de la Asociación ante el concejo directivo.

En el plano pedagógico la rectora no muestra claridad en los cambios que ha introducido en el Sistema de Evaluación (cambió el valor de los periodos del 25% cada uno al 10% 20% 30% y 40% respectivamente a pesar de la oposición del Consejo Académico), y la respuesta que dio a los docentes de la inconveniencia de ese cambio es que ella «asumiría las consecuencias». Permanentemente descalifica a los maestros así como la tradición de la institución afirmando que “aquí no tenemos nada”.

La licenciada además considera necesario que para mejorar la calidad académica había que eliminar el uso de los recursos didácticos disponibles y rechaza abiertamente el desarrollo del pensamiento crítico de los estudiantes.

El estilo de administración con el que debutó la rectora en el “Integrado” fue romper de manera arbitraria, ilegal y unilateral un contrato que la institución tenía con la propietaria de la cooperativa de comestibles, y en su lugar instaló otra caseta para generarle a la propietaria una competencia injusta y desleal, y cambió el personal de seguridad de planta del colegio para contratar personal de agencias de empleo que promueven la tercerización del trabajo.

La todopoderosa rectora se siente en una actitud mesiánica de una situación que no requería salvación, y sus «nuevas» propuestas no se ven por ningún lado.

De otra parte, en una actitud francamente desafiante, desatendió una citación del Concejo Municipal para que explicara las causas de la crisis mientras la secretaría de educación y otros entes de control de menor jerarquía, como la dirección de inspección y vigilancia, le han restado importancia a la situación, que si no es porque el año académico termina, se hubiese salido de control.

Cuando mucho, las instancias involucradas no han limitado mas allá de recibir las quejas de los integrantes de una comisión que se reunió con las autoridades educativas, comprometiéndose estas últimas, a mantener el diálogo con todos los estamentos, compromiso que hasta la fecha no se ha cumplido.

A raíz del surgimiento de nuevas y más graves quejas, el Secretario de Educación se vio obligado a presentarse personalmente a la institución para limitarse a expresar que «la ropa sucia se lava en casa” y que se debería hacer “borrón y cuenta nueva» y todos de “amiguitos” mientras la rectora, por el contrario, arreciaba la tarea de convertirse en enemiga de todo el mundo.

Con sarcasmo la conflictiva rectora ha manifestado que ella “está acostumbrada al conflicto” y manifiesta que “ha toreado en plazas más duras peores corridas”, y asegura que por la sanción de que fue objeto, el municipio perdió frente a sus demandas.

En conclusión los cambios que ha introducido la rectora en el modelo pedagógico desde el inicio de su administración, no han impactado en el mejoramiento en la excelencia y la calidad académica; los cambios en el sistema de evaluación que aplica a discreción y conveniencia en el orden académico, se suman a las numerosos desafueros y abuso de poder y autoridad para perseguir estudiantes y docentes que discrepan de sus arbitrarias decisiones.

Su obsesión por desarrollar acciones de persecución contra todo el personal no ha tenido límites, pues hasta las trabajadoras de servicios generales han sido víctimas de sus draconianas medidas y de su actitud arrogante y prepotente.

La criminalización de la protesta pacífica de los estudiantes que ha venido realizando la rectora mediante diferentes mecanismos e instancias como la agresión verbal y física que ejerció sobre una estudiante que participaba en un bloqueo a las instalaciones del colegio, la permanente agresión a la dignidad de los estudiantes al tratarlos de “incapaces”, son entre otros sus más claros ejemplo de lo que es una verdadera pedagogía y administración basada en la arbitrariedad, en el autoritarismo y las formas más simbólicas y sutiles de violencia.

Las autoridades educativas del municipio como calidad educativa, inspección y vigilancia, el alcalde, el concejo municipal, la personería local, la procuraduría provincial, el movimiento sindical del magisterio de Soacha y en general de toda la comunidad, han sido los interlocutores permanentes que ha tenido dicha rectora para explicar los abusos de poder, arbitrariedad, autoritarismo, prepotencia y arrogancia que ha demostrado en sus actuaciones administrativas, pedagógicas y académicas.