Lamentablemente el capitalismo subdesarrollado que atravesamos los países de América Latina y en especial Colombia, país en el que la riqueza está concentrada en manos de unas pocas familias y los recursos del Estado en realidad no son administrados en beneficio para los que verdaderamente necesitan, hacen que este tipo de festividades religiosas tan importantes para la humanidad no solo cambien el verdadero sentido de la navidad, sino que al contrario, se conviertan en una época nítidamente comercial de la misma que desgraciadamente el sector más afectado de la población, que son las personas de escaso recursos económicos, no puedan participar de ella al menos con la compra de un regalo insignificante para sus hijos.


Si hacemos una breve reflexión sobre el verdadero significado de lo que es la navidad, podemos decir que es una de las fiestas religiosas más importantes de los cristianos y católicos, en especial quienes celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret en Belén el 25 de diciembre, que no se convierte en un día de fiesta, sino en una temporada de fiestas que se inician con la misa de media noche o noche buena como es conocida generalmente y posterior a esta vienen la fiesta de San Esteban (26 de diciembre), Juan Evangelista (27 de diciembre), Santos Inocentes (28 de diciembre), la sagrada familia (29 de diciembre) y la Epifanía ( 6 de enero) con la que se terminan las fiestas navideñas.

En la actualidad y desde hace algunas décadas atrás se ha perdido en su esencia el verdadero significado de esta celebración tan importante para la historia de la humanidad; hoy en día se ha convertido esta celebración en puro y físico comercio en donde las grandes empresas e industrias esperan esta festividad para terminar con toda la producción que se ha elaborado durante todo el año. Para esta época, si bien es cierto se genera el sub-empleo temporal pero de igual manera por el exceso de los gastos el mes siguiente de un nuevo año, una gran mayoría inician con deudas y con problemas de orden financiero, puesto que infortunadamente la alegría de una fiesta mal organizada conlleva por consiguiente a un laberinto social y económico.

Tradicionalmente esta fiesta se tiene entendido que es dedicada a los niños pero en la realidad no se obra de esta manera; en la mayoría de los hogares ya no se practican este tipo de costumbres; hoy en día es la compra de ropa, regalos, juguetes en la mayoría de los casos y de igual manera aguardiente, fiestas y comida para los adultos, que ni siquiera reflexionan que Jesús de Nazaret nació para morir por nosotros a causa de nuestros pecados.

Para las familias que poseen de unos buenos recursos quizá la navidad hasta de pronto tiene un sentido especial, ya que pueden tener la oportunidad de poder compartir cenas de navidad, comidas, invitaciones, pesebres, villancicos, novenas, piñatas, alumbrados navideños, desplazamientos de viaje y visita a otras ciudades todos los miembros de la familia, estrenando buena ropa, vestidos y quizá sus hijos acompañados de los mejores juguetes aplicados con la última tecnología de la industria en el mercado: carros y trenes eléctricos, pistas de carreras, patinetas, bicicletas y hasta muñecas lloronas que en realidad no sueltan lágrimas, porque éstas sí están visibles y en carne propia en la otra cara de la navidad, en esa cara en donde por falta de luz eléctrica no hay luces, adornos navideños ni pesebres; por falta de un empleo digno no existe el dinero suficiente para unos regalos e invitaciones, en donde para muchas familias el 25 de diciembre ni siquiera es un día común y cualquiera, sino es día de tristeza, amargura y dolor al observar que por culpa del bendito dinero no es posible mirar esa carita de alegría y felicidad de sus hijos.

Con esta columna editorial quiero rendir homenaje de admiración a todas las personas de buena voluntad que hacen posible que los niños, hijos de las familias de escasos recursos económicos, de una u otra manera también tengan un detalle de esta fiesta de navidad, en especial a las organizaciones no gubernamentales ONG, a las fundaciones, a las empresas públicas y privadas, al tiempo que recordar al alto gobierno que su responsabilidad también es el bienestar de nuestros conciudadanos. De igual manera decirles que tengan una Feliz navidad a los niños huérfanos, ancianos, a los enfermos en los diferentes hospitales, personas discapacitadas, a todos quienes no vivan junto a su familia, a los secuestrados, presos, a todos los miembros de la fuerza pública que sacrifican tiempos especiales de sus vidas por la seguridad de nuestro país.

Que esta época navideña de todos modos nos traiga consigo la paz, tranquilidad, quietud, y ojalá la equidad a todos los sectores sociales y raciales sin la diferencia de estratos, y que todos unidos como hermanos de diferente manera podamos sentir el regocijo en nuestro Señor Jesucristo, celebrando un año más de su nacimiento y por consiguiente compartiendo la felicidad y alegría que nos enseñan las Sagradas Escrituras. DIOS LES COLME DE BENDICIONES… FELIZ NAVIDAD…

@galodejesus