Suele pasar que la Policía tiene una excelente relación con la ciudadanía y los medios de comunicación, pero desde hace un tiempo los comandantes que llegan a Soacha olvidan que los resultados de la institución no se deben limitar solo a cifras, muchas de las cuales se pueden modificar. Hay que hacer un trabajo estrecho con la comunidad.

En Soacha hay experiencias exitosas de ese trabajo mancomunado con la Policía donde los líderes y la comunidad juegan un papel fundamental, no solo para atacar a la delincuencia, sino para sacar adelante procesos conjuntos que sin duda benefician a los habitantes.

Pero esos buenos resultados dependen en gran parte de la voluntad y carisma del comandante de turno, de su liderazgo, empatía, sencillez y capacidad de escuchar, porque son los líderes y los ciudadanos de bien quienes conocen la problemática y muchas soluciones se logran de la mano de ellos.

Si hay coordinación entre la policía, las autoridades municipales, la industria, el comercio, las organizaciones, los líderes y los ciudadanos de a pie, lo más seguro es que la delincuencia encuentre una barrera y no va poder hacer daño a la sociedad. Por eso es importante que el comandante lidere, oriente y actúe para que esa unión de fuerzas permanezca y se fortalezca.

Sumado al trabajo que hacen los líderes y habitantes de a pie, hay que decir que los medios de comunicación juegan un papel importante en este proceso porque son los que están visibilizando todos los procesos y resultados para animar a más personas e instituciones a participar.

El medio informa, comunica, percibe, advierte, previene y visibiliza, pero lo hace cuando hay condiciones y recibe apoyo de las partes, pero al  ser excluido resulta difícil que participe de esa unión de fuerzas para hacerle frente a la delincuencia.

Precisamente esto último es lo que ha venido pasando en Soacha. Si bien hay uniformados comprometidos con los procesos y su carisma es evidente ante la sociedad, hay comandantes que no entienden eso y opacan el trabajo de años.

Por lo menos este medio recibe quejas constantes de líderes y habitantes sobre el poco compromiso de la Policía con las comunidades, lo que repercute en el aumento de la delincuencia y el distanciamiento entre los ciudadanos y la Institución.

Pero también hay que decir que ese distanciamiento se percibe porque los últimos comandantes se han interesado en construir y presentar unas cifras que en nada concuerdan con la realidad del municipio y su poco olfato los ha llevado a cometer errores al confiar sólo en los medios nacionales, los cuales sólo les interesa el show y el amarillismo.

Pero la pregunta es, ¿esos medios vienen a cubrir la reunión barrial, la campaña ambiental, el apoyo comunitario de la policía, la jornada de desarme o cualquier actividad que no implique capturas o desmantelación de bandas delincuenciales?  La respuesta es no.

 Más olfato deberían tener los comandantes para que su trabajo sea visibilizado y reconocido, aunque quizá algunos, encerrados en sus oficinas, no lo perciban.

Pero finalmente, si no quieren o no les interesa trabajar con los medios locales, es problema de ellos. Lo que sí deberían replantear es su trabajo con los líderes y las comunidades; se requiere con urgencia reactivar muchos programas de seguridad donde participan las personas de bien, y aunque es cierto que existen grupos en diferentes barrios de la ciudad que le hacen frente a la delincuencia a través de programas sociales y estrategias en donde participa la policía, en la mayoría de veces ha sido por iniciativa y persistencia de sus líderes.

No mi comandante, así no es. En medio de la crisis que enfrenta la institución y la poca credibilidad que hay en la policía, los mejores aliados son los líderes, medios de comunicación y las organizaciones comunitarias. De manera que voluntad hay, pero se deben abrir las puertas para entrar, de lo contrario, más de uno seguiremos afuera mirando el show con los medios nacionales, mientras nos llenamos de denuncias porque las calles están inundadas de delincuentes.

 Las estrategias se deben transformar y el delito se combate entre todos. Solo así cambiará esta triste realidad que agobia a las comunidades en un municipio tan vulnerable donde sus calles están acechadas por delincuentes que esperan sigilosamente ante cualquier oportunidad que se les dé.

 EDITORIAL

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