Sólo un inexperto en política podía hacer una propuesta como la que se le escuchó al candidato liberal por los medios de comunicación ésta semana que termina. Puede estar mal asesorado o quizás tiene mucho afán de protagonismo nacional con el fin de conseguir los pocos votos de opinión que quedan en el país.


De lo que se está seguro es que su propuesta, hecha a la ligera, demostró que si algo debe hacer un candidato presidencial es pensar, asesorarse, consultar y por último proponer temas de debate con amplio conocimiento, bien fundamentado y que no sólo levanten ampollas, sino que sirvan a la mayoría de la población, es decir que tengan profundidad y que ayuden a formar el tejido social y a no a su deterioro.

Proponer que se debe distribuir “la píldora del día después” a niñas menores de quince años de estratos bajos como remedio a los embarazos no deseados es como armar a todos los ciudadanos para que ante los ladrones o atracadores, los maten a todos, dijo Monseñor Juan Vicente Córdoba, haciendo una excelente comparación.

Ya en ocasiones anteriores el Invima había dicho que por los componentes, dicha píldora se debía administrar con precaución y por orden médica, luego no lo puede hacer una Institución educativa como un colegio o una escuela. La Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana en un estudio hecho y dado a conocer al Ministerio de la Protección social mostró las consecuencias que acarrea ingerir dicho medicamento con frecuencia, además de demostrar que no se puede catalogar como método anticonceptivo, sino abortivo, como también lo dijo el señor Procurador de la Nación.

El problema médico es el primero: no se puede permitir que a menores de edad sin ningún control profesional se administren medicamentos a su libre arbitrio, solamente porque es propuesta de campaña electoral ante un auditorio joven que está sediento de “falsas libertades”, cuando en realidad se convierten luego en “verdaderas esclavitudes”.

El problema ético o moral va enseguida: porqué no invertir en educación en la responsabilidad en la conformación de familias bien consolidadas en la autonomía, con claros criterios como la autoestima y con horizontes en su proyecto de vida. ¿Difícil? ¡Claro! Pero en un mundo donde se busca la más fácil, qué bueno sería que alguna Institución distinta a la Iglesia católica se arriesgue a realizar ésta tarea milenaria por la cual nos tildan de “moralistas”. Formar a los jóvenes en la libertad con responsabilidad cuesta. Cuántos políticos de nuestra Nación han pasado por aulas de planteles católicos y valoran, quieren y defienden la educación que allí se imparte, pero también algunos pocos, aunque también la recibieron hablan con resentimiento hacia la Institución que los formó porque en su vida personal han fracasado.

La próxima perla del doctor Pardo sería que nos adelantara algunos nombres de su gabinete: qué tal por ejemplo a Mónica Roa en el Ministerio de la protección social, a Daniel Samper en el de Educación y a su tío en el de Defensa para poder hacer desistir a Chávez de la guerra contra Colombia. Sería lo máximo: contaría con mi apoyo desde el púlpito.