Ante las recientes declaraciones del alcalde de Soacha, Juan Carlos Nemocón, de luchar contra viento y marea para que ingresen al negocio del denominado Sistema Integrado de Transporte Público de Pasajeros -SITPP -los transportadores del municipio, me asalta una gran duda sobre la justicia que se haría si esa propuesta se llegara a dar.


Lo más lógico sería que al formar una o varias empresas gigantes que dominen el mercado de la alimentación de Transmilenio en Soacha o en su defecto entren al juego de las preferidas para prestar el servicio público de pasajeros, los transportadores del municipio formen parte de ese atractivo ponqué. Muchos dirían, y el alcalde lo reafirma, se haría justicia. Al fin y al cabo son de acá y sería justo impedir que entren al llamativo negocio multinacionales o empresas foráneas.

Y no es para menos que se piense de esa manera, acudiendo al equilibrio y a la tradición, aunque la verdad valdría la pena analizar varios aspectos:

En países como Argentina y Chile, en los cuales conozco personalmente la experiencia, el servicio público de pasajeros es lo más sagrado que hay y en él están enfocados los ojos de gremios, organizaciones, comercio, Estado y sociedad civil. El interés de ofrecer un excelente servicios es tan alto que sus ciudadanos sacan pecho al hablar de este tema, y tienen por qué hacerlo: barato, cómodo, excelente, puntual y amigable con el ser humano y con el medio ambiente.

Sin ir tan lejos y sin necesidad de hacer toda una investigación con relación a los sistemas de transporte de los mencionados países, a simple vista se nota que hay una gran brecha si lo comparamos con lo que nos ofrecen las empresas de Soacha, con el patrocinio de las mismas autoridades civiles y de policía.

Aquí no hay voluntad de las empresas transportadores para prestar un buen servicio, ni mucho menos control por parte de las autoridades. A Soacha llegan los colectivos más ‘destartalados’, abandonados y viejos que hay en el país, hecho amparado en aquel argumento que hace años no se autoriza la reposición de los automotores. Los habitantes del municipio enfrentan el peor servicio de transporte que una ciudad pueda tener, sin importar el respeto por la persona; muchos conductores tratan al pasajero peor que a animales y se dan ‘el lujo’ de jugar con la necesidad de las miles de personas que a diario tienen que transportarse de Soacha a Bogotá y viceversa.

No es secreto decir que a las empresas de Soacha sólo les interesa cobrar el valor del rodamiento y en adelante el conductor o dueño del colectivo es el que trabaja de acuerdo a su necesidad, interés y voluntad. Cada vehículo es una república independiente donde se cometen toda clase de atropellos y abusos con el pasajero: se incumplen los recorridos, no se recoge en los paraderos, no se cobra la tarifa autorizada en el casco urbano de la ciudad, se fraccionan las rutas hasta dos y tres veces, se selecciona a criterio del conductor qué pasajero es el ideal para recoger (Sólo niñas jóvenes y bonitas), se ultraja verbal y hasta físicamente al que se atreva a reclamar…. Y todas las demás que los usuarios enfrentan a diario en los diferentes barrios y rincones del municipio de Soacha.

Pero lo lamentable de toda esta situación es que a ninguna autoridad le ha importado apersonarse de este gravísimo y delicado problema que avanza rápidamente como las epidemias y las plagas.

Ningún alcalde ha hecho lo pertinente para aplicar la Ley y sancionar de una vez por todas a las empresas que incumplan. Pareciera que les da miedo enfrentar a un gremio que se ha dedicado a salvar sus intereses por encima de las necesidades del pueblo. Pareciera que quienes tienen en sus manos la aplicación de la norma también poseen intereses en que el servicio no mejore, porque jamás han hecho lo mínimamente necesario para poner en cintura a esta mano de sinvergüenzas transportadores que deberían llamarse ‘abusadores’ del servicio.

Cómo me gustaría que las autoridades, incluyendo al mismo alcalde y al jefe de policía, dejaran a un lado sus preferencias de personajes de la vida pública y se metieran por lo menos un par de días en ese ‘infierno’ que viven a diario las casi cien mil personas que se desplazan diariamente entre Soacha y Bogotá, por una de las vías insignia del repudio y la vergüenza: La mal llamada Autopista Sur.

Solo basta con salir un día entre las 5:30 am y las 7:30, o intentar venirse desde Bogotá después de las 4:30 o 5:00pm para conocer los atropellos y abusos de los que han sido escogidos para prestar un servicio, que en otro lado es orgullo y calidad de vida, pero que en Soacha es símbolo de caos, vergüenza, pésima calidad, anarquía y burla.

Y sin ir más lejos, sin contar historias espeluznantes de habitantes que se han atrevido a reclamar, sin describir detalles y abusos… Pregunto: Vale la pena respaldar a los transportadores de nuestro municipio de Soacha?, es justo empujarlos para que sigan prestando un servicio que requiere humanización y calidad?, el alcalde actual se atreverá a romper la historia y comenzar a aplicar la Ley para evitar más atropellos a los usuarios?, en fin. Lo que sí es claro es que en pleno siglo XXI las cosas deben cambiar, y ese cambio no depende únicamente de transportadores y autoridades, depende también de los pasajeros, de quienes aportan más de 200 millones de pesos diarios al gremio transportador y que aun así son maltratados, atropellados y desconocidos. Usted, señor usuario, tiene la palabra.