Ya se acerca la fecha definitiva para la elección de Alcalde y Concejales y los electores de Soacha votarán de conformidad con las aspiraciones que tienen de mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias.


Pero ya, a esta hora, hay que decir que el sentido fundamental de la elección y lo que espera Soacha, es que los ungidos con el voto popular hagan la guerra santa y acaben con los políticos incapaces y funcionarios corruptos que tanto se han visto en esta tierra. Pero además, el nuevo Alcalde no debe olvidar que “más limpio que el que limpia, es el que no se mancha”, y que la decisión que tomará el pueblo, es la respuesta al hartazgo de una sociedad obligada a soportar, por mucho tiempo, y que el pueblo castiga la prepotencia, la pereza, el incumplimiento y la incompetencia, así como a los políticos que hablan sin humildad de lo que no entienden, porque pecan de tontos y cobardes.

Recordemos aquí que los griegos, quienes inventaron la democracia, dijeron que es estúpido vencer si no se convence. Pero hay que agregar, también, que de todos es sabido que el ser humano está lleno de imperfecciones, de defectos y de ambiciones. Por eso, no existe sistema político perfecto en el mundo. Pero es, sin duda, la tentación de enriquecerse utilizando cargos públicos, la más despreciable de todas las decadencias sociales que azotan a los pueblos.

El “todo vale” para amasar dinero, salpica en la actualidad en Colombia a funcionarios públicos, poniéndose de manifiesto aquella máxima de cabecera del capitalismo que dice: “Mi dios es el dinero, mi patria el mundo entero y después de mí……..el dinero.”

Hay que decir, ahora, que en todos los partidos democráticos existe una mayoría de políticos decentes y una minoría corrupta. Pero, dentro de ellos y en su entorno viven y se benefician personas con intereses espurios, con valores privados y vínculos a la busca de beneficios irregulares y de tráfico de influencias, y que es imperativo de romper con ese mundo para dignificar la política y para volver a situarla en el escenario del interés general.

Se requiere, entonces, la preocupación de la corrupción, porque es un fenómeno que crece las fortunas privadas de sus protagonistas con tanta desvergüenza, como la tolerancia social de que se valen.

Siendo esto tan grave, no lo es menos la inanidad moral de la clase política, sin cuyo silencio o complicidad difícilmente hubiera sido posible semejante espectáculo doloso. Al fin y al cabo, en manos de los partidos y de los legisladores, está la posibilidad de enmendar, como mínimo, el alto índice de la corrupción que se padece en Soacha, por la omisión que ya un periódico capitalino la calificó como de campeones.

Los elegidos, entonces, deben tener un conocimiento vastísimo de lo que van a gobernar. Es imprescindible, también, que cuenten con una gran formación política e intelectual y mucha serenidad para que no se dejen llevar a engaños. Y que gobernar no es solo favorecer a unas cuantas personas. Que gobernar es también permitir el pleno desarrollo de las fuerzas sociales, y no dejar a un lado a los más necesitados.

Para hacer un símil con la tauromaquia, que tanto se quiere en Soacha, hay que decir que un gobernante en su trabajo debe arriesgarse constante y abiertamente a ser empitonado o a cortar las orejas y el rabo a su enemigo. Las hipotéticas faenas podrán acabar siempre en aplausos o en abucheos tibios, pero eso tiene la inconveniencia de un exceso de descabellos, de faenas suaves, puede que hasta bonitas o encendidas y resueltas en un remate brutal, de esos que ponen en peligro hasta la propia vida del torero.

No olviden los elegidos la ignorancia. Es muy interesante porque nos plantea un problema que, lamentablemente, es frecuente en nuestro medio. Es el problema de la ocupación de cargos de enorme responsabilidad y poder, por personas que carecen de las calificaciones mínimas para ello. Cómo es posible, dicen los soachunos, que una persona sin preparación alguna llegue a un cargo importantísimo? Cuáles son los mezquinos intereses y mecanismos que permiten semejante barbaridad?. Eso, no se salvará en parte, acabando con el déficit escolar? No será necesario, entonces, acabar con los famosos colegios de garaje y asumir la totalidad de la educación poniéndola a cargo de la municipalidad?

Y si las autoridades que se elijan quieren conocer de primera mano cómo ha funcionado la impunidad en Soacha, no tienen más que preguntárselo a quien son o han sido Inspectores de Policía, quienes se comportan como auténticos especialistas en esta materia. De paso, pregunten en la Personería cuántas investigaciones contra empleados municipales han prosperado. Además, por qué se guardan algunas de ellas o corren a resolverlas cuando han prescrito, y quién o quiénes han llevado esas investigaciones prescritas algunas, para pasmo de todos, con confesión de alguna investigada.

En manos de los elegidos el 30 de octubre está la regeneración democrática y moral de la tierra soachuna. Y no olviden el viejo adagio aquel que dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres.” Piense, entonces querido elector a quién ha de votar y hágalo en conciencia, pensando en su futuro, en el de su familia y el de su propia tierra. No se deje engañar ni cambiar el voto. Piense en su tranquilidad y progreso.

JOSE IGNACIO GALARZA M.

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