Nunca antes como ahora los habitantes del municipio, del país, y en general del mundo, habían tenido la oportunidad de expresar y de dar a conocer sus pensamientos, sus inquietudes, sus preocupaciones, sus frustraciones, sus sueños en forma inmediata, abierta, franca, sin limitaciones de espacio o de recursos que les impidieran dar a conocer cómo piensan, por qué lo piensan y para qué lo piensan.


Antes que el proceso de la globalización alcanzara todos los ámbitos de la vida y de la sociedad, las comunicaciones ya habían alcanzado una dimensión prácticamente universal gracias al desarrollo tecnológico en las comunicaciones por telégrafo, luego por radio, por transistor, y posteriormente las comunicaciones vía satélite en televisión, teléfono, telefax y ahora vía internet.

La posibilidad de comunicación generada por el desarrollo científico eliminó, no solo las distancias geográficas sino las barreras nacionales, los idiomas y toda suerte de obstáculos para saber en tiempo real lo que está sucediendo en cualquier lugar del mundo.

Ahora bien, en relación inversa con la rapidez con que se accede actualmente al conocimiento de los hechos y acontecimientos que ocurren en el mundo, el nuevo, polémico y más complejo asunto lo constituyen las fuentes donde surge, se difunde y se maneja la información. Si el problema antes era la ausencia o escases de información, ahora lo es su abundancia, pero sobre todo el problema lo constituye su dudosa calidad en términos de veracidad, objetividad y autenticidad.

Traigo a la reflexión este tema porque me llama poderosamente la atención que no obstante existir diferentes medios de comunicación en el municipio, con todas las dificultades y limitaciones que se puedan imaginar los lectores, la producción de opinión pública es reducida por no decir que inexistente en el municipio, lo cual hace que los procesos sociales tanto institucionales como civiles, no llamen el interés de los habitantes que tales asuntos merecen, y donde su opinión es esencial para el fortalecimiento de la participación ciudadana y la legitimidad en la conducción de los destinos del municipio.

Pero, qué es la opinión pública?

Sobre este asunto crucial existen diversidad de enfoques y definiciones que no son propiamente el objeto de esta reflexión. Para el efecto diré que la opinión pública “es todo aquello que los ciudadanos expresan proporcionalmente a sus conocimientos sobre los asuntos de gobierno que lo afectan significativamente en su vida cotidiana”.

Para Herreros López “es el conjunto de opiniones que se forman y coexisten en la sociedad en torno a la gobernación de una comunidad”; en el mismo texto, el autor aludiendo a J Habermans (1) sostiene que “la opinión pública debe ser el resultado de una discusión libre y racional sostenida en el seno de la sociedad”.

No obstante el sentido genérico del concepto de “opinión publica” como en los orígenes históricos del tema, en la actualidad solo merece valor, reconocimiento, importancia y legitimidad, la opinión pública que procede o surge de los sectores más ilustrados de la sociedad, de la misma forma que el derecho al voto en los comienzos de la democracia moderna estaba vinculado a la pertenencia a unas clases sociales y a unos privilegios.

En palabras mas sencillas, sólo quien hoy posee el conocimiento riguroso del funcionamiento de los asuntos públicos en la dirección del estado y del gobierno, sólo esa opinión es válida, es legítima, lo cual de por sí excluye la opinión publica que se construye entre los ciudadanos comunes y corrientes. Paradójicamente sobre esa premisa se asume por tanto que el ejercicio del poder basado en ese tipo de opinión pública es el fundamento del ejercicio democrático del gobierno cualquiera que sea su naturaleza.

En consecuencia, el sentido común, la capacidad de asombro, los interrogantes y los cuestionamientos de los ciudadanos del común que se expresan como “opinión publica”, no tiene ni importancia en el diseño y en la construcción de las políticas públicas de los gobiernos, de los partidos y en suma, en el ejercicio del poder.

angelhumbertotarquino@yahoo.es