Por: Luis Eduardo Lamus Parra

Docente Universitario – Profesor ADEC – Fecode

El pasado 27 de octubre sucedió algo que rompió el pronóstico electoral al concejo municipal, es decir, una excepción. Acostumbrados como estamos, a ver las mismas caras en dicha instancia representativa, la llegada de Heiner Gaitán supone una novedad, que, a su vez, es una oportunidad sin igual para las fuerzas políticas alternativas de Suacha.

Es importante reseñar, que si bien la llegada de Juan Rivera del partido de la U, Yolanda Ariza del Centro Democrático, Jazmín Olarte del Mira y Jonathan Vela de Colombia Renaciente, puede significar nuevas personas en el Concejo, nada pronostica que su presencia le dé un timonazo a las decisiones políticas y administrativas que afectan el municipio.

Es decir, sus trayectorias laborales, políticas, religiosas e incluso familiares, están vinculadas con los actuales concejales, contratistas, clanes y maquinarias políticas tradicionales, en síntesis, han mantenido una estrecha relación con el modelo de ciudad vigente, por lo menos, durante las dos últimas administraciones (Nemocon y Gonzales Casas).

De esta forma, y por casi una década, se ha consolidado un bloque de poder sin distinción partidista. Cambio Radical, la U, Centro Democrático, Mira, Liberal, Conservador, Opción Ciudadana y agrupaciones supuestamente independientes, con plataformas diversas, como el AICO, ASI y cacicazgos electorales Verdes, han cohonestado y han tomado decisiones políticas que favorecen y reafirman dicho poder monopólico y excluyente.

Este poder se ha conformado como un entramado de intereses que gravita por los menos sobre tres ejes, lo más relevantes, a saber: (i) la burocracia y los contratos de la alcaldía, (ii) los colegios en concesión y (iii) el licenciamiento urbano a conglomerados agrupados en CAMACOL. Sin descontar, claro está, intereses en el transporte, servicios públicos, entre otros. De acuerdo con lo anterior, se ha consolidado la “hegemonía” de un grupo cerrado y selectivo, que se expresa bajo la forma de un autoritarismo municipal, -parafraseando a Ariel Ávila- que restringe la democracia y cultiva la apatía en la mayoría de los soachunos.

Lo anterior es fundamental para entender la dinámica electoral, puesto que el grueso de la votación es producto de relaciones clientelares, las cuales se tejen a través de ciertos líderes barriales, presidentes de JAC, rectores de colegios, financiación de contratistas y negociación de cargos en la administración municipal. En fin, un voto amarrado y funcionalizado, que tiende congregarse en reuniones electoreras, en donde se reparten abrazos, lechona y camisetas a diestra y siniestra.          

Dicha descripción hace parte de un fenómeno nacional, y es más que evidente que en Suacha se realiza a plenitud. En este sentido, uno de los factores que más ha imposibilitado la generación de perspectivas de transformación social y política, ha sido la baja y, además, desinformada participación electoral. De esta forma, la corte de prosélitos de cada concejal estará lista cada cuatro años, para reelegir a los Ospina, a los Cuenca, los Arias, a Uribe, a Bogotá, a los Rozo, y Rodríguez, a Cárdenas, y a Soto, a Plazas, a De los Ríos, y a Sepúlveda, a los Ramírez, y los Nemocon, quienes repiten y a otros, que, aunque no estén, lo hacen en cuerpo ajeno.

Muchos de los que conforman este grupo, que coadministra y gobierna el municipio, han pasado por lo menos ochos años en el Concejo. ¿Qué podremos esperar de su actuación durante los próximos cuatro años? ¿Qué podremos esperar de un alcalde que arriba con una agenda predefinida por la gobernación Rey – García? Por lo dicho, el orden social y político habrá de continuar tal y como esta, es decir, no habrá cambios de fondo, el panorama político “escogido”, mantiene y reproduce la hegemonía del bloque de poder gobernante.

A pesar de tan sombrío porvenir, donde hay hegemonía también late su reverso, la contrahegemonía, que es resistencia y propuesta frente al orden presente. La que hace política desde otros lugares, la que se muestra festiva y plural, la que trasciende el marco electoral y se despliega en las inquietudes cotidianas de los suachunos. Esta política transcurre en las multitudes, en los movimientos y colectivos humanos, de esta otra política deviene Heiner Gaitan Parra.

Su elección expresa la potencia insumisa de quienes se piensan un orden distinto, la de sectores alternativos que han levantado esa bandera por años, es por eso que su llegada al Concejo representa una novedad. Por ello, los plurales, los comunes, los que sufren el orden presente, l@s much@s, tienen una oportunidad en la organización y en la concientización política, independientemente “de donde les apriete más el zapato” todos han sido presas de una hegemonía que es necesario desmontar de manera verdaderamente democrática.

Por lo anterior, y con las miras puestas en la concreción de una apertura política y democrática, es fundamental avanzar en el llamado a un Congreso de los sectores alternativos, y de quienes se piensan una Suacha distinta. Plantear acuerdos fundamentales, acompañar propositivamente y con movilización los ejercicios de representación como el de Gaitan y de los ediles electos es clave, así como proteger su ejercicio y fecundarlo cada vez más en espacios donde se vivencie lo común, la comunidad de los iguales en la diversidad.